Segunda República Española: Orígenes, Reformas y Crisis

La Segunda República Española

Introducción

La Segunda República fue el primer ensayo de democracia en España, desarrollándose en un contexto internacional complejo. El primer bienio se caracterizó por reformas, seguido por gobiernos que intentaron rectificar el régimen, implementando medidas socializantes y anticlericales. La falta de un programa claro convirtió el segundo bienio en un período estéril, centrado en la presión del movimiento obrero. El retorno del programa reformista impulsó a gran parte de la derecha y del Ejército hacia la conspiración militar.

Los Inicios del Nuevo Régimen: La Constitución de 1931

La Segunda República constituyó un ambicioso intento de modernización política. El régimen republicano surgió de las elecciones municipales celebradas el 12 de abril de 1931, con resultados favorables a la Conjunción Republicano-Socialista, la salida de Alfonso XIII del país y la proclamación del nuevo régimen el 14 de abril. El gobierno provisional fue constituido por los miembros del Comité Revolucionario.

La Segunda República se produjo al tiempo que la consolidación del régimen soviético, el fascismo italiano y el nazismo alemán. El mundo atravesaba una difícil coyuntura económica derivada de la crisis del 29. La República de Weimar (1918-1933) terminó sucumbiendo a la derecha autoritaria.

Los Grupos Políticos del Gobierno Provisional

  • Antiguos monárquicos: garantizaban a la derecha moderada que el régimen no sería radical. Niceto Alcalá-Zamora y Miguel Maura.
  • Republicanos moderados: Diego Martínez Barrio y Alejandro Lerroux.
  • Republicanos intelectuales: partidarios de la colaboración con los socialistas, Manuel Azaña ministro de la Guerra.
  • Regionalistas: Casares Quiroga o Lluís Nicolau d´Olwer.

Socialistas: Indalecio Prieto y Francisco Largo Caballero

La Constitución de 1931

Las elecciones a Cortes constituyentes otorgaron legitimidad al régimen republicano en junio de 1931, dando mayoría a los partidos de la coalición gobernante. La nueva norma configuraba un régimen democrático, parlamentario, laico y descentralizado, en el que se recogía la función social.

El origen era “el pueblo”, la primacía la tenía el poder legislativo unicameral, representado por el Congreso de los Diputados. Sometido a este, el Tribunal Supremo, cúspide del poder judicial. Se establecía el Tribunal de Garantías Constitucionales, que debía declarar la constitucionalidad de las leyes que se aprobasen. Mediante sufragio general se elegía a los diputados a Cortes, permitiéndose votar a las mujeres. Las corporaciones municipales también eran elegidas por sufragio universal. Se aprobaban estatutos de autonomía para las regiones y cabildos insulares. Se reconocían los derechos sociales; la propiedad privada, expropiada por motivo de utilidad social, la posibilidad de nacionalizar servicios de interés común, se prohibía ejercer la enseñanza a las órdenes religiosas. Hubo una oposición radical de toda la derecha católica y la Iglesia, que no se identificaron con el régimen ni con la Constitución, incrementándose el anticlericalismo popular, que consideraba a los religiosos aliados naturales de la derecha antiliberal.

Bienio Reformista (1931-1933)

El periodo entre abril de 1931 y septiembre de 1933 se conoce como Bienio Reformista. La aprobación de los artículos relativos a la cuestión religiosa provocó la dimisión de Alcalá-Zamora y de Miguel Maura, que pretendían liderar la derecha republicana. Alcalá-Zamora fue elegido presidente de la República (diciembre de 1931-abril de 1936) y Azaña ocupó la presidencia.

La Reforma Agraria

La Ley de Reforma Agraria, aprobada en 1932, pretendía una redistribución de la propiedad agraria. Los asentamientos de los colonos se tramitaron con lentitud y en medio de una gran resistencia, las expropiaciones incluían indemnizaciones muy costosas. Las medidas sobre la propiedad agraria crearon gran alarma. Los gobiernos del primer bienio tuvieron una gran oposición.

Las Reformas Laborales

Promovidas por Largo Caballero, líder de la UGT, crearon un nuevo marco de relaciones laborales entre empresarios y trabajadores. Las medidas adoptadas incluyen: la Ley de Contratos de Trabajo, que daba prioridad a los convenios o contratos colectivos, y la Ley de Jurados Mixtos, instituciones muy semejantes a los comités paritarios, que arbitrarían soluciones a los conflictos laborales. La creación de la Federación Nacional de Trabajadores de la Tierra (FNTT) fue en 1930.

