Evolución de la España Republicana (1936-1939)
Para comprender la evolución de la zona republicana durante la Guerra Civil Española, es clave conocer las diferencias entre sus diversas fuerzas políticas y sociales. Se distinguían principalmente cuatro grupos:
- Republicanos moderados y sector moderado del PSOE (liderados por figuras como Manuel Azaña y Indalecio Prieto): Defendían la legalidad democrática republicana y priorizaban ganar la guerra sobre la revolución social.
- Anarquistas y Trotskistas (principalmente la CNT-FAI y el POUM): Partidarios de una revolución social inmediata y profunda, aunque enfrentados ideológicamente entre sí y, especialmente, con los comunistas.
- Sector radical del PSOE y UGT (liderado por Largo Caballero): Apoyaban la revolución social, pero buscaban dirigirla desde las estructuras del Estado.
- Partido Comunista de España (PCE): Siguiendo las directrices de la Komintern y la URSS, priorizaban ganar la guerra antes de abordar la revolución. Su influencia creció exponencialmente desde 1937 gracias al apoyo militar y político soviético.
Etapas de la Evolución Republicana
Primera etapa (julio 1936 – septiembre 1936): Revolución social y descontrol inicial
El golpe de Estado fallido y la entrega de armas a las milicias obreras y populares desmantelaron de facto el poder del Estado republicano en muchas zonas. Se produjo una atomización del poder con la creación de numerosos comités locales y regionales que ejercían la autoridad real. En este contexto:
- Se impulsó un proceso revolucionario espontáneo con la colectivización de fábricas y tierras, especialmente en Cataluña y Aragón.
- Las autoridades republicanas formales, aunque existentes, carecían de poder efectivo frente a los comités y milicias.
- La represión fue intensa e incontrolada en la retaguardia, con asesinatos de militares sublevados, políticos de derechas, empresarios, terratenientes y miembros del clero.
Segunda etapa (septiembre 1936 – mayo 1937): Reorganización del Estado bajo Largo Caballero
Francisco Largo Caballero formó un gobierno de unidad que incluyó a socialistas (de ambas tendencias), comunistas, republicanos, anarquistas (a partir de noviembre de 1936) y nacionalistas. Sus objetivos principales fueron:
- Recomponer la autoridad del Estado central.
- Limitar el poder de los comités autónomos.
- Militarizar las milicias, integrándolas en un Ejército Popular regular.
Sin embargo, las profundas tensiones entre las distintas facciones, especialmente entre comunistas (partidarios de priorizar la guerra) y anarquistas/POUM (partidarios de profundizar la revolución), estallaron violentamente en los sucesos de mayo de 1937 en Barcelona. Este enfrentamiento armado se saldó con más de 500 muertos y la derrota política y militar del sector anarquista y del POUM. Como consecuencia, el PCE salió enormemente fortalecido y Largo Caballero, desacreditado, fue forzado a dimitir.
Tercera etapa (mayo 1937 – abril 1939): Hegemonía comunista y derrota final
Juan Negrín (socialista moderado) asumió la presidencia del gobierno, pero el PCE se convirtió en la fuerza política y militar clave, con un control creciente sobre el ejército, la policía y la administración. Esta etapa se caracterizó por:
- Un esfuerzo por reforzar el poder del gobierno central y la disciplina militar.
- El lanzamiento de grandes ofensivas militares (Brunete, Belchite, Teruel, Ebro) destinadas a aliviar la presión sobre otros frentes y demostrar la capacidad de resistencia republicana.
- Una creciente desmoralización interna debido a las derrotas militares, las penurias económicas y la represión interna (ilegalización del POUM, persecución de disidentes).
Negrín mantuvo una política de resistencia a ultranza (“resistir es vencer”), esperando un cambio en el contexto internacional (el estallido de una guerra europea) que forzara a las democracias occidentales a intervenir en favor de la República. Sin embargo, la Conferencia de Múnich (septiembre de 1938), donde Francia y Reino Unido cedieron ante Hitler, y la posterior caída de Cataluña (enero-febrero de 1939) hundieron definitivamente esta esperanza. En marzo de 1939, el coronel Segismundo Casado, con el apoyo de socialistas moderados (como Julián Besteiro) y sectores anarquistas, dio un golpe de Estado en Madrid contra el gobierno de Negrín, argumentando la inutilidad de seguir la lucha. Casado intentó negociar una rendición honrosa con Franco, pero este exigió la rendición incondicional. El 1 de abril de 1939, Franco emitió el último parte de guerra, declarando su victoria y poniendo fin al conflicto.
