Tomás entendía que la teología no se ocupaba propiamente más que de Dios mismo, y veía todo lo demás sólo como manifestaciones de la divinidad. Para Tomás, la teología debe moverse siempre dentro de la fe y explicar con razones la naturaleza de los dogmas. El elemento de autoridad es usado en su *Suma* con extrema sobriedad, y sólo recurriendo a las autoridades que el adversario admite o reconoce. En este sentido, la *Suma* pretende movilizar las riquezas de la razón humana. Cada artículo de la *Suma* consta de cuatro partes.
- Quaestio: Se plantea el problema de forma concisa.
- Disputatio: Se exponen los principales argumentos a favor y en contra.
- Responsio: Se presenta la solución razonada y justificada.
- Vera solutio: Vuelve sobre los argumentos expuestos en la *Disputatio* para eliminar las razones falsas y afirmar de manera definitiva la verdadera solución del problema propuesto originalmente.
La Recuperación de Aristóteles
La filosofía aristotélica había desaparecido del horizonte cultural europeo occidental durante varios siglos. Sólo la lógica había sido conservada y cultivada. Al traducirse al latín durante el siglo XII la obra de Averroes y otros comentaristas musulmanes, deudores de los textos aristotélicos, éstos fueron recuperados, provocando una profunda crisis en el ambiente escolástico. Algunos autores se habían convertido a esa versión mahometana de Aristóteles, a pesar de incurrir en doctrinas que no parecían admisibles desde la fe cristiana. Esas actitudes hacían que el aristotelismo corriese el riesgo de ser condenado por la Iglesia como contrario a la fe. Tomás de Aquino entendía que no se podía renunciar a Aristóteles, sino que sólo cabía corregirlo y depurarlo. Por ello encargó a Guillermo de Moerbecke, dominico y helenista, que tradujera directamente del griego, lo más fielmente posible, los libros de Aristóteles. A la vez, acometió la tarea de defender al filósofo tanto de quienes lo seguían irreflexivamente como de quienes lo rechazaban por fidelidad a cierto tradicionalismo platonizante o hasta irracionalista. No era una tarea sencilla. La Santa Sede prohibió los libros aristotélicos hasta que fuesen corregidos. Los franciscanos se unieron a los seculares en la condena de cualquier forma de aristotelismo.
El Desafío Racional a la Teología
La primera dificultad esencial que presenta la teología como motivo de estudio racionalista es que se trata de la única ciencia sobre la que no sabemos si su tema existe o no. Por supuesto, para santo Tomás de Aquino estaba fuera de toda duda la existencia de Dios, pero comprendía racionalmente que esta duda podía plantearse a alguien que no tuviera fe. Entonces, él distingue por un lado lo que aporta la fe y la misma creencia de no discutir a un Dios. Pero en cuanto se pone a actuar como filósofo, comprende la objeción de los que pueden poner en duda la existencia de Dios y hace esfuerzos realmente extraordinarios por probar su existencia. ¿Cómo vamos a hablar, cómo vamos a hacer elucubraciones teológicas sobre cómo es Dios, cuáles son sus cualidades, sus atributos, si no sabemos si existe o no existe? Previamente a todo lo demás, hace falta establecer la existencia de Dios. Y una de las piezas más conocidas de la vasta obra de santo Tomás son las cinco vías, las cinco pruebas de la existencia de Dios.
Las Cinco Vías de Santo Tomás
Las cinco vías se reducen siempre un poco a lo mismo: si existe la realidad, existe el mundo, con una u otras perfecciones, alguien tiene que haberlo hecho.
Primera Vía (Movimiento): La primera prueba de la existencia de Dios es la del movimiento —en el sentido de paso de la potencia al acto—, que ya se encontraba en Aristóteles. Todo lo que se mueve es movido por otra cosa, y ésta, a su vez, por otra, como una serie infinita de motores. Es decir, hay que postular un primer motor inmóvil, que es Dios.
Segunda Vía (Causa Eficiente): La segunda vía procede análogamente, pero respecto de las causas eficientes. Todo lo que es tiene una causa, y ésta, a su vez, tiene una causa, y así podemos remontarnos a una primera causa eficiente, que es Dios.
Tercera Vía (Contingencia): La tercera vía es la de la contingencia. Algunas cosas, que nacen y perecen, podrían no ser. Son, pues, contingentes, pero no todos los seres pueden ser contingentes, porque si todo el universo pudiera no ser, entonces no sería —porque, como diría bastante después Leibniz, el no-ser es más fácil—, por lo tanto, debe de haber al menos un ser necesario, que es la razón de que los seres contingentes lleguen a ser. Ese ser necesario es Dios.
Cuarta Vía (Grados de Perfección): La cuarta vía se apoya en los grados de perfección. Decimos que algo es mejor que otra cosa, que es más bello, o más justo, etcétera. Pero toda jerarquía de esta índole supone un óptimo, es decir, un ser supremo, y a esto es a lo que llamamos Dios.
Quinta Vía (Teleológica): La quinta vía es la prueba teleológica. Las cosas de la naturaleza actúan siguiendo un orden, como si obedecieran a un plan o a un fin, pero esto supone un arquitecto u ordenador, es decir, una Causa Inteligente, el fin hacia el que todo tiende en última instancia y que rige todo el proceso del universo.
mente libre. Por ello, el hombre siempre puede obedecer a una ley o violarla. Siempre es libre para decidir su curso de acción, lo cual está íntimamente relacionado con su propuesta del liberalismo político.