La Filosofía de Descartes: Razón, Duda y las Sustancias de la Realidad

Antropología Cartesiana: El Dualismo Alma-Cuerpo

La antropología cartesiana propone un dualismo fundamental: el ser humano es concebido como la unión de dos sustancias distintas e independientes entre sí:

  • Res cogitans (sustancia pensante): Su atributo esencial es el pensamiento, que se manifiesta en modos como dudar, imaginar, sentir y querer.
  • Res extensa (sustancia extensa o cuerpo): Su atributo esencial es la extensión (ocupar espacio), con modos como la figura y el movimiento. Esta res extensa se encuentra sometida a las leyes del mecanicismo y al determinismo físico.

Este dualismo presenta dos grandes problemas filosóficos:

  1. La libertad humana: Si el cuerpo (res extensa) está sometido a leyes mecánicas deterministas, ¿cómo es posible que el ser humano sea libre? Descartes argumenta que el alma (res cogitans), al ser inmaterial, no está sujeta a las leyes del determinismo físico. Mientras que el cuerpo funciona como una máquina, el alma posee libertad y la capacidad de tomar decisiones racionales.
  2. La interacción entre cuerpo y alma: Si son sustancias radicalmente distintas e independientes, ¿cómo pueden interactuar? Descartes intentó resolver este problema recurriendo a la fisiología de su época, localizando el punto de interacción en la glándula pineal, una pequeña glándula situada en el cerebro. No obstante, esta explicación se considera generalmente insuficiente, ya que no aclara satisfactoriamente cómo una sustancia inmaterial (alma) puede influir en una sustancia material (cuerpo) y viceversa.

Finalmente, para Descartes, la verdadera libertad no consiste en la indiferencia, sino en elegir aquello que el entendimiento presenta claramente como bueno y verdadero. Esta capacidad de elección racional asegura la autonomía del alma frente a las determinaciones del cuerpo.

Conclusión: La antropología cartesiana se caracteriza por un marcado dualismo entre alma y cuerpo, lo que plantea dificultades significativas para explicar su interacción y la libertad humana dentro de un universo mecanicista. A pesar de estos desafíos, Descartes defiende firmemente la libertad como una característica esencial del pensamiento racional y del alma humana.

El Problema del Conocimiento en Descartes

René Descartes, figura cumbre de la filosofía moderna y máximo exponente del racionalismo, sostiene que el conocimiento genuino debe fundamentarse en la razón y puede alcanzarse mediante un método riguroso, similar al deductivo empleado en las matemáticas.

El objetivo principal de Descartes respecto al problema del conocimiento es alcanzar certezas absolutas e indudables utilizando exclusivamente la razón. Para lograrlo, considera indispensable establecer un método que garantice la verdad de los conocimientos obtenidos, algo de lo que, según él, carecía la filosofía anterior.

El Método Cartesiano

Descartes propone un método basado en cuatro reglas fundamentales, cuya aplicación rigurosa a la razón aseguraría un conocimiento verdadero y un progreso constante en el saber:

  1. Evidencia: No aceptar como verdadero nada que no se presente al espíritu con tal claridad y distinción que no quede ninguna posibilidad de duda. La evidencia es el criterio de verdad. Estas ideas claras y distintas, o “naturalezas simples”, se captan por intuición.
  2. Análisis: Dividir cada una de las dificultades que se examinan en tantas partes como sea posible y necesario para su mejor solución. Se trata de descomponer lo complejo en sus elementos más simples (las naturalezas simples evidentes).
  3. Síntesis: Conducir ordenadamente los pensamientos, comenzando por los objetos más simples y fáciles de conocer, para ascender gradualmente hasta el conocimiento de los más complejos. Mediante la deducción, se reconstruye lo complejo a partir de lo simple, manteniendo la certeza en cada paso.
  4. Enumeración: Realizar recuentos tan completos y revisiones tan generales que se esté seguro de no omitir nada. Se busca evitar errores revisando tanto el análisis como la síntesis.

La Duda Metódica

Para encontrar una primera verdad absolutamente indudable sobre la cual edificar todo el conocimiento, Descartes emplea la “duda metódica”. Esta duda tiene características particulares:

  • No es una duda escéptica (dudar por dudar), sino un instrumento o método para alcanzar la certeza.
  • Es universal, ya que se aplica a todos los conocimientos y creencias previos.
  • Es hiperbólica, es decir, se lleva al extremo, considerando falso todo aquello que presente la más mínima sombra de duda.

Descartes plantea varios motivos de duda:

  1. La falibilidad de los sentidos: Los sentidos nos engañan a menudo, por lo que no pueden ser una fuente fiable de conocimiento ni proporcionar el fundamento de evidencia requerido.
  2. La dificultad de distinguir la vigilia del sueño: A veces, los sueños son tan vívidos que los tomamos por realidad. ¿Cómo podemos estar seguros de que no estamos soñando ahora mismo? Esto pone en duda la existencia del mundo exterior tal como lo percibimos.
  3. La hipótesis del genio maligno: En el punto más extremo de la duda, Descartes plantea la posibilidad de que exista un ser sumamente poderoso y astuto, un “genio maligno”, que emplee toda su industria en engañarnos constantemente, haciéndonos creer que son verdaderas incluso las certezas matemáticas (como 2+2=4).