Evolución de la España Sublevada (1936-1939)
Inicialmente, el bando sublevado carecía de un proyecto político unificado y de un líder indiscutible. Entre sus filas coexistían diversas tendencias:
- Militares: Como el general Mola (director del golpe), que proponían una dictadura militar transitoria para restaurar el orden.
- Monárquicos alfonsinos: Partidarios de restaurar la monarquía borbónica.
- Carlistas (tradicionalistas): Defensores de una monarquía tradicionalista y católica.
- Falangistas: Partidarios de implantar un régimen fascista totalitario, inspirado en Italia y Alemania.
Tras el inicio de la sublevación, la dirección militar quedó provisionalmente en manos de una Junta de Defensa Nacional, establecida en Burgos e integrada por varios generales, entre ellos Mola, Franco y Queipo de Llano. Esta Junta tomó las primeras medidas para organizar el nuevo Estado:
- Prohibición de partidos políticos y sindicatos (excepto Falange y Requeté Carlista).
- Suspensión de la Constitución de 1931.
- Derogación de la legislación republicana, incluida la reforma agraria.
La figura de Francisco Franco se impuso progresivamente como líder indiscutible gracias a varios factores: su liderazgo militar en el Ejército de África, la estratégica liberación del Alcázar de Toledo (de gran impacto propagandístico) y, crucialmente, el apoyo militar directo de la Alemania nazi y la Italia fascista, que lo vieron como el interlocutor más fiable. El 1 de octubre de 1936, la Junta de Defensa Nacional lo nombró Jefe del Gobierno del Estado y Generalísimo de los Ejércitos. Franco estableció la Junta Técnica del Estado (embrión de su futuro gobierno) con sedes en Valladolid y Burgos.
En abril de 1937, Franco dio un paso decisivo para consolidar su poder político al promulgar el Decreto de Unificación. Este decreto fusionaba a la Falange Española y a la Comunión Tradicionalista (carlistas) en un partido único denominado Falange Española Tradicionalista y de las JONS (FET y de las JONS), bajo su jefatura suprema. Con esta maniobra, Franco neutralizó las posibles resistencias internas:
- Eliminó a rivales potenciales como Manuel Hedilla (líder falangista reacio a la unificación total) y Manuel Fal Conde (líder carlista, exiliado).
- La muerte accidental del general Mola en junio de 1937 eliminó al único militar que podía hacerle sombra.
En enero de 1938, Franco formó su primer gobierno regular, asumiendo oficialmente la Jefatura del Estado y del Gobierno, concentrando todos los poderes. Se estableció un régimen dictatorial inspirado en el fascismo italiano y alemán, pero con una fuerte impronta del catolicismo conservador (nacionalcatolicismo). Las principales medidas adoptadas fueron:
- Abolición de todas las reformas republicanas significativas: Se devolvieron las tierras expropiadas a sus antiguos propietarios.
- Supresión de los Estatutos de Autonomía de Cataluña y el País Vasco.
- Anulación de las reformas educativas laicas y restablecimiento de la influencia de la Iglesia en la enseñanza.
- Prohibición del matrimonio civil y el divorcio.
- Supresión de todas las libertades políticas, sindicales, de expresión y de prensa.
- Imposición de un sindicato único vertical (Organización Sindical Española) controlado por el partido único.
- Prohibición de las huelgas.
La Iglesia Católica brindó un apoyo ideológico fundamental al régimen, legitimándolo como una cruzada contra el ateísmo y el comunismo, lo cual se plasmó en la Pastoral Colectiva de los Obispos Españoles (julio de 1937). Se reinstauró el culto religioso obligatorio en la enseñanza y el ejército.
