Literatura Española del Siglo XX: Vanguardias, Generaciones y Teatro

Las Vanguardias en Europa, España e Hispanoamérica

El siglo XX estuvo marcado por una profunda renovación artística y literaria, impulsada por los movimientos de vanguardia. Nacidos en Europa en un contexto de grandes transformaciones históricas, como la Primera Guerra Mundial y la crisis económica de 1929, estos movimientos se caracterizaron por su ruptura con el pasado, su rechazo al realismo y el romanticismo, y su apuesta por la experimentación y la originalidad. Los ismos vanguardistas, como el futurismo, el cubismo, el dadaísmo, el expresionismo y el surrealismo, introdujeron nuevas formas de entender el arte, utilizando manifiestos para difundir ideas revolucionarias tanto estéticas como sociales. No forman un sistema coherente y cerrado, sino que son movimientos diversos e incluso contradictorios. Buscan la provocación, la polémica; desprecian al gran público y a la burguesía, y escandalizan con sus actitudes insolentes y agresivas. El periodo de exaltación vanguardista puede considerarse acabado tras la crisis económica de 1929, con la salvedad del surrealismo.

El futurismo, fundado en 1909 por Filippo Marinetti, exaltaba la velocidad, las máquinas y la modernidad. El cubismo, iniciado por Picasso y Braque, descomponía imágenes en múltiples perspectivas, y su adaptación literaria destacó en los caligramas de Guillaume Apollinaire. El dadaísmo, liderado por Tristan Tzara en 1916, buscaba provocar al público a través de la incoherencia y el rechazo a la lógica. Por su parte, el expresionismo alemán proyectaba una visión atormentada del mundo mediante la deformación de la realidad y temas como el miedo o la desesperanza. Surge en Alemania con Bertolt Brecht y alcanza su apogeo tras la Primera Guerra Mundial. El surrealismo, promovido por André Bretón en 1924, supuso la proyección creadora de las teorías sobre el inconsciente y la interpretación de los sueños de Sigmund Freud. En literatura se utiliza la escritura automática. Quedaron del surrealismo imágenes, estructuras sintácticas, combinaciones métricas y fuerza y originalidad que influyeron profundamente en escritores como los de la generación del 27.

En España, las vanguardias se difundieron a través de publicaciones como Prometeo y Revista de Occidente. Figuras como Ortega y Gasset, Rafael Cansinos Assens y Ramón Gómez de la Serna jugaron un papel fundamental. Cansinos Assens evolucionó del modernismo a la vanguardia. Colaboró en Prometeo y fue uno de los mayores representantes del ultraísmo. Destacó por ensayos como La nueva literatura. Gómez de la Serna fue director de Prometeo y se encargó de publicar en 1909 el Manifiesto futurista y la Proclama, que marcarán la historia de la literatura española.

El ultraísmo, movimiento que aunaba elementos del cubismo, futurismo y dadaísmo, buscó trascender la realidad con una visión humorística y lúdica. Por otro lado, el creacionismo, introducido por Vicente Huidobro, propuso una poesía autónoma, libre de la descripción del mundo exterior, con destacados exponentes como Gerardo Diego y Juan Larrea.

En Hispanoamérica, las vanguardias tuvieron figuras sobresalientes. Vicente Huidobro, creador del creacionismo, plasmó su visión en obras como Altazor. En su Canto VII, el lenguaje queda reducido a una sucesión de sonidos. César Vallejo, con poemarios como Trilce y España, aparta de mí este cáliz, exploró el dolor humano y el compromiso político mediante una compleja distorsión del lenguaje. Pablo Neruda, con libros como Veinte poemas de amor y una canción desesperada, Residencia en la tierra y Canto general, evolucionó desde una estética neorromántica hacia una poesía de marcado contenido histórico y social. En Residencia en la tierra, ahonda en la angustia presente en sus poemarios anteriores. Se aprecia la influencia del surrealismo y se presenta un mundo caótico e inhabitable. En Canto general, la visión negativa de la conquista española y la idealización de las sociedades precolombinas están al servicio de una crítica de la civilización occidental.

En conjunto, las vanguardias representaron un momento de intensa renovación que transformó la literatura y las artes en Europa, España e Hispanoamérica, dejando un legado que influyó profundamente en las generaciones posteriores.