La Afirmación del Estado Civil y Laico

Las reformas militares fueron alentadas por Azaña, buscando reducir el enorme número de oficiales profesionales, reorganizar la administración y la enseñanza militar, modernizar las escalas y someter la jurisdicción militar a la civil. Se pretendió lograr la fidelidad personal de la República. Las medidas relativas a la Iglesia provocaron la oposición del clero y del catolicismo. En mayo de 1931 se produjeron incidentes. Los gobiernos del primer bienio tenían como objetivo separar Estado e Iglesia. La creación de un Estado laico independiente de la Iglesia se realizó a través de la Constitución y de las otras medidas complementarias: la Ley de Congregaciones Religiosas. La enseñanza religiosa dejó de ser obligatoria.

La Reforma Educativa y la Política Cultural

La política educativa y cultural de la Segunda República estuvo marcada por la Institución Libre de Enseñanza. Su objetivo fue crear un sistema educativo unificado, público, laico y gratuito. Se implantó la coeducación de niños y niñas. La educación se consideró un derecho que el Estado debía garantizar a todos los ciudadanos para lograr la igualdad de oportunidades. La Segunda República hizo un gran esfuerzo en la formación de profesores y maestros, en la constitución de escuelas y la dotación de becas, bibliotecas públicas, escolares y municipales. En la política cultural de la Segunda República desempeñaron un papel importante las Misiones Pedagógicas, formadas por personas que llevaban la cultura a los medios rurales. Se llevaron a cabo experimentos de Socialización de la cultura.

Las Autonomías Regionales

El 14 de abril de 1931, Maciá proclamó la república catalana dentro de la Federación Ibérica. Finalmente aceptó plegarse al gobierno de Madrid a cambio de obtener un gobierno autonómico que fuera aprobado en las Cortes. En 1931 se redactó el Estatuto de Nuria, aprobado en septiembre de 1932, pero su ratificación fue bloqueada por los gobiernos de centro-derecha. El Estatuto fue aprobado en octubre de 1936, y José Antonio Aguirre fue elegido primer presidente. El último estatuto de autonomía fue aprobado por elecciones en febrero de 1938, pero no llegó a aplicarse debido a la Guerra Civil.

Los Problemas y la Crisis del Gobierno de Azaña

Azaña se enfrentó a diversos problemas:

  • El reagrupamiento de la derecha antiliberal; intentos de insurrección militar. La conspiración militar se puso en marcha por el general Sanjurjo en agosto de 1932. El golpe solo triunfó en Sevilla. El efecto que el fracaso del golpe de Sanjurjo tuvo, fue la creación de organizaciones políticas que le permitieron acceder al poder. Se constituyeron grupos de derecha antiliberal:
        • Fascistas: componían las Juntas de Ofensiva Nacional Sindicalista (JONS, 1931) y Falange Española (1933), liderada por José Antonio Primo de Rivera. Ambos grupos se unieron para constituir el Pacto del Escorial.
        • Carlistas: constituían la Comunión Tradicionalista.
        • Monárquicos Alfonsinos: Se aglutinaron en Renovación Española (1933). Oscilaron entre la alianza con los fascistas y con los carlistas. Calvo Sotelo era su portavoz.
        • Derecha Católica Antiliberal: se aglutinó en torno a Acción Popular (1932), núcleo de la Confederación Española de Derechas Autónomas o CEDA (1933), auténtico partido de masas de la derecha posibilista o accidentalista, era partidario de instaurar un régimen corporativo.
      • La ofensiva sindical e insurreccional de la CNT.

      La CNT, partidaria de un sindicalismo apolítico respetuoso con la legalidad republicana, se decantó por la línea anarquista insurreccional que propugnaba la Federación Anarquista Ibérica (FAI, 1927). La FAI era contraria a la táctica de la UGT y promovió huelgas generales que proclamaron el comunismo libertario en Cataluña (1932) y en Aragón, Valencia y Andalucía (1933).

      • La crisis del gobierno Azaña y las elecciones de 1933.

      El gobierno de Azaña tenía problemas para mantener una mayoría parlamentaria. La conflictividad social aumentó en 1933 debido a la crisis económica. Se ensayaron varias fórmulas de gobiernos de coalición republicana de los que se excluían a los socialistas. Alcalá-Zamora disolvió las Cortes y convocó elecciones, que se celebraron en noviembre de 1933. Acudió una derecha antiliberal más organizada que se presentó en coalición. Su programa electoral era la supresión de la Legislación del primer bienio. Los partidos republicanos estaban divididos, al igual que los socialistas. La CNT pidió la abstención, por primera vez de las mujeres en el voto.

