Fundamentos Psicológicos de la Identidad: Afectividad, Relaciones y Perdón

B. Las Búsquedas del Fundamento de la Identidad

El ser humano busca relaciones personales. Estas relaciones marcan el sentir y el creer quién soy. Si fracasan las relaciones, fracasa la propia autoestima. La inseguridad (¿quién soy?  duda) aparece a la hora de tomar decisiones, al saber lo que siento. El gran miedo del ser humano es la soledad. Queremos huir de los miedos, de la soledad… y buscamos compañía, aunque a veces de forma impulsiva. Al huir, suele ser fácil equivocarse, no se termina de conectar con las personas. Por mucho que huyamos, recaemos en la soledad porque nadie me conoce. No puedo contar mis problemas porque no se abren conmigo. Son apariencias.

Hermann Hesse afirma esa sensación de soledad porque nos falta la capacidad de conectar y conocernos de verdad. ¿Cómo conocemos a los demás? Del conocimiento siempre surge la duda (¿puedo confiar en esa persona?). Cuando uno huye de la soledad, busca compañía, pero no termina de fiarse de los demás porque, en algún momento, esa persona me fallará. Buscamos y, a la vez, sentimos un recelo (acercamiento-distancia). En esta duda, al no querer equivocarse, puede haber un error:

  • 1er ERROR  La equivocación: algo involuntario.
  • 2º ERROR  El autoengaño: cuando cierras los ojos ante indicios, sabiendo que te estás equivocando.

Estos errores pueden ser difíciles de distinguir (ejemplo: en una relación); te puedes desengañar sin darte cuenta. Buscamos un conocimiento y también una aceptación. Alguien me acepta como soy y en eso consiste no estar solo. Es el acto psicológico más complejo y profundo que puede alcanzar el ser humano. Es un largo proceso. Todo lo que vimos tiene que ver con el autoconocimiento y la autoaceptación.

El humano se plantea dos corrientes psicológicas con dos soluciones contradictorias:

  1. La autoafirmación: el humano tiene que afirmarse a sí mismo. Tienes que conseguir una autosuficiencia. Necesitamos aprender a estar solos.
  2. Una dependencia: necesitas una compañía para apoyarte en alguien. Pero esa dependencia puede generar una despersonalización.

Esta polaridad es algo que todos nos planteamos. Ejemplo: Cortometraje: ¿Cousins? Cada uno interpreta su modo de ser y su carácter (un poco caricaturizado). El actor hace de sí mismo; habla de lo que él hace. Moline, el otro, intenta sentirse aceptado y querido. Quiere sacar una relación, es extrovertido, habla de los demás. La autoafirmación resulta grotesca. Al final, se queda solo. Aunque Moline es demasiado dependiente. Uno de los grandes problemas psicológicos es este: ¿Cómo compaginar la autoafirmación con la dependencia?

II. La Fundamentación Afectiva de la Identidad

Cuando estamos en un lugar, establecemos unos lazos afectivos con personas, lugares, cosas… y esos lazos configuran nuestro mundo afectivo. Para habitar el mundo en que vivimos, ese lugar tenemos que convertirlo en un mundo afectivo, acostumbrándonos a ese lugar, esas cosas, esas personas… Tiene que haber una conexión. Ejemplo: Cuando una persona llega de fuera, le preguntan: “¿Cómo te has acostumbrado a ese nuevo lugar?”. Si ha establecido esos lazos afectivos, dice que bien (cuando se siente a gusto). Todo eso significa estar arraigado. Pero cuando no se realiza ese establecimiento de lazos nuevos, porque les cuesta mucho o por problemas de excesivo movimiento, se produce un caso de desarraigo (es un fenómeno que se retroalimenta). Te cierras en ti mismo.

Madurez afectiva: persona que se lleva bien con el entorno y está arraigado. Para saber qué es un afecto, hay que hacer una distinción. Podemos distinguir dos realidades:

  1. Afectos predeterminados por una necesidad: (Ejemplo: lo que siente el niño pequeño por su madre). Es una relación muy determinada por unas necesidades. Por eso son relaciones muy previsibles. Esa necesidad es algo que uno reclama como un derecho y, si no lo recibe, protesta. La necesidad se ve como un derecho y, por eso, uno siempre siente cierta vergüenza porque le ha utilizado (a veces pide perdón).
  2. El aprecio: es la forma de sentir el afecto como aprecio. La relación siempre es algo libre y espontáneo. No se ve como un derecho, sino como un regalo. Uno se siente agradecido.