El ultraísmo, movimiento que aunaba elementos del cubismo, futurismo y dadaísmo, buscó trascender la realidad con una visión humorística y lúdica. Por otro lado, el creacionismo, introducido por Vicente Huidobro, propuso una poesía autónoma, libre de la descripción del mundo exterior, con destacados exponentes como Gerardo Diego y Juan Larrea.

En Hispanoamérica, las vanguardias tuvieron figuras sobresalientes. Vicente Huidobro, creador del creacionismo, plasmó su visión en obras como Altazor. En su Canto VII, el lenguaje queda reducido a una sucesión de sonidos. César Vallejo, con poemarios como Trilce y España, aparta de mí este cáliz, exploró el dolor humano y el compromiso político mediante una compleja distorsión del lenguaje. Pablo Neruda, con libros como Veinte poemas de amor y una canción desesperada, Residencia en la tierra y Canto general, evolucionó desde una estética neorromántica hacia una poesía de marcado contenido histórico y social. En Residencia en la tierra, ahonda en la angustia presente en sus poemarios anteriores. Se aprecia la influencia del surrealismo y se presenta un mundo caótico e inhabitable. En Canto general, la visión negativa de la conquista española y la idealización de las sociedades precolombinas están al servicio de una crítica de la civilización occidental.

En conjunto, las vanguardias representaron un momento de intensa renovación que transformó la literatura y las artes en Europa, España e Hispanoamérica, dejando un legado que influyó profundamente en las generaciones posteriores.


El Novecentismo y la Generación del 14. El Ensayo, la Novela Novecentista. Juan Ramón Jiménez

El novecentismo y la Generación del 14 surgen en España a principios del siglo XX, tras el desastre del 98 y el impacto de la Primera Guerra Mundial, con el objetivo de modernizar el arte y la sociedad. Estos movimientos, de carácter intelectual y europeísta, se distancian del modernismo y el regionalismo defendiendo la racionalidad, la ciencia y la educación como base del progreso y la europeización de España.

En literatura, promueven un arte puro y equilibrado, inspirado en los modelos griegos, dirigido a una élite culta y con un lenguaje cuidado. Un ejemplo es Platero y yo de Juan Ramón Jiménez, que utiliza la prosa como expresión poética. La Generación del 14 comparte esta visión crítica y busca modernizar España a través del arte y la reflexión intelectual

El ensayo novecentista en España, previo a la Guerra Civil, se desarrolló mucho. Mientras los noventayochistas y regeneracionistas reflexionaban sobre el ser de España, los autores del 14 adoptaron una perspectiva más abierta, impulsada por José Ortega y Gasset.

Ortega (1883-1956) modernizó la filosofía española y difundió el pensamiento alemán, destacándose también como un gran prosista. Escribió muchos artículos de prensa en medios como la Revista de Occidente y El Sol, donde abordó temas filosóficos, sociales y culturales. Su estilo claro y lleno de metáforas, lo convierte en uno de los mejores escritores españoles. Su obra La deshumanización del arte (1925) es clave, donde describe la vanguardia española, señalando que el arte moderno es antipopular y solo accesible para una élite.

Otro destacado ensayista fue Eugenio D’Ors, quien destacó como ensayista con su estilo de “glosa”, ensayos breves y críticos sobre filosofía, sociedad y cultura. Al igual que Ortega, valoraba la razón como clave para entender el mundo. Defendió el retorno al clasicismo y la modernidad, ideas presentes en obras como La filosofía del hombre que trabaja y que juega, Tres horas en el Museo del Prado y Glosari.

Gregorio Marañón, médico e historiador, destacó por sus biografías de personajes históricos, como El conde-duque de Olivares: la pasión de mandar y Tiberio: historia de un resentimiento. Manuel Azaña, con un enfoque anticlerical y autobiográfico, escribió obras como El jardín de los frailes y La velada en Benicarló, reflejando las tensiones de la Guerra Civil.


Finalmente, Salvador de Madariaga, defensor de la idea de Europa, abordó la historia de España y los caracteres nacionales en España: ensayo de historia contemporánea e Ingleses, franceses y españoles.

La novela novecentista se caracteriza por su prosa precisa y reflexiva, impregnada de la intelectualidad del movimiento, y una actitud crítica frente a los problemas de España, influenciada por la cultura europea.