El Bienio Radical-Cedista (1933-1936)

Las elecciones celebradas en 1933 dieron el triunfo a las candidaturas de centro y derecha, con el predominio de la CEDA y el Partido Radical.

Los Gobiernos

Comenzó un nuevo periodo republicano (noviembre de 1933 – febrero de 1936) conocido como Bienio Radical-Cedista o Rectificador. Los rasgos principales fueron: la dificultad para formar gobiernos estables, lo que complicó la formación de los gobiernos, que tuvieron un claro predominio radical. Finalmente, se incluyó a la CEDA en el gobierno. Los radicales se enfrentaron a dos problemas: una división interna (Martínez Barrio retiró su confianza en los últimos meses de 1934) y una serie de escándalos de corrupción (Straperlo, asunto Nombela) que hundieron a los radicales. Los gobiernos se dedicaron a frenar o a anular las medidas del bienio anterior. Los sindicatos agrarios de la UGT organizaron una huelga general en junio de 1934. Cuando la Generalitat aprobó una ley de contratos de cultivo que permitían el acceso a la propiedad, esta fue declarada inconstitucional y los estatutos vascos y gallegos no se tramitaron. Los intentos de emprender reformas originales, como las de Giménez Fernández sobre el campo y sobre los impuestos, naufragaron por falta de apoyo. Los gobiernos democráticos de centro-derecha no pudieron ofrecer una alternativa democrática real a la política reformista.

La Revolución de Octubre y las Elecciones de 1936

La entrada de la CEDA en el gobierno (octubre de 1934) fue interpretada como una entrega de la República a manos de sus enemigos. Este hecho fue el detonante del estallido de una revolución. El movimiento insurreccional contó con el apoyo de la Generalitat, del PCE y de la CNT (esta última solo en Asturias) y se redujo a una huelga general e intentos de insurrección armada. Companys proclamó el “Estado Catalán dentro de la República Federal Española” y se suspendió la autonomía de Cataluña. En Asturias, se produjo una auténtica revolución social. La región fue conquistada por el Ejército, dirigido por Franco. Las consecuencias fueron que el movimiento obrero preparó una revolución, considerando que la única salvación estaba en el Ejército. Las organizaciones obreras sufrieron una dura represión: algunos fueron encarcelados (como Largo Caballero) y otros huyeron, como Prieto.

La indignación que generó esta represión y las voces de amnistía contribuyeron a unificar las posturas de las formaciones de centro-izquierda. Azaña formó un nuevo partido, Izquierda Republicana (1934). Martínez Barrio, disidente de los radicales, constituyó Unión Republicana. Izquierda Republicana y Unión Republicana, junto con el PSOE, la UGT, el PCE, el POUM y los sindicatos contrarios a la FAI, firmaron el Pacto del Frente Popular (alianza táctica del movimiento obrero con la burguesía para combatir el fascismo). El Frente Popular constituyó una plataforma electoral, no de gobierno, con un programa mínimo y escasamente revolucionario. En Cataluña se creó el Front d´Esquerres liderado por Esquerra Republicana. En febrero de 1936, las elecciones dieron la victoria al Frente Popular. Los partidos de centro y derecha se presentaron a las elecciones muy divididos. Los anarquistas otorgaron su voto al Frente Popular. El partido que obtuvo más diputados fue el PSOE. Robles, Calvo Sotelo y Franco intentaron que el gobierno invalidara los resultados. El traspaso de poder fue precipitado e irregular.

El Gobierno del Frente Popular

Entre febrero y julio de 1936 se constituyeron gobiernos exclusivamente republicanos dirigidos por Azaña y por Casares Quiroga. Azaña reemplazó a Alcalá-Zamora en la presidencia de la República. Se adoptaron decisiones tan importantes como la concesión de una amnistía, la readmisión de los trabajadores represaliados, el restablecimiento del Estatuto de Cataluña y la Generalitat, y la restauración del programa del Bienio Reformista, en especial la reforma agraria. Los socialistas no participaron en el Gobierno y sufrieron la división interna. El PCE opinaba que la defensa de la República y la democracia frente al fascismo era prioritaria incluso por encima de la revolución. El movimiento sindical se lanzó a una ofensiva encabezada por la CNT y la UGT. Los militares presuntamente “golpistas” fueron alejados de los centros de poder: la conspiración se reanudó y se incrementó el terrorismo, protagonizado por pistoleros falangistas, con la intención de desestabilizar el régimen. Militantes de izquierda tomaron la justicia por su mano. El 12 de julio se produjo el asesinato de José Castillo, socialista y teniente de la Guardia de Asalto. Los compañeros de Castillo asesinaron a Calvo Sotelo.