Rousseau: Naturaleza Humana, Sociedad y Educación

Jean-Jacques Rousseau nació en Ginebra en 1712. A los 15 años, huyó de su ciudad natal, renunció al calvinismo y comenzó su vida errante. Prefería una vida austera y trabajadora a ese mundo de lujo y vanidad.

Contexto Histórico y Filosófico

Rousseau, figura clave de la Ilustración, fue uno de los pensadores más atípicos de esta corriente. Se anticipó a las tesis del Romanticismo, del cual fue un claro precursor. Aunque compartía los ideales de tolerancia y libertad con otros filósofos ilustrados, también fue uno de sus críticos más duros. Rousseau defendía la primacía del sentimiento sobre la razón, criticaba la civilización y la cultura, y rechazaba la idea de progreso fundamentado en el desarrollo de la ciencia y la cultura.

Entre sus obras destacan:

  • Confesiones (autobiografía)
  • Discurso sobre el origen y los fundamentos de la desigualdad entre los hombres (1755), donde expone su idea principal: el hombre nace bueno y libre, pero la sociedad lo corrompe y esclaviza.

Antropología de Rousseau

Crítica a la Idea de Progreso

A partir del siglo XVII, con el avance del método experimental, la ciencia comenzó a influir en la vida de los individuos, generando una fuerte conciencia de progreso material e intelectual. Sin embargo, Rousseau discrepaba de esta tesis. Argumentaba que el progreso de la civilización y la ciencia no iba paralelo al progreso de la felicidad y la moralidad. De hecho, sostenía que el progreso de las ciencias y las artes había corrompido las costumbres y la naturaleza humana, uniformando a los hombres y deformando sus sentimientos naturales.

Las ciencias y las artes, relacionadas por Rousseau con el lujo y la vanidad, no habían contribuido a la moralización, sino a reforzar los vicios. Lejos de preservar la libertad original, habían generado sumisión y esclavitud.

El Estado de Naturaleza

Para hallar el origen de la desigualdad y la depravación, Rousseau recurre a la noción de “estado de naturaleza”, un concepto común en la filosofía política de su tiempo. Este estado designa la hipotética situación del hombre antes de la sociedad, sin autoridad política. Es un estado que “ya no existe, que quizá no haya existido y que probablemente no existirá jamás”.

En el estado de naturaleza, los seres humanos vagaban libremente, y la naturaleza les ofrecía lo necesario. El hombre natural, o “buen salvaje”, se caracteriza por su inocencia, igualdad y libertad. Es un ser inocente, premoral, movido por dos sentimientos básicos:

  1. Amor de sí mismo: impulso a conservar la vida.
  2. Piedad: compasión hacia sus semejantes y colaboración con ellos.

No es naturalmente agresivo, violento o malvado, ni está dotado de las pasiones que Hobbes le atribuía. Su instinto de perfectibilidad, y no la inteligencia, lo diferencia de los animales, permitiéndole escapar de las pautas instintivas y acumular logros.

El fin del estado de naturaleza llegó con el aumento de la población y las necesidades, llevando a la formación de sociedades complejas. La institución de la propiedad privada transformó el amor de sí en amor propio, fomentando la envidia y el orgullo. Surgieron la ambición, la rivalidad económica y la desigualdad social. Las relaciones humanas fueron sustituidas por el dominio de unos sobre otros, dando origen al Estado, que impone la injusticia y la esclavitud.

Las ciencias y las artes domestican al ser humano, utilizando la razón y la educación para eliminar la naturalidad. Solo el sentimiento moral, a través de la conciencia, recuerda al hombre la libertad y bondad perdidas.

La Educación como Retorno a la Naturaleza

La preocupación ilustrada por la educación es central en la obra de Rousseau. Busca una humanidad libre de prejuicios y opresiones.

Aunque considera imposible un retorno completo al estado de naturaleza, cree que se puede recuperar parte de la libertad y la igualdad originales transformando al individuo mediante una educación natural. Esta educación debe suprimir las barreras impuestas por la sociedad.