Ramón Pérez de Ayala (1880-1962) fue el principal representante de la novela intelectual en España. Su obra se divide en tres etapas: la realista, que refleja la crisis de la conciencia española, con títulos como Tinieblas en las cumbres; la poemática, que aborda la transformación de España, destacando Prometeo y La caída de los limones; y la más exitosa narrativamente, en la que profundiza en ideas y actitudes, con obras como Tigre Juan, incorporando innovaciones narrativas.

Gabriel Miró destacó por su dominio del lenguaje y un estilo descriptivo que crea atmósferas intensas. En su etapa decadentista (1901-1911), influida por el modernismo, trató temas como el erotismo y el amor, como en Las cerezas del cementerio. Más tarde, en su etapa novecentista (1912-1928), abordó el paso del tiempo y la angustia existencial, plasmados en obras como El obispo leproso y Nuestro padre San Daniel, donde también critica la sociedad de su tiempo.

Juan Ramón Jiménez (1881-1958),destacó por su búsqueda de la belleza y lo absoluto a través de la poesía. Su obra se divide en tres etapas. En la etapa sensitiva, influida por el modernismo, trata temas como la melancolía y la muerte en obras como Ninfeas y Arias tristes.

En la etapa desnuda (1916-1936), simplifica su estilo, enfocándose en la trascendencia y el tiempo, reflejado en Diario de un poeta recién casado y Eternidades. Su viaje a Estados Unidos y su matrimonio influyen en esta transformación, que conecta con la Generación del 27.

En la etapa suficiente (1937-1958), profundiza en el misticismo y la pureza poética, explorando la muerte como paso hacia la eternidad en obras como La estación total y Animal de fondo. Aquí refleja influencias del panteísmo y el hinduismo, abordando temas como el tiempo y la unión con el cosmos.

La Generación del 27: Características y Trayectoria Poética de los Poetas del 27. El Teatro Lorquiano

La Generación del 27 es un grupo de poetas surgido en España durante el período de entreguerras, cuyo origen se vincula al homenaje celebrado en 1927 en Sevilla por el tricentenario de la muerte de Luis de Góngora. Este acto simbolizó la unión de un grupo diverso pero cohesionado por su amistad, su interés por la renovación poética y su combinación de tradición y vanguardia. Entre sus principales integrantes se encuentran Pedro Salinas, Jorge Guillén, Federico García Lorca, Vicente Aleixandre, Luis Cernuda, Rafael Alberti y Gerardo Diego, aunque también se reconoce la aportación de figuras femeninas como Concha Méndez y Ernestina de Champourcín.

El grupo compartía un espíritu liberal y progresista, vinculado a su formación intelectual en la Residencia de Estudiantes y otros círculos culturales. Su poesía buscaba un equilibrio entre la innovación vanguardista y el respeto por la tradición literaria española, que iba desde los clásicos como Garcilaso y Góngora hasta los poetas noventayochistas. En su primera etapa, adoptaron influencias del modernismo y las corrientes vanguardistas, como el ultraísmo y el creacionismo, mientras que, hacia 1929, sus obras reflejaron un cambio hacia una poesía más comprometida con la realidad social y humana.

La Generación del 27 incluyó a poetas clave que reflejaron distintas influencias. Pedro Salinas, inicialmente influenciado por Juan Ramón Jiménez, destacó con obras como La voz a ti debida y Razón de amor, centradas en el amor, y después abordó temas más sombríos en El contemplado. Jorge Guillén, fiel a la poesía pura de Juan Ramón, es conocido por Cántico y otros libros como Clamor y Final. Gerardo Diego, con una obra ecléctica, dividió su poesía entre la vanguardista (Imagen, Manual de espumas) y la tradicional (Versos humanos, Sonetos a Violante). Vicente Aleixandre abordó el amor, la naturaleza y la muerte en obras como Pasión por la tierra y Poemas de la consumación. Dámaso Alonso, influido por Góngora y Machado, destacó con Hijos de la ira y Hombre y Dios. Rafael Alberti comenzó con influencias del cancionero en Marinero en tierra y evolucionó hacia la vanguardia y el surrealismo en Sobre los ángeles, y hacia la poesía social en El poeta en la calle. Luis Cernuda exploró la frustración y el amor en obras como Perfil de aire, Los placeres prohibidos y La realidad y el deseo. Federico García Lorca fusionó lo popular y lo culto en obras como Romancero gitano y Poeta en Nueva York, mientras que Miguel Hernández, conocido por su poesía apasionada y política, destacó con Perito en lunas, Viento del pueblo y Cancionero y romancero de ausencias.