La consolidación del nuevo Estado se basó en una represión sistemática y planificada contra todos los considerados enemigos. Se llevaron a cabo ejecuciones masivas de políticos, militares y simpatizantes republicanos, se persiguió a cualquier sospechoso de simpatizar con la izquierda y se implantó un clima de terror institucionalizado. Ejemplos tristemente célebres de esta represión durante la guerra fueron las masacres de Badajoz, Málaga y Granada.
Franco instauró una dictadura personalista, cuyos pilares ideológicos fueron el anticomunismo, el ultranacionalismo español centralista y el nacionalcatolicismo. El ejército fue la columna vertebral del régimen, aunque Franco mantuvo un cuidadoso equilibrio de poder entre las distintas “familias” políticas que lo apoyaban (falangistas, militares, monárquicos, católicos, y más tarde tecnócratas), distribuyendo cuotas de poder según las necesidades de cada etapa.
Desarrollo del Conflicto Bélico (1936-1939)
Inicio del conflicto (17-18 de julio de 1936)
La sublevación militar se inició en el Protectorado de Marruecos el 17 de julio y se extendió rápidamente a la península al día siguiente. El golpe triunfó en algunas zonas y fracasó en otras, dividiendo a España en dos:
- Zona sublevada: Incluía inicialmente Navarra, gran parte de Castilla la Vieja, Galicia, parte de Aragón, algunas ciudades andaluzas (Cádiz, Sevilla, Córdoba, Granada), Marruecos, las Islas Baleares (excepto Menorca) y las Islas Canarias. Contaban con menos tropas peninsulares al principio, pero sí con las unidades más experimentadas (el Ejército de África) y una mejor organización militar inicial.
- Zona republicana (o leal): Controlaba las principales ciudades (Madrid, Barcelona, Valencia, Bilbao), las zonas industriales, la mayor parte de la población, la mayoría del ejército y las fuerzas de seguridad que permanecieron leales, casi toda la aviación y la marina de guerra, y las reservas de oro del Banco de España.
Guerra de columnas y avance hacia Madrid (agosto – noviembre 1936)
La fase inicial se caracterizó por la llamada “guerra de columnas”, avances rápidos con unidades relativamente pequeñas. Un hecho clave fue el cruce del Estrecho de Gibraltar por parte del Ejército de África, liderado por Franco, gracias al puente aéreo y naval proporcionado por Alemania e Italia. Tras consolidar el sur, las tropas sublevadas avanzaron hacia Madrid. En septiembre, Franco desvió fuerzas para liberar a los sitiados en el Alcázar de Toledo, una victoria de gran valor propagandístico.
La Batalla de Madrid (noviembre 1936 – marzo 1937)
El asalto frontal a Madrid comenzó en noviembre de 1936. La ciudad resistió tenazmente bajo el lema “¡No pasarán!”, gracias a la movilización popular, la llegada de las primeras Brigadas Internacionales y el material bélico soviético (carros de combate y aviones). El gobierno republicano se trasladó a Valencia y Azaña a Barcelona. Ante el fracaso del asalto directo, Franco intentó cercar la capital mediante maniobras envolventes:
- Batalla de la carretera de La Coruña (diciembre 1936 – enero 1937).
- Batalla del Jarama (febrero 1937).
- Batalla de Guadalajara (marzo 1937), donde las tropas republicanas, con apoyo internacional, infligieron una significativa derrota al cuerpo expedicionario italiano (CTV).
Tras estos fracasos, Franco desistió temporalmente de tomar Madrid y cambió su estrategia.
La Guerra del Norte (abril – octubre 1937)
Los sublevados concentraron su esfuerzo bélico en conquistar la franja cantábrica republicana (País Vasco, Santander y Asturias), rica en recursos industriales y mineros, y aislada del resto de la zona republicana. Previamente, en agosto-septiembre de 1936, habían tomado Irún y San Sebastián, cortando la comunicación terrestre de la zona norte con Francia.
- La ofensiva sobre Vizcaya comenzó en abril de 1937. Durante esta campaña se produjo el tristemente célebre bombardeo de Guernica (26 de abril de 1937) por la Legión Cóndor alemana. Bilbao cayó en junio.