Por tanto, mediante la duda metódica, todo conocimiento, incluyendo las verdades matemáticas, queda sometido al juicio de la duda.

La Primera Certeza: “Cogito, Ergo Sum”

No obstante, en el acto mismo de dudar, Descartes encuentra la primera verdad indudable que buscaba: “Cogito, ergo sum” (Pienso, luego existo). Argumenta que, aunque dude de todo, incluso de la existencia de su cuerpo o del mundo exterior, no puede dudar de que él mismo, que duda, existe. Si dudo, pienso; y si pienso, necesariamente existo. El acto de pensar (dudar, entender, afirmar, negar, querer, imaginar, sentir) prueba irrefutablemente la existencia del sujeto que piensa.

Así, Descartes se reconoce a sí mismo como una res cogitans (una cosa que piensa), una sustancia cuya esencia es el pensamiento. Esta verdad resiste todos los motivos de duda, incluida la hipótesis del genio maligno, ya que para ser engañado, es necesario existir.

“Pienso, luego existo” se convierte en la primera verdad clara y distinta del sistema cartesiano, el fundamento sólido sobre el cual intentará reconstruir todo el edificio del conocimiento. Sin embargo, para que este sistema sea completamente fiable y se pueda confiar en las verdades descubiertas por la razón (como las matemáticas), será esencial demostrar la existencia de un Dios bueno que actúe como garante del conocimiento.

Conclusión: Descartes utiliza la duda metódica como herramienta para desmantelar las creencias dudosas y alcanzar una verdad absolutamente cierta: la existencia del yo pensante (“cogito, ergo sum”). Sobre esta base fundamental, construye su sistema de conocimiento, pero reconoce la necesidad de demostrar la existencia de Dios para asegurar la certeza objetiva de dicho conocimiento frente a la duda hiperbólica.

La Existencia de Dios como Garante del Conocimiento

René Descartes aborda el problema de Dios principalmente en su tercera Meditación Metafísica. Demostrar la existencia de Dios es crucial en su sistema filosófico, ya que Dios funcionará como el garante último de la verdad del conocimiento humano, permitiendo superar la duda hiperbólica introducida por la hipótesis del genio maligno.

Análisis de las Ideas

Para abordar la cuestión de Dios, Descartes primero realiza un análisis de las ideas presentes en su mente (el cogito). Distingue entre las ideas consideradas como modos de pensamiento (actos mentales) y las ideas consideradas como imágenes de las cosas (contenido representativo).

  • Como modos de pensamiento, todas las ideas son iguales en tanto que son actos mentales (pensar en Dios, pensar en un caballo, pensar en el frío).
  • Como imágenes de las cosas, las ideas difieren enormemente, pues representan distintas realidades. Descartes llama a este contenido representativo la realidad objetiva de la idea. Argumenta que unas ideas contienen más realidad objetiva que otras (por ejemplo, la idea de una sustancia tiene más realidad objetiva que la idea de un modo o accidente).

Tipos de Ideas

A continuación, Descartes clasifica las ideas según su origen aparente:

  • Ideas adventicias: Aquellas que parecen provenir del exterior, a través de los sentidos (ejemplo: la idea de un árbol, del sol, del calor).
  • Ideas facticias (o ficticias): Aquellas que la mente construye o inventa combinando otras ideas (ejemplo: la idea de una sirena o un hipogrifo).
  • Ideas innatas: Aquellas que no parecen proceder del exterior ni ser construidas por la mente, sino que parecen haber nacido con nosotros, formando parte de la estructura misma del entendimiento (ejemplo: la idea de pensamiento, la idea de existencia, la idea de Dios como un ser infinito y perfecto).

Dado que las ideas adventicias (dependientes de los sentidos) y facticias (creadas por la propia mente) pueden ser erróneas o engañosas (y están afectadas por la duda metódica, especialmente por la hipótesis del genio maligno), Descartes considera que solo puede confiar plenamente en las ideas innatas, si es que existen y puede demostrar su validez.

Argumento Causal de la Existencia de Dios

Descartes se centra en la idea innata de Dios, entendido como un ser sumamente perfecto, infinito, eterno, inmutable, omnisciente y omnipotente. Se pregunta por el origen de esta idea en su mente.

Aplica el principio de causalidad a la realidad objetiva de las ideas: debe haber al menos tanta realidad formal (realidad actual, en sí misma) en la causa de una idea como realidad objetiva (contenido representativo) hay en la idea misma. En otras palabras, la causa de una idea debe tener, como mínimo, tanta perfección como la que representa la idea.

Descartes, como res cogitans, se reconoce a sí mismo como un ser finito, imperfecto y dudoso. Por lo tanto, él no puede ser la causa de la idea de un ser infinito y perfecto, ya que el efecto (la idea de perfección infinita) no puede tener más realidad o perfección que su causa (el yo finito e imperfecto). Según Descartes, debe existir una proporcionalidad entre la causa y el efecto.