El afecto es la unión de estas dos formas de sentir. Ejemplo: el niño, cuando va creciendo, pasa de necesidades a aprecio y ve que ella siente/necesita cosas. Le quiere porque ha sido una buena madre; cuando la necesitaba, estaba ahí.

La maduración afectiva requiere llegar al aprecio desde la necesidad y no por eso deja de necesitarla. ¿Qué pasaría en una relación si solo tengo en cuenta el aprecio? Solo quiero su amor/amistad. Estaríamos en un amor/amistad platónico. Un amor libre, espontáneo, desinteresado. No tiene en cuenta las necesidades y somos una carga para los demás; necesitamos atención. Nos tenemos que aguantar y cargar el uno con el otro. El amor platónico es irreal.

Si para una persona la necesidad es preponderante, nos encontramos con los amores posesivos. Tener una actitud posesiva es de alguien que busca satisfacer una necesidad. Es el mismo comportamiento del niño, pero adulto. Tengo asegurada la satisfacción de mi necesidad. Así que reclama, busca tener un control ante la situación. Esa actitud de control puede ser explícita (casi violenta). Es de persona inmadura que no establece una relación real porque se ha quedado en la necesidad y no se pasa al aprecio. Si sientes que estás presionado y no te sientes tranquilo o a gusto, es porque puede haber una relación posesiva (sutil, pero posesiva).

CORTOMETRAJE: Samanta Plantea una situación que vemos que algo no funciona. Samanta, la protagonista, está atrapada. Le dicen que vaya a la universidad, pero en el fondo la presionan para que se quede y ella no tiene más remedio. En esa situación familiar, los padres están necesitados. El padre tiene una enfermedad y la madre está cansada. Samanta es el punto de unión entre los padres. Al final, cuando cierra la puerta, en su momento de soledad, su madre le llama. Es imposible que viva su propia vida, no tiene soledad y abre la puerta a su disposición. La relación se establece en términos de exigencias. Se pasa de un reproche a una satisfacción (primero le dicen que solo piensa en ella y luego que es la hija ideal). Este carácter bipolar hace que la relación sea agobiante, es pesada. Por eso las relaciones posesivas se autodestruyen.

¿Por qué se establecen relaciones posesivas? Siempre responde a que hay una sensación de inseguridad, necesita el apoyo y compañía de otro. Necesita sentir que controla al otro. No confía en la libertad del otro. Tanto en lo posesivo como en lo platónico se da una inmadurez donde no se han integrado necesidad y aprecio.

¿Qué pasa cuando se integran necesidad y aprecio? Surgen los afectos familiares. La necesidad está presente y aprendemos a apreciar a las personas. Es el ámbito natural en el que la necesidad y el aprecio empiezan a integrarse. Se trata de un afecto originario (uno pertenece a su familia desde que nace) y eso da una gran seguridad. Es decir, el afecto familiar genera seguridad.

¿En qué consiste esa seguridad? Cuando nos falta la seguridad, nos hacemos posesivos. Y la persona que encuentra la seguridad en la familia, tiene afectos menos posesivos. La familiaridad es una característica psicológica de los afectos familiares. Es una forma muy característica de la confianza. Uno está seguro de esas personas, del hogar.

El hogar es el ámbito propio de la familiaridad. Cuando sentimos algo como hogar, sentimos el lugar al que pertenezco y que me pertenece. Ese sentimiento del hogar es la familiaridad. En nuestra casa, uno aparece tal y como es. Vivo en un ambiente de confianza. En nuestra casa parece que nunca nos toman en serio, nos conocen de toda la vida. Esa confianza hace que uno pueda tener manifestaciones de cariño, confianza que, a veces, pueden resultar ofensivas. Ejemplo: “Mamá, eres la peor cocinera”. Lo que a primera vista parece ofensivo, se sabe que hay confianza y no pasa nada. Samanta es la más madura psicológicamente. Toma el pelo a su padre y a su madre le quita el dramatismo. La familiaridad siempre se da en un ambiente de normalidad. Nunca es demasiado intensa o dramática. Estos asuntos familiares son fundamentales y, cuando ese fundamento falla, nos quedamos en el ámbito de la necesidad.

III. La Amistad como Paradigma de Relación Personal

Necesitamos a los demás para conocernos, que me digan lo que ven en mí.

CANCIÓN: El modelo Se plantea la sinceridad. Él cree que sus amigos ya no están con él porque otro les ha dicho cómo es realmente. Tú mismo no te puedes conocer al 100%. Él se da cuenta de que todo es apariencia. Por primera vez se da cuenta de que ese amigo le está diciendo la verdad. La voz de su amigo le abre los ojos. Para conocernos, necesitamos ser conocidos. Conocimiento y comunicación se implican directamente. Solo me pueden conocer si se da la comunicación.