- Posteriormente, cayeron Santander (agosto) y finalmente Asturias (Gijón y Avilés en octubre). La caída del norte supuso un duro golpe para la República.
Del Frente de Aragón a la Batalla del Ebro (finales 1937 – noviembre 1938)
Para aliviar la presión sobre el norte, la República lanzó ofensivas en el frente de Aragón:
- Batalla de Brunete (julio 1937, cerca de Madrid).
- Batalla de Belchite (agosto-septiembre 1937), intento fallido de tomar Zaragoza.
Tras la caída del norte, la República tomó la iniciativa con la Batalla de Teruel (diciembre 1937 – febrero 1938), una de las más duras de la guerra, librada en condiciones invernales extremas. Aunque los republicanos tomaron inicialmente la ciudad, los sublevados la recuperaron tras un enorme desgaste para ambos bandos, quedando Franco en ventaja estratégica.
Aprovechando esta ventaja, Franco lanzó una gran ofensiva en Aragón (marzo-abril 1938), que rompió el frente republicano y llevó a las tropas sublevadas hasta el Mediterráneo (Vinaroz, Castellón), dividiendo la zona republicana en dos y aislando a Cataluña.
En un último intento desesperado por revertir la situación y reunificar su territorio, el Ejército Popular Republicano lanzó la Batalla del Ebro (julio – noviembre 1938), la más larga y sangrienta de la guerra. Tras un éxito inicial cruzando el río, los republicanos fueron contenidos y finalmente obligados a retirarse con enormes pérdidas. Esta derrota selló militarmente el destino de la República. Además, la Conferencia de Múnich (septiembre de 1938) confirmó que las potencias democráticas no intervendrían, dejando a la República sin apoyo internacional efectivo (salvo la URSS, cuyo apoyo también disminuía).
Final de la Guerra (enero – abril 1939)
- Ofensiva sobre Cataluña: Tras la derrota del Ebro, las tropas franquistas lanzaron la ofensiva final sobre Cataluña, que apenas encontró resistencia organizada. Barcelona cayó el 26 de enero de 1939. El gobierno republicano, junto con cientos de miles de civiles y militares, huyeron a Francia (La Retirada).
- División interna y golpe de Casado: En la zona centro-sur, última bajo control republicano, cundió la división. El coronel Casado, jefe del Ejército del Centro, dio un golpe de Estado en Madrid (marzo de 1939) contra el gobierno de Negrín, partidario de resistir. Casado intentó negociar la rendición, pero Franco exigió la entrega incondicional.
- Rendición final: Las tropas franquistas ocuparon Madrid y el resto del territorio sin apenas lucha. El 1 de abril de 1939, Franco emitió su famoso último parte de guerra: “En el día de hoy, cautivo y desarmado el Ejército Rojo, han alcanzado las tropas nacionales sus últimos objetivos militares. La guerra ha terminado”.
Violencia, Represión y Consecuencias de la Guerra Civil
La Guerra Civil Española (1936-1939) fue el episodio más traumático de la historia contemporánea de España en el siglo XX. Provocó una profunda fractura social y política, dividiendo a familias y comunidades, y sembrando un legado de odio, miedo y resentimiento que perduraría durante décadas.
Consecuencias Humanas y Represión
- Víctimas mortales: Las estimaciones varían, pero se calcula que superaron el medio millón de personas, incluyendo muertes en combate, por bombardeos, asesinatos en retaguardia, enfermedades y hambre relacionadas con el conflicto.
- Represión en ambas retaguardias: Ambos bandos ejercieron una violencia brutal contra sus enemigos reales o supuestos en las zonas que controlaban.
- En la zona republicana: Especialmente en los primeros meses, milicias y comités incontrolados llevaron a cabo asesinatos (“paseos”) de militares sublevados, políticos de derechas, miembros de la Iglesia (obispos, sacerdotes, monjas), empresarios y terratenientes. Figuras notables asesinadas incluyen a Melquíades Álvarez y José Antonio Primo de Rivera (tras un juicio). La represión se volvió más selectiva y controlada por el Estado a medida que avanzó la guerra, aunque continuó, especialmente contra disidentes internos (POUM).