Finalmente, las mujeres artistas conocidas como las “Sinsombrero” (Concha Méndez, Rosa Chacel, Maruja Mallo, Ernestina de Champourcín y Josefina de la Torre) jugaron un papel clave en la vanguardia española. Estos autores, con sus variadas influencias y temáticas, representan la diversidad y la riqueza de la poesía de la época.

Federico García Lorca, una de las figuras más destacadas del grupo, destacó por la singularidad de su obra poética y teatral. Su poesía fusionó elementos populares y cultos, explorando temas como el destino trágico, el amor y la muerte, presentes en obras como Romancero gitano o Poeta en Nueva York. En el teatro, Lorca demostró un talento excepcional al desarrollar un drama poético cargado de simbolismo y conflicto. Sus farsas, como La zapatera prodigiosa, y obras de carácter surrealista, como El público, exhiben su creatividad y su capacidad para abordar temas complejos como el deseo y la identidad.

Sin embargo, su mayor aportación al teatro reside en su trilogía rural: Bodas de sangre, Yerma y La casa de Bernarda Alba. Estas obras comparten una temática centrada en la opresión, los deseos insatisfechos y las tragedias humanas, con mujeres como protagonistas en contextos rurales. Bodas de sangre explora las pasiones desbordadas en un conflicto que termina en muerte; Yerma refleja el sufrimiento de una mujer que anhela ser madre en un entorno que reprime sus deseos; y La casa de Bernarda Alba retrata la tiranía materna y las luchas internas de un grupo de hijas condenadas al aislamiento, culminando en un desenlace trágico.


Lírica y Teatro Posteriores a 1936

Tras la guerra civil, los escritores se dividieron en dos bandos, lo cual dio lugar a una poesía de guerra al servicio de los ideales de cada bloque y se difundió por revistas y periódicos. Muchos poetas de la Generación del 27 estaban exiliados, y su obra reflejó inicialmente angustia y desgarro, evolucionando luego hacia la nostalgia por la patria y los amigos perdidos. El franquismo impone la censura en España. La poesía de posguerra se dividió, según Dámaso Alonso, en poesía arraigada, de tono sereno y tradicional, y poesía desarraigada, que expresa inquietud y desasosiego. La poesía arraigada destaca con la generación del 36, está vinculada al franquismo y trata temas como amor, patria y religión. Busca belleza formal siguiendo modelos clásicos, y se difundieron en revistas como Escorial o Garcilaso. El mayor representante de esta corriente es Luis Rosales con su obra La casa encendida.

La poesía desarraigada surge con Hijos de la ira de Dámaso Alonso, donde se refleja angustia y caos. Sus autores más destacados son José Luis Hidalgo y Carlos Bousoño, mostrando un mundo hostil y desordenado.

En los años 50 nace la poesía social, derivada de la desarraigada, que se compromete con la denuncia de injusticias y miserias sociales, dejando de lado el esteticismo con el uso de un lenguaje directo y sencillo. Su objetivo era crear conciencia y protestar dentro de los límites de la censura el problema de España. Entre sus autores a destacar tenemos a Blas de Otero, quien evoluciona de una etapa desarraigada a una poesía social con su obra Pido la paz y la palabra. En su tercera etapa busca nuevas formas poéticas. Gabriel Celaya fue un gran exponente de la poesía social con su obra Las cartas boca arriba, epístolas poéticas de contenido social. Para Celaya, la poesía era un arma cargada de futuro, un instrumento para cambiar el mundo. También tenemos a José Hierro, incluído en la poesía social, que señala dos caminos en su poesía: reportajes y alucinaciones, con un elemento común: el conflicto entre un hondo amor a la vida y una lúcida conciencia de dolor. Entre sus obras están Quinta del 42, Cuanto sé de mí y Libro de las alucinaciones.