Concluye, por tanto, que la idea de un ser infinito y perfecto solo puede haber sido puesta en su mente por un ser que posea realmente esas cualidades, es decir, por un ser infinito y perfecto. De este modo, concluye que Dios existe como la causa de la idea innata de Dios en el cogito.

Una vez demostrada la existencia de Dios como ser perfecto, Descartes argumenta que la perfección implica bondad y veracidad. Un ser perfecto no puede ser engañador, ya que el engaño es una imperfección. Por lo tanto, Dios garantiza que las facultades de conocimiento humanas, si se usan correctamente (siguiendo el método), pueden alcanzar la verdad. Esto anula la hipótesis del genio maligno y restablece la confianza en la razón y en la existencia de verdades claras y distintas (como las matemáticas), así como en la existencia del mundo exterior (que se abordará más adelante).

Como Dios es perfecto, no puede engañar ni permitir que seamos engañados sistemáticamente cuando percibimos algo con claridad y distinción. Dios se convierte así en el garante del sistema cartesiano.

Conclusión: Descartes demuestra la existencia de Dios a partir de la idea innata de perfección infinita presente en la mente, utilizando un argumento basado en el principio de causalidad. La existencia de un Dios perfecto y veraz es fundamental para su sistema, ya que elimina la duda hiperbólica del genio maligno y garantiza la posibilidad de alcanzar un conocimiento cierto y seguro a través de las ideas claras y distintas proporcionadas por la razón.

La Concepción Cartesiana de la Realidad: Las Tres Sustancias

En el sistema filosófico de René Descartes, la realidad está compuesta fundamentalmente por tres tipos de sustancias:

  • Sustancia infinita (Res infinita): Dios. Es la sustancia en sentido estricto, ya que existe por sí misma y no necesita de ninguna otra cosa para existir. Es la causa creadora de las otras dos.
  • Sustancia pensante (Res cogitans): El alma o la mente. Su esencia o atributo principal es el pensamiento. Existe de forma independiente de la materia, aunque necesita de Dios para su existencia (como ser creado).
  • Sustancia extensa (Res extensa): La materia o el mundo físico. Su esencia o atributo principal es la extensión (longitud, anchura y profundidad). También es una sustancia creada, dependiente de Dios.

Cada sustancia posee un atributo principal que constituye su esencia (infinitud para Dios, pensamiento para el alma, extensión para la materia) y diversos modos que son modificaciones o maneras de ser de esos atributos (por ejemplo, dudar, querer o imaginar son modos del pensamiento; la figura o el movimiento son modos de la extensión).

El Mundo Físico: Mecanicismo y Cualidades

La res extensa constituye el mundo físico, incluyendo los cuerpos de los animales y el cuerpo humano. Descartes concibe este mundo material de forma radicalmente mecanicista: todo en la materia se explica por principios puramente mecánicos (figura, tamaño, posición y movimiento de las partes) y se rige por leyes matemáticas necesarias, sin necesidad de recurrir a causas finales o fuerzas ocultas. El universo es como una gran máquina.

Además, distingue entre dos tipos de cualidades en los objetos materiales:

  • Cualidades primarias: Son las cualidades objetivas, inherentes a la materia misma y cuantificables matemáticamente. Corresponden al atributo de la extensión y sus modos: tamaño, figura, movimiento, posición, duración, número. Son las únicas cualidades reales de los cuerpos.
  • Cualidades secundarias: Son las cualidades subjetivas, que no residen en los objetos mismos sino que son el resultado de la interacción entre los objetos (con sus cualidades primarias) y nuestros órganos sensoriales. Ejemplos: colores, sonidos, olores, sabores, calor, frío. Dependen de la percepción del sujeto.

El Papel de Dios y el Determinismo

Dios, como sustancia infinita y creador, es el garante del orden y la existencia del mundo. Según Descartes, Dios no solo ha creado la materia (res extensa) con sus leyes, sino que también conserva la misma cantidad de movimiento en el universo mediante su concurso constante, aunque sin intervenir de forma milagrosa o arbitraria en el curso normal de los acontecimientos físicos.

Esta concepción mecanicista del mundo material implica un fuerte determinismo: todos los fenómenos físicos están estrictamente determinados por las leyes de la naturaleza y las condiciones iniciales. Esto plantea un problema particular para el ser humano, ya que su cuerpo, al pertenecer a la res extensa, estaría sometido a este determinismo físico, mientras que su alma (res cogitans) se considera libre.

Conclusión: La realidad en la filosofía de Descartes está estructurada en tres sustancias (Dios, alma y materia), con Dios como fundamento último. Su visión del mundo físico es mecanicista y determinista, explicándolo a través de la extensión y las leyes matemáticas. Esta concepción dualista de la realidad (mente inmaterial vs. materia extensa) y el mecanicismo generan tensiones importantes, especialmente en lo referente a la interacción mente-cuerpo y la conciliación de la libertad humana con el determinismo físico.