- En la zona sublevada: La represión fue más sistemática, planificada desde las altas instancias militares y continuó de forma institucionalizada y masiva una vez terminada la guerra. Se ejecutó a miles de prisioneros de guerra, políticos, sindicalistas, intelectuales y cualquier persona considerada simpatizante de la República. Los “paseos” y ejecuciones sumarias fueron habituales desde el inicio.
- Exilio republicano: Al finalizar el conflicto, cientos de miles de españoles (se estima entre 450.000 y 500.000) huyeron al exilio para escapar de la represión franquista, principalmente a Francia (donde muchos fueron confinados en campos de internamiento), pero también a México, la Unión Soviética y otros países latinoamericanos.
- Prisioneros y campos de concentración: Tras la guerra, se estima que unos 250.000 republicanos fueron encarcelados o internados en campos de concentración y batallones de trabajo forzado en condiciones inhumanas.
Consecuencias Económicas
Fueron devastadoras y de larga duración:
- Destrucción de infraestructuras: Viviendas, comunicaciones (puentes, vías férreas), e industrias fueron gravemente dañadas.
- Pérdida de reservas de oro: Las reservas del Banco de España fueron utilizadas por la República para comprar armas y suministros, principalmente a la URSS.
- Caída de la producción: La producción agrícola e industrial se desplomó.
- Endeudamiento y autarquía: El nuevo régimen franquista heredó un país arruinado y optó por una política económica autárquica (autosuficiencia) que prolongó las penurias.
- Racionamiento y mercado negro: La escasez de alimentos y bienes básicos llevó a la implantación de cartillas de racionamiento que duraron hasta 1952, fomentando la existencia de un amplio mercado negro (estraperlo).
Consecuencias Culturales e Intelectuales
- Exilio o muerte de intelectuales: La guerra y la dictadura posterior truncaron la brillante Edad de Plata de la cultura española. Muchos intelectuales, científicos y artistas (miembros de la Generación del 27 como Lorca -asesinado-, Cernuda, Alberti, Salinas, Guillén, etc.) murieron, fueron encarcelados o partieron al exilio.
- Depuración del magisterio: Se estima que alrededor del 60% de los maestros y profesores de la República fueron destituidos, encarcelados o ejecutados.
- Censura y retroceso cultural: Se impuso una férrea censura ideológica, política y moral que ahogó la creatividad y aisló a España de las corrientes culturales internacionales durante décadas.
Consecuencias Políticas
- Fin de la experiencia democrática: La derrota republicana supuso el fin del primer intento serio de establecer una democracia moderna en España.
- Instauración de la Dictadura Franquista: Se impuso una dictadura personalista, militarista y totalitaria que duró casi 40 años (1939-1975).
- Aislamiento internacional: Tras la Segunda Guerra Mundial, España quedó aislada diplomática y políticamente por su afinidad con las potencias del Eje derrotadas y por la naturaleza antidemocrática del régimen. Este aislamiento contribuyó a su retraso económico y social respecto a Europa occidental.
- Legado en la Transición: La forma en que terminó la dictadura (con la muerte de Franco) y la posterior Transición a la democracia estuvieron condicionadas por el legado de la guerra. Se optó por un modelo de reconciliación que implicó una amnistía y un “pacto de silencio” sobre el pasado. La monarquía fue restaurada según los designios de Franco, aunque evolucionó hacia un sistema parlamentario. Muchas estructuras y élites del franquismo se adaptaron y pervivieron en el nuevo sistema democrático.
Memoria Histórica
La gestión de la memoria de la Guerra Civil sigue siendo un tema sensible y objeto de debate en la sociedad española actual. Mientras el régimen franquista exaltó a sus “caídos por Dios y por España” (cuyo máximo exponente es el Valle de los Caídos), las víctimas republicanas fueron silenciadas, olvidadas y, en muchos casos, enterradas anónimamente en fosas comunes. Desde finales del siglo XX y principios del XXI, diversas iniciativas de asociaciones memorialistas y, más recientemente, políticas gubernamentales (Leyes de Memoria Histórica y Democrática) han trabajado en la localización, exhumación e identificación de los restos de estas víctimas, buscando una reparación moral y jurídica para ellas y sus familias.
