Reinado de Isabel II: Carlismo, Estado Liberal y Evolución Política

Reinado de Isabel II: Revolución Liberal, Carlismo y Construcción del Estado

1. La Guerra Civil (1833-1840): La Primera Guerra Carlista

Con el reinado de Isabel II se llevaron a cabo reformas para establecer un régimen liberal muy moderado. Tras el fallecimiento de Fernando VII, las tensiones políticas se intensificaron, enfrentando a absolutistas y liberales en la Primera Guerra Carlista, que se prolongó durante siete años.

Los principales escenarios del conflicto fueron el País Vasco y Navarra, aunque también afectó a Cataluña, Aragón y Valencia. El general guipuzcoano Tomás de Zumalacárregui logró transformar unas fuerzas limitadas en un ejército formidable, gracias a su conocimiento del terreno. Finalmente, los liberales obtuvieron la victoria.

La guerra concluyó con las conversaciones entre Maroto y Espartero, que culminaron con la firma del Convenio de Vergara (agosto de 1839). Espartero se comprometió a recomendar al gobierno el mantenimiento de los fueros vascos, mientras que los carlistas, con sus rangos y salarios asegurados, reconocieron a Isabel II.

En el siglo XIX, se produjeron dos guerras carlistas adicionales: la Segunda Guerra Carlista (1847-1860) y la Tercera Guerra Carlista (1872-1876).

2. La Regencia de María Cristina (1833-1840)

María Cristina implementó reformas con el objetivo de atraer tanto a carlistas como a liberales, buscando el apoyo de moderados y progresistas.

  • Modelo Moderado: Priorizaba los intereses económicos, la construcción de un Estado y una administración centralizada, controlada por las clases propietarias, excluyendo la participación de las clases populares y la soberanía nacional. Consideraban la monarquía como una institución fundamental y defendían el sufragio censitario.
  • Modelo Progresista: Proponían un programa reformista, donde la soberanía residía en el pueblo, las Cortes representaban dicha soberanía y ejercían el poder legislativo. La Constitución era la norma suprema del Estado y el rey debía jurarla. El rey ejercía un poder neutral, reinando pero no gobernando.

El Estatuto Real (1834)

Con el fin de equilibrar las tendencias moderadas y progresistas, la Corona, actuando como árbitro, promulgó el Estatuto Real. Se trataba de una carta otorgada firmada por María Cristina, que no constituía una constitución propiamente dicha, ya que no regulaba los poderes del rey ni del gobierno, ni incluía una declaración de derechos individuales.

La Constitución de 1837

Debido a los costes de la guerra y la precaria situación de la Hacienda Pública, se produjeron rebeliones. Finalmente, el levantamiento de los sargentos en La Granja (agosto de 1836) obligó a la regente a ceder el poder a los progresistas Calatrava y Mendizábal.

Las Cortes promulgaron la Constitución de 1837, un texto breve (77 artículos), bicameral (Congreso y Senado) basado en la soberanía nacional, la división de poderes, el reconocimiento de los derechos individuales, la libertad de prensa, la autonomía política, la gestión de los ayuntamientos (elegidos por los vecinos) y la recuperación de la Milicia Nacional (cuerpo policial).

3. La Regencia de Espartero (1840-1843)

Tras el fin de la guerra, el general Espartero gozaba de un enorme prestigio, convirtiéndose en un auténtico ídolo de los liberales progresistas. Se formó un breve ministerio-regencia, presidido por Espartero, hasta que en 1841 las Cortes lo eligieron regente. Gobernó de manera autoritaria, aislado de sectores del progresismo y apoyado por grupos militares leales.

En julio de 1843, el general moderado Narváez derrocó a Espartero mediante un pronunciamiento.

4. La Década Moderada (1844-1854): La Constitución de 1845

En mayo de 1844, Narváez inició una serie de reformas que restringieron las libertades de los progresistas, fortalecieron el poder de la Corona y organizaron una administración centralista, con el objetivo de mantener el orden público y el control político.

En 1843, se suprimió la Milicia Nacional, que fue reemplazada por la Guardia Civil (1844), con estatus militar y encargada del orden público.

Una ley orgánica eliminó el carácter electivo de los alcaldes y estableció un control directo sobre la imprenta y la prensa. Se aprobó una nueva Constitución (1845) que sustituyó el principio de soberanía nacional por la soberanía compartida, limitando las Cortes y aumentando el poder real. Además, se declaró que la religión de España era católica, apostólica y romana, y se negoció un concordato con el Vaticano interpretando esto.

La Modernización de la Nación: Los Símbolos Nacionales

La mayoría de los símbolos son resultado de la evolución política, pero se dieron pasos importantes: la bandera rojigualda se impuso en el Ejército y la Marina, y la Marcha Real se adoptó como himno oficial.

5. El Bienio Progresista (1854-1856)

La corrupción generó protestas. Se produjo un pronunciamiento en Vicálvaro (Vicalvarada) liderado por el general moderado O’Donnell, que enfrentó a una parte del ejército contra las tropas del gobierno. Se les unió el general Serrano y lanzaron un Manifiesto al País con promesas progresistas. Casi toda España se unió a la protesta e Isabel II entregó el poder al general Espartero (progresista).

Se elaboró una nueva Constitución (non nata = no promulgada). La política económica se centró en la desamortización de Madoz y en leyes que buscaban atraer capitales extranjeros, fomentar el crédito de los bancos y construir el ferrocarril. Se aprobó la Ley de Ferrocarriles (1855), la Ley Bancaria (1856) y se creó el Banco de España (1856).

6. La Unión Liberal y el Retorno del Moderantismo (1856-1868)

Ante la inestabilidad, O’Donnell dio un golpe de estado y tomó el gobierno con el partido de la Unión Liberal. Impuso la Constitución de 1845, pero este gobierno fue breve.

Narváez volvió al gobierno (moderado).

La Crisis de 1866: Hacia la Descomposición Política del Reinado: Ostende

La crisis fue un reflejo de la crisis europea y causó el descrédito de Isabel II. Trajo escasez de cereales, precios altos, hambre, enfermedades y una grave crisis financiera. El general Prim pactó en Ostende con el Partido Demócrata para una regeneración total: terminar con el régimen isabelino, convocar unas cortes constituyentes elegidas por sufragio universal y crear una nueva Constitución.

En septiembre de 1868 se produjo una sublevación triunfante (La Gloriosa), que derrocó a la dinastía borbónica y abrió la esperanza a un régimen democrático.

7. La Política Exterior de los Gobiernos de Isabel II

Se basó en conservar las posesiones coloniales frente a las potencias europeas y EEUU.

La política de prestigio con la Unión Liberal incluyó expediciones a Conchinchina y México, la vuelta temporal al dominio de Santo Domingo y, sobre todo, la Guerra en África.

Todo ello con el fin de recuperar prestigio y desviar la atención de la política interior.