Introducción a la Romanización de Hispania
La romanización se define como la implantación, absorción y desarrollo de la cultura romana en cualquier territorio del Mare Nostrum. Tras las Guerras Púnicas contra Cartago (264 a.C. – 146 a.C.), la península ibérica se integró en el área cultural de Roma, participando activamente en su devenir histórico hasta la llegada de los pueblos bárbaros a partir del siglo V d.C.
Desarrollo de la Romanización en Hispania
La romanización de Hispania comenzó durante las Guerras Púnicas entre Roma y Cartago. Este conflicto llevó a la ocupación del litoral mediterráneo, seguida de la meseta y, finalmente, la franja cantábrica. En este proceso, los habitantes de la península abandonaron sus formas de vida tradicionales y adoptaron las romanas.
Factores Clave de la Romanización
Diversos factores impulsaron la romanización de Hispania:
- Organización política y administrativa: Roma dividió la península ibérica en provincias. Inicialmente, se establecieron dos: Citerior (más cercana a Roma) y Ulterior (más alejada). Posteriormente, se dividió en tres: Bética (Andalucía), administrada por el Senado, y Lusitania y Tarraconensis, administradas por el emperador. En el siglo III, Diocleciano propuso una nueva división: Bética (capital en Hispalis), Lusitania (capital en Emerita) y Tarraconensis (capital en Tarraco). De la Tarraconensis surgieron la Cartaginensis (capital en Cartago) y la Gallaecia (capital en Braga). Más tarde, se crearon la provincia Baleárica y la Mauritania Tingitiana. Estas provincias eran explotadas en beneficio de Roma y gobernadas por un pretor.
- Vías de comunicación y obras públicas: Las calzadas romanas, como la Vía Augusta (paralela al litoral mediterráneo) y la Vía de la Plata (que unía Asturica Augusta con Emerita Augusta), formaron una red de comunicación crucial. Además, se construyeron puentes, acueductos, alcantarillados, termas, teatros, anfiteatros y circos. Estas infraestructuras mejoraron la comunicación y la capacidad de absorción de población.
- Ciudades: El modelo urbanístico romano incluía un foro donde se cruzaban las vías principales: el cardo y el decumano. Existían dos tipos de ciudades: las colonias (fundadas y habitadas por romanos, como León) y las indígenas. Dentro de las ciudades indígenas, se distinguían las estipendiarías (pagaban tributo y proporcionaban tropas), las inmunes (no pagaban tributos) y las federales (no pagaban tributos pero prestaban tropas a Roma).
- Ejército: El ejército fue un importante vehículo de romanización, difundiendo la cultura y creencias romanas. Muchos campamentos militares se convirtieron en ciudades.
- Organización económica: La economía romana era esclavista y colonial. Los esclavos eran el motor de la economía, y las materias primas extraídas de las provincias se transformaban y se vendían a un precio mayor. En la agricultura, destacaba la trilogía mediterránea (olivo, vid y cereales). En la pesca, sobresalía la industria de salazones. La producción artesanal incluía objetos cerámicos y orfebrería. Hispania era rica en minerales como oro, plata y plomo, utilizados, entre otras cosas, para acuñar monedas.
- Organización social: La sociedad romana se dividía en hombres libres (honestiores, hombres pudientes; humiliores, hombres con pequeñas propiedades; y no ciudadanos, con derechos civiles pero no políticos) y no libres (libertos, esclavos liberados que dependían de sus antiguos dueños; y esclavos, sin propiedad y cuya situación se heredaba).
- Legado cultural: El derecho romano y el latín (origen de las lenguas romances) son legados fundamentales. También se dejó un importante patrimonio artístico y arquitectónico, incluyendo mosaicos. La romanización de Hispania se evidencia en la aparición de figuras relevantes como Séneca (filósofo), Adriano, Trajano y Teodosio (emperadores) y Marcial (poeta).
- Religión: Aunque se respetaron las creencias locales, era obligatorio el culto al emperador y a la tríada capitolina (Júpiter, Juno y Minerva). También existía un culto privado a los dioses lares, penates, manes y genio, que se practicaba en el atrio de las casas.
Conclusión: El Legado de la Romanización
La romanización resultó en un inmenso legado cultural. Hispania adoptó la lengua, leyes y costumbres romanas. Aunque Hispania contribuyó al crecimiento de Roma, se considera que Roma es la base de la cultura occidental.