Poesía y compromiso en la obra de Miguel Hernández

Tradición y vanguardia en la obra de Miguel Hernández

Miguel Hernández fue un poeta permeable, que se empapaba de todo lo que leía y oía. Su primer motivo de inspiración fue la literatura oral de tipo popular. Su aprendizaje literario se inclina también a la imitación de los escritores cultos y a los contemporáneos más afamados. Basado en ambas influencias, elabora una práctica poética tendiendo a la innovación y a la creación de un mundo poético propio.

La tradición en su producción se presenta a lo largo de toda su obra en un doble influjo: la tradición de los clásicos literarios españoles, como la poesía de los Siglos de Oro o la poesía de la modernidad y de su contemporaneidad, y la tradición popular de transmisión oral, una poesía anónima surgida del colectivo popular.

Solo en el periodo anterior a la Guerra Civil Española existen muestras de escarceos vanguardistas en su poesía en una doble dirección: la poesía pura y cubismo literario, y el surrealismo.

La tradición de los clásicos literarios españoles

En su obra se puede rastrear una selecta historia de la literatura española y comprobar cómo la asimila e incorpora a sus escrituras desde el humanismo del siglo XV y el Renacimiento del siglo XVI hasta el modernismo y el folklorismo costumbrista de principios del siglo XX. Por su adhesión a la tierra se siente influido, en su primera etapa, por el costumbrismo regionalista. Esta influencia se funde con la identificación emocional y vital del autor con la naturaleza, lo que se somete al molde de la poesía ascética del Siglo de Oro español y de la mística de San Juan de la Cruz, autor del Cántico espiritual.

Los títulos de los poemarios, como Imagen de tu huella y Silbo vulnerado, antecedentes de El rayo que no cesa, son homenajes a San Juan de la Cruz. Esta obra es una reelaboración pagana y erótica de la poesía de San Juan. La pena hernandiana, que como dolor de amor predica Hernández en El rayo que no cesa, procede de la influencia de un poeta contemporáneo que acabaría siendo uno de sus mejores amigos: Vicente Aleixandre.

En esta primera etapa hay huellas del modernismo de Rubén Darío y de Unamuno, entre otros, y de los románticos Bécquer y Zorrilla, pero la personalidad poética que más le impacta es la de Luis de Góngora, que brotará en Perito en lunas.

Los escarceos vanguardistas

Hernández experimenta a mediados de 1935 un giro ideológico, también un giro de lenguaje literario. El surrealismo se relaciona con una perspectiva onírica e irracional, engendrada por asociaciones libres y discordancias, con un proceso de distorsión de la realidad que produce efectos absurdos y alucinantes.

En dos odas dedicadas a Aleixandre y a Neruda abundan las imágenes extravagantes, imágenes telúricas para tratar el tema de la muerte.

En Hernández existe una dualidad tradición-vanguardia hasta 1935, y en 1936 prescinde de la influencia vanguardista para someterse a la tradición más clásica del soneto.

La tradición popular

La recreación culta de la tradición de corte popular recibe el nombre de neopopularismo, que le llega por dos vías: la transmisión oral y sus lecturas. En el Cancionero y romancero de ausencias ya no se percibe vanguardia, sino la tradición popular en formas y contenidos.

El compromiso social y político en la poesía de Miguel Hernández

La situación social y política de su época era la misma que la de finales del siglo XIX: una oligarquía territorial que había impedido cualquier reforma agraria para el cultivo de tierras y el reparto de los latifundios, un clero conservador y una clase militar autoritaria. Los cambios que quisieron realizar algunos gobiernos de la Segunda República provocaron la Guerra Civil.

Los poetas del 27 recogen el romancero y la poesía popular tradicional, pero sin acometer los problemas del pueblo; esta posición procedía de los noventayochistas, cuya ausencia de compromiso se debía a que se sentían derrotados por no saber resolver los problemas sociales y políticos.

El gran compromiso de este autor radica en sus fuerzas para defender la tierra y dignificar al hombre del campo. En 1935 abandona la poesía pura, iniciando una poesía impura con las primeras protestas sociales, definida como “manchada” por su ímpetu social y su afinidad con la “inmensa compañía”, defendiendo los valores humanos más comprometidos popularmente, lo contrario al esteticismo y del elitismo minoritario de la poesía pura de la época anterior.

