Tratado de París y Crisis de 1898: Fin del Imperio Español

El tratado que puso fin a la guerra entre España y Estados Unidos fue el Tratado de París, firmado en diciembre de 1898, donde Estados Unidos impuso sus exigencias. Ante la inminente derrota, el Gobierno español inició negociaciones para un alto el fuego, que se plasmó en este tratado. España renunciaba a Cuba, que se convertía en un país independiente, aunque fuertemente mediatizado por Estados Unidos (Enmienda Platt a la constitución cubana, 1901), y cedía a esta potencia Puerto Rico y Filipinas (por 20 millones de dólares) y la isla de Guam.

El 1 de enero de 1899, el general Jiménez Castellanos hizo entrega oficial del territorio de Cuba al gobierno norteamericano, y un procedimiento similar se realizó en Filipinas. El Tratado de París fue, así, el último acto del imperialismo español en América y el Pacífico, en un momento en el que las grandes potencias estaban repartiendo buena parte del mundo. España intentó incluir numerosas enmiendas en el tratado, pero finalmente tuvo que aceptar todas y cada una de las imposiciones estadounidenses.

Las Trochas en Cuba

Las trochas eran líneas fortificadas construidas por el general Weyler en Cuba con el objetivo de dividir la isla y aislar a los rebeldes independentistas. Estas barreras militares consistían en una combinación de trincheras, alambradas, fortines y caminos vigilados por soldados. Su función principal era evitar que se desplazaran libremente y se organizaran en distintas regiones de la isla.


Consecuencias de la Derrota

La derrota frente a Estados Unidos en 1898 fue una humillación para España, provocando un intenso debate sobre las responsabilidades de la guerra y evidenciando una crisis política y social.

Impacto Económico, Político e Ideológico

Las consecuencias económicas no fueron graves, ya que la repatriación de capitales impulsó la creación de bancos y el desarrollo del cultivo de la remolacha azucarera. En el ámbito político, surgieron fuertes críticas al sistema canovista, favoreciendo ideas regeneracionistas y el auge de movimientos nacionalistas en Cataluña y el País Vasco. La crisis llevó a la dimisión de Sagasta, siendo reemplazado por Silvela, quien intentó reformas regeneracionistas.

En el aspecto ideológico, España pasó a ser una potencia secundaria, extendiéndose la percepción de estar gobernada por políticos corruptos e incompetentes. Esto llevó a la irrupción de nuevos grupos sociales en la política, como la pequeña burguesía, intelectuales, clase obrera y nacionalistas.

La Generación del 98

En la literatura, surgió la Generación del 98, con autores como Unamuno, Machado, Baroja o Valle-Inclán, quienes reflexionaron sobre los males de España en un tono pesimista y crítico.

El Regeneracionismo

El regeneracionismo, impulsado por la Institución Libre de Enseñanza, propuso modernizar el país como alternativa al sistema político canovista. Destacaron Macías Picabea y, sobre todo, Joaquín Costa, quien defendía el abandono de las glorias pasadas, la mejora agrícola y educativa y el fin del caciquismo.

Algunas ideas regeneracionistas fueron adoptadas en el gobierno de Silvela (1899-1900), incluyendo la incorporación de reformistas como García de Polavieja, pero los recortes presupuestarios limitaron las reformas. Bajo Alfonso XIII, se aplicaron algunas medidas, aunque de alcance limitado. A largo plazo, la crisis política contribuyó al deterioro del sistema, favoreciendo primero la dictadura de Primo de Rivera y luego la Segunda República.


El Ultimátum de Estados Unidos a España

Recoge el ultimátum emitido por el Congreso de los Estados Unidos al gobierno español en el contexto de la Guerra Hispano-Estadounidense de 1898.

A finales del siglo XIX, Cuba era una colonia española que llevaba décadas luchando por su independencia. En 1895, comenzó una nueva insurrección con el llamado Grito de Baire, liderado por figuras como José Martí, Antonio Maceo y Máximo Gómez. España intentó sofocar la rebelión con tácticas represivas, entre ellas la política del general Weyler, que incluía la concentración de la población civil en campamentos y la construcción de trochas para dividir la isla y aislar a los insurgentes.

Estados Unidos, siguiendo la Doctrina Monroe y con crecientes intereses económicos en la isla, veía con preocupación el conflicto. La explosión del acorazado Maine en el puerto de La Habana el 15 de febrero de 1898, en circunstancias aún no aclaradas, sirvió como pretexto para que la prensa estadounidense, a través de la denominada “prensa amarilla”, culpara a España del incidente y presionara al gobierno de William McKinley para intervenir.

El ultimátum reflejado en el texto se emitió en abril de 1898 y establecía tres puntos clave:

  1. Reconocía la independencia de Cuba.
  2. Exigía la retirada inmediata de España de la isla.
  3. Autorizaba el uso de la fuerza militar para garantizar estos objetivos.

España rechazó la exigencia, lo que llevó al estallido de la Guerra Hispano-Estadounidense, que terminó con la firma del Tratado de París en diciembre de 1898.

Conclusión

En conclusión, el documento es un reflejo del proceso de descolonización de Cuba, pero también del inicio de la influencia estadounidense en la isla, que se consolidó en el siglo XX. Además, ilustra el cambio en la política internacional, con el ascenso de EE.UU. como una nueva potencia imperialista.