¿Cómo conocemos a los demás? y ¿cómo sé que no me equivoco con esa persona? Aquello que conocemos en una relación personal es alguien único e irrepetible. Es decir, no es un conocimiento genérico. El carácter único e irrepetible en el conocimiento funciona de forma diferente. Cuando conocemos las cualidades de una persona, no significa que le conozcamos única e irrepetiblemente. Las cualidades nos dicen cosas, pero no son definitivas. Por eso, cuando conocemos a una persona, se produce una conexión inmediata.

El conocimiento genérico lo formulamos con datos. Puede suceder que tener los datos más significativos suponga conocer a esa persona, pero no es así. Ejemplo: Un psicólogo puede tener muchos datos de su paciente, pero no le conoce. Cuando se produce la conexión, también los datos tienen importancia. Hay datos negativos y otros positivos. Para juzgar los datos, hay que conocerlos desde la persona, desde la totalidad de esa persona.

¿Cómo se produce esa conexión inmediata? Cuando hay trato. El trato tiene tres aspectos:

  1. Tratar a una persona es compartir en el sentido de compartir la propia intimidad.
  2. Trato es conversar, hablar con otra persona sin objetivos y sin intereses. Hablando nos conocemos.
  3. Trato es convivir, compartir la misma vida.

Al ser el trato tan abierto y libre, y no conclusivo, siempre puede presentarse una duda: “El trato no se puede comprobar, así que ¿cómo puedo saber que esa persona es así y no va a cambiar?”  Eso genera dudas y, a veces, algunos datos nos pueden resultar dudosos.

CORTO: Ciego y su novia La novia le dice de manera poética que su amor ha terminado. Él comienza a dudar y empieza a recordar su vida con ella. Interpreta todos sus datos y saca la conclusión de que lo ha estropeado todo. La segunda vez que le llama, le pide ella la opinión de cómo ha interpretado el texto y él se queda callado. Ella le dice “¿me escuchas?” Y él le responde: “No, te estoy viendo”. Está volviendo a ver a su novia como su gran amor. Hasta ahora no le había visto porque se fijaba en los datos, pero ahora sabe cómo interpretarle.

El trato se fundamenta en la confianza. El ambiente en que se desenvuelve el trato es la confianza. No se puede quedar en los datos porque no hay confianza, tengo que ver a la persona en su totalidad. La única comprobación de quién es esa persona es esa persona. En una relación tiene que haber comunicación y un conocimiento. Al comienzo de toda relación, se empieza a idealizar (a considerar que es algo ideal) y, tarde o temprano, te chocarás con la realidad. Esa falta de realismo obedece a que, en todo conocimiento, uno siempre se hace ilusiones. Por eso el motor de la relación parece que es la trampa. Si te engañas, tarde o temprano te desengañarás. Por eso es importante entender por qué nos hacemos ilusiones y qué hay de verdadero en esa ilusión y qué hay de falso. La pregunta que nos hacemos es: ¿Cómo distinguir el conocimiento de la idealización? Se plantean dos distinciones:

EL APARECER: Hay una realidad en nuestra vida que son las apariencias (elegimos una forma de vestir). Así que, ¿qué conoce la gente de mí sobre mis apariencias? Somos seres comunicativos que necesitamos mostrarnos. Si me quitan las apariencias, ¿qué sabría de esa persona? Las apariencias tienen que ver con el aparecer, se hacen presentes. Con ese parecer decimos quiénes somos o cómo somos. Lo más significativo es ver a alguien que piensa que no le ves. Mirar a alguien resulta muy significativo. ¿Cómo darás crédito a sus apariencias si está desconectado? Nosotros no controlamos las apariencias. En ese aparecer comunicamos nuestro modo de ser y de una manera ingenua e inmediata. Por mucho que uno controle sus apariencias, siempre que alguien intenta ocultar algo, acaba saliendo a la luz. Ese ser yo, siempre aparece. Es imposible esconderse de todo.