El Régimen Franquista en los Años Cuarenta (1939-1951): Autarquía y Aislamiento
El franquismo (1939-1975) se define como una dictadura personal, militar y de partido único en la que el general Francisco Franco acumuló todos los poderes del Estado (legislativo, ejecutivo y judicial) bajo el título de “Caudillo de España por la Gracia de Dios”. Sus fundamentos ideológicos fueron:
- Rechazo frontal a la democracia liberal y al parlamentarismo.
- Anticomunismo y antiparlamentarismo visceral.
- Nacionalismo español exacerbado, unitario y centralista.
- Nacionalcatolicismo: Fusión de la identidad nacional española con el catolicismo más tradicionalista, otorgando a la Iglesia Católica un papel preponderante en la vida pública y la moral.
El régimen se sustentó en varios pilares:
- El Ejército, columna vertebral del Estado y principal fuente de poder de Franco.
- La Iglesia Católica, que proporcionó legitimidad ideológica y control social.
- El partido único (FET y de las JONS), instrumento de movilización social controlada y encuadramiento de la población.
- Las élites económicas y sociales conservadoras (terratenientes, financieros, industriales) que recuperaron sus privilegios.
La sociedad española, traumatizada por la guerra y sometida a una dura represión, adoptó mayoritariamente una actitud pasiva o de resignación. Dentro del régimen coexistieron diversas “familias políticas” que Franco utilizó hábilmente para mantener el equilibrio y asegurar su poder personal:
- Falangistas: De inspiración fascista, dominaron la escena política en los primeros años (controlando el partido único, los sindicatos verticales y ministerios sociales). Perdieron influencia tras 1945.
- Carlistas: Grupo minoritario y tradicionalista, con escasa influencia real tras la Unificación de 1937.
- Monárquicos: Divididos entre juanistas (partidarios de Don Juan de Borbón) y otros sectores. Lograron que Franco definiera España como un Reino en 1947, aunque sin designar sucesor inmediato.
- Católicos: Procedentes de la CEDA y Acción Católica, ocuparon ministerios clave y reforzaron el carácter nacionalcatólico del régimen.
- Militares: Siempre presentes en los gobiernos y en la estructura del Estado.
- Tecnócratas: Cobraron importancia a partir de finales de los 50, muchos vinculados al Opus Dei, impulsando la modernización económica.
Franco nunca permitió que ninguna familia alcanzara una hegemonía total, actuando como árbitro supremo y adaptando la composición de sus gobiernos a la coyuntura nacional e internacional.
Primera Fase (1939-1945): Alineamiento con el Eje y Autarquía
Los primeros años del régimen coincidieron con la Segunda Guerra Mundial. Franco mostró claras simpatías por las potencias del Eje (Alemania nazi e Italia fascista), que le habían ayudado a ganar la Guerra Civil. Aunque España mantuvo una posición oficial de no beligerancia y luego de neutralidad (desde 1943, cuando la guerra empezó a ser desfavorable para el Eje), colaboró activamente con ellas:
- Envió la División Azul (unidad de voluntarios falangistas) a luchar junto al ejército alemán contra la Unión Soviética en el frente ruso.
- Permitió el abastecimiento de submarinos alemanes en puertos españoles.
- Proporcionó materias primas estratégicas a Alemania.
Internamente, esta etapa se caracterizó por:
- Una durísima represión contra los vencidos.
- La implantación de la autarquía como política económica: un intento de autosuficiencia que llevó al estancamiento, la escasez, el racionamiento y el mercado negro (estraperlo).
- El predominio político de la Falange.
- La promulgación de las primeras Leyes Fundamentales (normas pseudo-constitucionales que organizaban el Estado dictatorial):
- Fuero del Trabajo (1938): Inspirado en la Carta del Lavoro fascista italiana, estableció un sindicato único vertical y obligatorio, prohibiendo la huelga y la negociación colectiva libre.
- Ley Constitutiva de las Cortes (1942): Creó unas Cortes Españolas de carácter consultivo y corporativo, sin poder legislativo real, cuyos miembros (procuradores) no eran elegidos democráticamente sino designados por Franco o por razón de su cargo.