En El rayo que no cesa fundamentará su compromiso político en experiencias cotidianas, no abstractas, vividas por él y los suyos. En la guerra se decanta por el bando republicano. Viento del pueblo forma una faceta optimista y combativa por la esperanza en la victoria; exalta el amor a la patria, que impreca valores de virilidad como fuente de libertad y heroísmo. Cuando la derrota es inminente, escribe El hombre acecha, una visión pesimista de la guerra en general.

Podemos decir entonces que la poesía social es aquella que nace de un compromiso con los seres más desprotegidos de la sociedad. Una de sus facetas más logradas es su preocupación por los ámbitos de trabajo, la pobreza o el hambre. Su poesía social es una síntesis del dolor compartido y de denuncia contra la injusticia capitalista.

Temas poéticos de Miguel Hernández

Naturaleza

Miguel Hernández nace en un ambiente rural y mediterráneo de España, a principios del siglo XX. Vive lleno de naturaleza y esta empapa toda su obra literaria. En su primera etapa, esta abarca el paisaje y los elementos cotidianos de su modesta existencia. Una naturaleza que se constituye en la protagonista del poema. En Perito en lunas es una naturaleza de bodegón, demasiado estática, que brilla por el brillo de las inesperadas metáforas.

En su segunda etapa, la tierra, como metonimia de la naturaleza, sirve para ubicar su reivindicación social, siempre al lado de los trabajadores asalariados y los más necesitados. En su última etapa, en 1938, la naturaleza simboliza la libertad, lo justo o lo espontáneo, y se contrapone a la sofisticación y la maldad. Cuando desaparece la bondad, desaparece el paisaje. En su poesía intimista, Cancionero y romancero de ausencias, desaparece la contextualización de la guerra, reaparece la naturaleza, pero absolutamente retórica, donde se entrelazan los enamorados que son vencidos por los avatares y las adversidades de la injusticia y el odio.

Amor

Ningún poema de Miguel Hernández queda al margen del sentido amoroso: a la naturaleza, a la mujer, al hijo, a los amigos, al pueblo, a la vida. El sentimiento es el gran eje de la poesía hernandiana. Varios enfoques: amor-dolor, amor-alegría, amor-fraternidad, amor-odio, amor-esperanza.

Amor-dolor: Miguel Hernández se enamora de Josefina. Del influjo de la poesía erótico-religiosa y del petrarquismo amoroso surge El rayo que no cesa. El amor vivido por Miguel Hernández como fatal amenaza y tortura por no poder ser gozado sexualmente. La experiencia del rechazo provocó que el vitalismo de la poesía hernandiana genere el dramatismo de esta etapa; las ganas de vivir que se han transformado en ansias de amar chocan con una moral provinciana y estrecha que rechaza el goce erótico, produciendo la vena trágica, la llamada “pena hernandiana”.

Amor-alegría: Miguel Hernández y Josefina se casan en 1937. Busca el amor en su mujer y en la descendencia, el vientre femenino, materno. Cuando recibe la noticia, escribe una canción: “Canción del esposo soldado”. En los momentos en que parece vencer el odio y el resentimiento, en la cárcel, escribe “Nanas de la cebolla”, en la que violencia y ternura se conjugan, y presentan el mimo amoroso de padre e hijo y el descontento de la experiencia personal en tiempos de guerra y de prisión. El poeta recibió una carta de su mujer diciéndole que se alimentaba de pan y cebolla, pero seguía amamantando a su hijo. Son seguidillas de amor a un hijo que deviene en amor-alegría, más que en amor-esperanza. El amor se convierte en la poesía de Miguel Hernández en semilla de dorados frutos.

Amor-odio: En el final de la guerra, Miguel Hernández se da cuenta de que el hombre es una amenaza para el hombre. Llega a ser tal el pánico entre los hombres que la naturaleza desaparece y solo permanece el terror de la guerra. La guerra y el hambre han generado el odio.

Amor-esperanza: Última producción destinada al amor, a una concepción intimista y dolorosamente realista del amor. Cancionero y romancero de ausencias es como un diario de una vida abocada a su extinción: dolor, límites y privaciones. La ausencia es la verdadera base de la obra; sin embargo, el desánimo provocado por una vida llena de ausencias (ausencia de la madre y ausencia de libertad) no es obstáculo para que el poeta supere su amargura y culmine con un canto de esperanza y victoria de sus ideales. Los poemas de este cancionero están protagonizados por su mujer, con una carga erótica de su infinito amor, y por sus hijos.