EL APARENTAR: Uno se esconde detrás de una máscara, de un personaje que ha creado (está aparentando). Ese aparentar da pie a unas falsas apariencias (las apariencias te engañan porque no son verdaderas). Cuando uno aparenta en sus relaciones, ¿qué pasa? Hay una división en las relaciones:

  1. Los aduladores (los fans).
  2. Los críticos (a los que caigo mal).

Las personas o personajes de ese grupo se diferencian en aduladores: que te quieren; y los críticos (le caigo mal, pero no me conoce). Ahí uno se siente solo, se siente desconocido. Al principio del curso distinguimos el yo actual y el yo ideal (todas mis posibilidades, mi posible futuro). Esta dualidad permite que haya una historia. El yo actual tiende a un yo ideal. Ese camino que recorre el actual al ideal es la realización personal. A veces no sé lo que busco, se ve borroso. Nos podemos hacer una idea, pero en el fondo no sabemos. Ese yo ideal, que no termino de ver con claridad, de pronto aparece alguien que, de una manera misteriosa, me descubre, ve mi yo ideal. ¿Qué ha visto esa persona? (hay conexión). Lo que se ve es el yo actual, las apariencias actuales. Esa persona, viendo el yo actual, tiene un presentimiento del ideal de esa persona. Cuando se produce ese descubrimiento, la persona que se ve reconocida se sorprende. Ejemplo: Supongamos que las apariencias de esa persona son aparentes (alguien que va de duro), pero que luego no lo es tanto. De pronto encuentra a alguien, y esa persona ve lo que hay detrás. Alguien ve mi interior. Esa persona se sorprende. Es algo inefable. ¿Cómo te puedes haber enamorado de esa persona? ¿Qué has visto? He visto el ideal de esa persona. Siempre el conocimiento, esa conexión íntima con la personalidad del otro, lleva de la mano una amistad.

¿Qué efecto psicológico tiene esto? Esa persona que se siente reconocida ha descubierto mi verdad más íntima. Esa persona se siente confirmada en su existencia, en su ser. Uno aprende a aceptarse a sí mismo. Esa persona me ayuda a conocerme. Hace falta que alguien me descubra y que me acepte para que yo me descubra a mí mismo. Así me sentiré más a gusto.

Ese conocimiento que supera una confirmación resulta algo exigente. Esa persona ha visto mi yo ideal, no mi yo actual. Cuando alguien me conoce así, me conoce por entero. Lo que vemos aquí es el conocimiento en un ideal, pero ¿por qué sucede cuando se produce una idealización? Siempre que comienza una relación, tendemos a idealizar (proyectar sobre el otro mis propias ilusiones, ideales, expectativas, deseos…). Uno busca un amigo ideal. ¿Cuál puede ser la lógica de esa idealización? Pretendemos dictar a esa persona el papel que queremos que comporte. Buscamos controlar la relación. ¿Qué efecto psicológico tiene en el dictado o el idealizado? Siente una presión, como que siempre tiene que estar dando la talla. Me pide más de lo que puedo dar y ese no soy yo.

PELÍCULA: Mi pie izquierdo Muestra un caso real. Empieza mostrándonos al personaje principal en su momento de triunfo, cuando consigue realizarse. Le recogen en limusina a presentar su libro “Mi pie izquierdo” y comienza a narrar el libro. Una persona limitada, con parálisis cerebral, llega tan lejos gracias a su madre. Todos piensan que él es tonto, que no sabe hablar. Pero su madre es la única que le conoce realmente (él siente). Su madre ve sus posibilidades, su yo más profundo, y él no se convierte en alguien incapaz, sino que entiende todo y aprende a escribir sin que nadie le enseñe. De su madre aprende a conocerse. En un momento, él se empieza a enamorar de su maestra. La madre no es complaciente. Él empieza a idealizar a su maestra, pero ella no está enamorada de él. Él necesita algo más y busca el amor. La madre le aporta compromiso. El conocimiento del yo ideal tiene la fuerza del compromiso. Alguien cree en mí hasta el final. Su madre tiene fe en él y él empieza a confiar en sí mismo otra vez. Ella le da impulso y libertad. El conocimiento del yo ideal no dicta lo que tienes que hacer.

¿Qué se siente cuando hay idealización?  Me siento vigilado. El control se manifiesta en vigilancia, no hay libertad ni impulso. Kristi siente un gran agradecimiento por su madre. ¿Qué pasa cuando hay una idealización? Uno piensa “qué sería de mí sin ti”. Esa persona no se fía de mí porque me dicta y me controla. No hay confianza. Por eso la persona idealizada siente que le controlan, siente hundimiento y se genera un resentimiento. Kristi se hunde borracho y su madre no deja de creer en él, no le rechaza. En cambio, cuando una persona idealiza a otra y le engaña, se olvida de él. Por eso, cuando el conocimiento del ideal es verdadero, uno se siente comprendido y hay una confianza. Cuando se da esa conexión, ese conocimiento tan especial, surge una profunda confianza. Él sabe cómo tratarme y me fío.

CANCIÓN: El ser más profundo Es una intuición del poeta. Consiste precisamente en la inconsciencia vencida por el amor. La confianza no se puede exigir, no es tan fácil. A veces no nos sentimos del todo convencidos. Tienes que ganar la confianza: se da, no se pide y no se reclama.