Segunda Fase (1945-1951): Aislamiento Internacional y Nacionalcatolicismo
Tras la derrota del Eje en la Segunda Guerra Mundial, el régimen franquista quedó aislado internacionalmente. Las potencias vencedoras lo consideraban el “último reducto del fascismo” en Europa. En la Conferencia de Potsdam (1945), se acordó no apoyar el ingreso de España en la recién creada Organización de las Naciones Unidas (ONU). La Asamblea General de la ONU recomendó en 1946 la retirada de embajadores de Madrid, lo que supuso un boicot diplomático casi total (solo mantuvieron relaciones plenas Portugal, Argentina y el Vaticano).
Ante este aislamiento y la presión internacional, Franco reaccionó:
- Redujo el peso político visible de la Falange (eliminando el saludo fascista como oficial, por ejemplo).
- Dio más protagonismo a los sectores católicos y monárquicos para ofrecer una imagen más moderada y tradicionalista.
- Aprobó nuevas Leyes Fundamentales para maquillar la dictadura con una apariencia de legalidad y apertura controlada:
- Fuero de los Españoles (1945): Una declaración de derechos y deberes teóricos, pero cuya aplicación estaba totalmente supeditada a las leyes ordinarias y a los principios del régimen, careciendo de garantías efectivas.
- Ley de Referéndum Nacional (1945): Permitía a Franco someter a consulta popular (referéndum) leyes consideradas trascendentales, aunque sin ninguna garantía democrática.
- Ley de Sucesión en la Jefatura del Estado (1947): Declaró a España como un Reino (aunque sin rey designado), estableció a Franco como Jefe de Estado vitalicio y le otorgó la potestad de nombrar a su sucesor a título de rey o regente. Esta ley fue sometida a referéndum (manipulado) para darle una apariencia de legitimidad popular.
Durante esta etapa se consolidó plenamente el nacionalcatolicismo como seña de identidad del régimen, buscando en la religión una fuente de legitimidad interna y una vía para mejorar las relaciones con algunos países (especialmente el Vaticano y países católicos). La influencia de la Iglesia impregnó todos los aspectos de la vida social, la educación y la moral pública. Esta ideología quedó definitivamente plasmada más tarde en la Ley de Principios del Movimiento Nacional (1958).
A pesar del duro aislamiento internacional y las dificultades económicas, el régimen logró sobrevivir gracias a la férrea represión interna, el control social, el apoyo de sus bases (ejército, iglesia, élites) y una progresiva adaptación de su discurso y fachada institucional para garantizar su supervivencia a largo plazo.
La Consolidación de la Dictadura (1951-1959): Apertura y Tensiones
Durante la década de 1950, el régimen franquista experimentó un proceso de consolidación interna y logró romper parcialmente su aislamiento internacional, sentando las bases para una posterior etapa de desarrollo económico. Este cambio se debió fundamentalmente a dos factores: el nuevo contexto internacional de la Guerra Fría y la necesidad de superar la crisis económica derivada de la autarquía.
Reconocimiento Internacional en el Contexto de la Guerra Fría
Tras la Segunda Guerra Mundial, el mundo quedó dividido en dos bloques antagónicos liderados por Estados Unidos y la Unión Soviética. En este nuevo escenario, el férreo anticomunismo del régimen de Franco pasó a ser un activo estratégico para el bloque occidental, especialmente para Estados Unidos. La prioridad de contener el comunismo relegó a un segundo plano las presiones para democratizar España.
Poco a poco, el aislamiento internacional se fue suavizando:
- En 1950, la ONU revocó la recomendación de retirar embajadores, permitiendo el regreso de las delegaciones diplomáticas a Madrid.
- El punto de inflexión llegó en 1953 con la firma de dos acuerdos cruciales:
- Acuerdos bilaterales con Estados Unidos (Pactos de Madrid): Permitieron la instalación de bases militares estadounidenses en territorio español (Torrejón, Zaragoza, Morón, Rota) a cambio de ayuda económica y material bélico. Supusieron el reconocimiento implícito del régimen por parte de la principal potencia occidental y su integración en el sistema defensivo occidental, aunque España no ingresó en la OTAN.