La generación del 50 se centra en el conocimiento del mundo interior y exterior del poeta. Entre sus autores tenemos a Ángel González, con su obra Áspero mundo, en la que aborda la soledad y el testimonio histórico; José Ángel Valente, quien avanza a un hermetismo intelectualizado, culminando en Punto cero; y Jaime Gil de Biedma, quien tiene una visión desencantada e irónica del mundo,


y destaca por su tono coloquial y su vitalidad como vemos en su obra Las personas del verbo. Los Novísimos, nacidos entre 1936 y 1950, toman su nombre de la antología Nueve novísimos poetas españoles de José María Castellet. Buscan la originalidad y renovación estética, retomando influencias del simbolismo, modernismo, surrealismo y la cultura de masas, con figuras destacadas como Pere Gimferrer y Antonio Martínez Sarrión. Tras el franquismo y con la llegada de la democracia, surgen diversas corrientes poéticas. En los años 80 y 90 sobresale la poesía de la experiencia, impulsada por Luis García Montero, con un tono conversacional y lenguaje sencillo, así como la poesía del silencio, liderada por José Ángel Valente, que enfatiza la depuración formal y la reflexión metafísica. También destacan el neosurrealismo, la poesía rural, la erótica y el realismo sucio.

En el siglo XXI, la poesía mantiene rasgos introspectivos, críticos e innovadores, con autores como Elena Medel y Andrés Neuman.

El teatro español, tras su auge antes de la Guerra Civil, decayó debido a la preferencia por otros espectáculos. En la posguerra, se dividió entre la evasión de una dolorosa realidad y la denuncia social. La censura y el conservadurismo limitaron la innovación, aunque surgieron compañías independientes y teatros universitarios que intentaron renovarlo. En el exilio, los dramaturgos abordaron temas nostálgicos y críticos. Rafael Alberti escribió obras como El adefesio y Noche de guerra en el Museo del Prado. Alejandro Casona cultivó un teatro simbólico y poético con títulos como Los árboles mueren de pie, mientras Max Aub, el más representativo del exilio, trató la problemática de la guerra y el destierro en obras como De algún tiempo a esta parte.

Entre los años cuarenta y principios de los cincuenta predominó el teatro cómico y de evasión. La comedia burguesa, en la línea de Benavente, abordó temas amorosos y matrimoniales con propósitos moralizantes, destacando autores como José María Pemán y Juan Ignacio Luca de Tena. En el teatro de humor, Jardiel Poncela renovó el género con elementos inverosímiles en obras como Eloísa está debajo de un almendro, mientras Miguel Mihura triunfó con su estilo amable en Tres sombreros de copa.

A partir de 1949, con Historia de una escalera, se empieza a consolidar el drama realista. Buero Vallejo se convertiría en el máximo representante de la tragedia moderna española, pues combina realismo y simbolismo en dramas sociales, históricos y simbólicos. Alfonso Sastre promueve una renovación del teatro con obras comprometidas como Escuadra hacia la muerte, abordando muerte, revolución y persecución ideológica. Destaca también Lauro Olmo.


En los años sesenta, el teatro comercial alcanza su máximo grado de evasión con autores como Alfonso Paso, Jaime de Armiñán y Antonio Gala (Anillos para una dama). Sin embargo, el teatro realista de intención social enfrentó dificultades debido a la censura.

En los años setenta se consolida el teatro experimental, recurriendo a movimientos vanguardistas europeos que rompen esquemas tradicionales. Fernando Arrabal introduce el “teatro pánico” con obras como Pic-Nic, mientras Francisco Nieva se destaca por su estética antirrealista y su obra se divide en teatro furioso, teatro de farsa y calamidad y teatro de crónica y estampa.

El teatro independiente surge a finales de los sesenta, y rechaza el teatro conservador mediante una estética peculiar y la autofinanciación, logrando una síntesis entre lo experimental y lo popular. Destacan grupos catalanes como Els Joglars y La fura dels baus.

Tras 1975, el teatro español experimenta una diversificación notable, donde sobreviven corrientes como la comedia burguesa, el drama sentimental, el drama poético, el drama realista, el teatro neovarguandista y los grupos independientes, pues desaparece la censura y se crean instituciones como la Compañía Nacional de Teatro Clásico, permitiendo nuevas formas teatrales. Surgen autores simbolistas, como Carmen Resino, y dramaturgos de síntesis como Fernando Fernán-Gómez y Adolfo Marsillach. En los noventa autores como Dulce Chacón combinaron lo social y lo existencial.

Actualmente, el teatro ya no busca retratar la realidad, sino que quiere ser una realidad alternativa. Las salas alternativas (“La cuarta pared” y otras) permiten la exploración de nuevos talentos.