POEMA: Con un soplo de tu mirada ya me rindo (E.E. Cummings) Esa persona es capaz de que, cuando todo está contra mí, viene esa persona y todo cambia. “El soplo abre la rosa”. Es un misterio, ¿cómo lo haces? ¿Cómo haces que me fíe, que me abra? Lo que me dices es más profundo que todo.

Carácter regenerativo del perdón en una relación: En el perdonar, desde el punto de vista psicológico, sucede que en la historia de una relación hay acontecimientos que bloquean esa relación. Se presenta un fallo: ese “yo” actual puede convertirse en un “yo” fallido  “He fallado a esa persona” y eso bloquea la relación. ¿Cómo supero ese bloqueo?

CORTO: Hermanas negras La situación que describe plantea un bloqueo. Ella no puede perdonar a su padre por cosas que ha hecho. Sin embargo, ella conserva otros buenos recuerdos. ¿Qué pasa cuando ocurre ese “yo fallido”? Entre el yo actual (fallido) y el yo ideal, el puente entre los dos se ha roto. Parece que esa persona ha perdido el ideal que una persona ha puesto sobre el otro. Esto tiene diferentes cuestiones. Parece que esa persona no es lo que yo pensaba que era. ¿Qué pasa con el que traiciona? También para él ese puente se ha roto. Su propia autoestima se ha destruido. Uno se identifica con su propio fallo: “soy así”. Parece que el fallo rompe el ideal que uno había puesto en el otro, como la propia autoestima (creer en uno mismo). Se ha roto el encanto.

El perdón resulta la única salida. El perdón restablece ese puente que se había roto. La persona que tiene que perdonar recobra esa ilusión y vuelve a ver el ideal del otro. Hay que conseguir que el que ha fallado regenere su propia autoestima. El perdón es complejo y muy inocente. ¿Qué pasa cuando se perdona? Cuando se produce un fallo, la persona afectada sufre una herida. La primera acción es rechazo del que me ha fallado: “No quiero ni verlo”. Ese rechazo, con el tiempo, coincide con varios recuerdos, con el ideal del otro. Entonces, ¿cómo hago yo para explicarme cómo una persona que me parecía tan buena me haya fallado así?  “Cómo puedo hacerlo…”. Este proceso es muy costoso y requiere tiempo y esfuerzo para asimilarlo. Se trata de regenerar esa imagen del otro en mí, integrando el fallo (el fallo nunca se olvidará, hay que integrarlo). Una cuestión fundamental en el perdón es saber la verdad. Tengo que saberlo todo para perdonarte, quiero saber la verdadera imagen del otro. ¿Qué pasaría en el caso de que hubiera una idealización? Nunca se plantea perdonar. No le echas de menos, simplemente es una proyección de lo que espera del otro. Incluso si hay una sospecha, prefiere no enterarse porque no le importa la realidad del otro. Uno se identifica con el defecto.

¿Qué hace el perdón? Lo que hace ante la postura “soy así” es decirle: “No, tú no eres así, tú eres más. Tú eres lo que yo veo”. Lo que hace es separar a la persona con ese fallo: “Has metido la pata, pero tú no eres así”. Para que el otro siga creyendo en él, necesita saber la verdad. ¿Qué efecto psicológico tiene esa postura si no le cuento toda la verdad? Estará en el engaño, al otro le resultará engañoso y no estará a gusto. Por eso, tarde o temprano, tiene una necesidad de decírselo, porque cree en esa relación. Por eso, el pedir perdón es presentar la verdad de mi fallo. LA CONFESIÓN es una necesidad que tiene que estar fundamentada en la verdad. Si el otro consigue ver el ideal del otro, el que se siente perdonado le da mucha confianza y le devuelve la autoestima. La persona que perdona regenera la imagen, pero no la del principio. Es una imagen que el otro igual necesita una vigilancia, no por desconfianza, sino por ayudarle. No quiere decir que se haya desilusionado, admite la verdad: una verdad madura y real. Esa imagen es más enfocada: “ya sé cómo es”.

  • Una relación empieza con la idealización.
  • Los fallos perdonados purifican la idealización (acepto esa imagen que ya la conozco).

¿Qué produce en la persona perdonada? Una seguridad muy importante en las relaciones: “me quiere y me acepta como soy”. Se perdona a la persona, no a las cualidades de esa persona. La relación es más personal, más única e irrepetible. Te das cuenta de hasta qué punto una persona me acepta tal y como soy. Al perdonar, uno le devuelve la autoestima, su ideal. El tema del perdón es fundamental en una relación.