- Concordato con la Santa Sede: Restableció oficialmente las relaciones plenas con el Vaticano, reconociendo la confesionalidad católica del Estado español y otorgando enormes privilegios a la Iglesia Católica (económicos, educativos, jurídicos -fuero eclesiástico-, y de control moral), a cambio del derecho de presentación de obispos por parte de Franco. Este acuerdo reforzó la legitimidad nacionalcatólica del régimen.
- En 1955, España fue finalmente admitida en la ONU.
Crisis de la Autarquía y Giro hacia la Liberalización Económica
A pesar de la mejora diplomática, la economía española seguía sumida en una profunda crisis. La política autárquica había demostrado ser un fracaso, provocando estancamiento productivo, inflación galopante, bajos niveles de vida y un creciente déficit exterior. La ayuda estadounidense era insuficiente para revertir la situación y organismos internacionales como el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Mundial se negaban a conceder créditos si no se acometían reformas estructurales.
A finales de la década de 1950, la situación económica era insostenible. Esto forzó a Franco, presionado por sectores aperturistas dentro del propio régimen, a realizar un cambio significativo en la dirección económica. En 1957, se produjo una remodelación del gobierno que dio entrada a una nueva generación de ministros conocidos como los tecnócratas:
- Eran profesionales con formación técnica (principalmente economistas y abogados), muchos de ellos vinculados al Opus Dei.
- Contaban con el respaldo de figuras influyentes como el almirante Luis Carrero Blanco, mano derecha de Franco.
- Eran partidarios de abandonar la autarquía y liberalizar la economía para integrarla en el sistema capitalista occidental.
Bajo la dirección de estos ministros (como Mariano Navarro Rubio en Hacienda y Alberto Ullastres en Comercio), se elaboró el Plan de Estabilización de 1959. Este plan supuso un giro radical en la política económica:
- Fin oficial de la autarquía y apertura al exterior.
- Medidas de estabilización monetaria para controlar la inflación (devaluación de la peseta, limitación del crédito).
- Liberalización parcial del comercio exterior y fomento de la inversión extranjera.
- Reformas fiscales y reducción del gasto público.
El Plan de Estabilización, aunque impuso sacrificios iniciales (aumento del paro, congelación salarial), sentó las bases para el rápido crecimiento económico de la década de 1960 (el llamado “milagro económico español”).
Primeros Síntomas de Cambio Social y Oposición
Mientras el régimen se consolidaba políticamente y reorientaba su economía, la sociedad española comenzaba a experimentar transformaciones lentas pero significativas. La mejora económica (aunque incipiente), el contacto con el exterior (turismo, emigración) y los cambios generacionales empezaron a crear fisuras en el consenso pasivo que había caracterizado la posguerra.
A partir de mediados de los años 50, comenzaron a manifestarse los primeros signos de oposición interna, aunque todavía débiles y reprimidos:
- Protestas estudiantiles: En 1956 se produjeron los primeros enfrentamientos significativos entre estudiantes universitarios y la policía en Madrid.
- Conflictividad obrera: A pesar de la prohibición de huelgas, comenzaron a surgir movimientos huelguísticos espontáneos (Asturias, Cataluña, País Vasco), a menudo al margen del sindicato oficial. Nacen las primeras Comisiones Obreras (CCOO) de forma clandestina.
- Distanciamiento de sectores católicos: El Concilio Vaticano II (convocado en 1959, aunque sus efectos se notarían más tarde) impulsó una renovación dentro de la Iglesia Católica, fomentando una mayor preocupación social y un cierto distanciamiento crítico de algunos sectores eclesiásticos y organizaciones católicas (HOAC, JOC) respecto a la dictadura.
Aunque la dictadura seguía firmemente asentada y la represión continuaba siendo la norma, durante la década de 1950 se sentaron las bases de las profundas transformaciones económicas y sociales, y también de las crecientes tensiones entre un régimen autoritario inmovilista y una sociedad cada vez más dinámica y compleja, que marcarían las décadas siguientes.