La Década Ominosa (1823 – 1833)
En este período, Fernando VII aprende de los errores del anterior y restaura el Antiguo Régimen, pero de una forma más moderada. No es una vuelta al régimen del primer período; por ejemplo, el tribunal de la Inquisición y las órdenes militares no son restauradas.
El rey nombra gobiernos absolutistas moderados, lo que lleva a que los absolutistas se dividan en dos grupos: los moderados y los ultras.
El apoyo de Fernando VII a los absolutistas implica la persecución de los liberales (mueren personajes como el general Torrijos, el Empecinado, etc.), pero estos siguen protagonizando manifiestos como el de Riego (distinto al anterior).
Se realizan una serie de reformas siguiendo el modelo del despotismo ilustrado, entre las que destacan:
- Se crea el Ministerio de Fomento, que se encarga de la agricultura, la industria, las infraestructuras, el transporte, etc.
- Se elaboran los primeros presupuestos del Estado, que consisten en determinar los ingresos y gastos del Estado para el año siguiente.
- Se constituye el Consejo de Ministros.
- Se crea el Código de Comercio.
- Se crea la Bolsa de Madrid.
- Se intenta una reforma fiscal que consiste en hacer pagar a todos por igual, pero se encuentra la oposición de los grupos privilegiados y se queda solo en proyecto.
En este período también se soluciona el problema de la emancipación de las colonias españolas de América, ya que España reconoce la independencia de muchas de esas colonias, pero surgen dos problemas nuevos:
- Fernando VII se apoya en los absolutistas moderados, lo que provoca la protesta de los ultras (apostólicos), que consideran que las reformas de Fernando VII son liberales, lo que lleva a algunos incluso a realizar levantamientos, rebeliones, etc., como la revuelta de los Malcontents.
- El otro problema es el sucesorio.
El Motín de Aranjuez y las Abdicaciones de Bayona (1808)
Ante lo que estaba ocurriendo, Napoleón proyecta otro plan: el bloqueo continental, que consiste en cerrar toda Europa a los productos ingleses para que estos carecieran de mercado para su venta y se produjera una crisis económica en Inglaterra que obligara a estos a firmar la paz. Para llevar a cabo su plan, Napoleón tenía como aliados a todos los países del continente menos a Portugal, por lo que en 1807 busca la alianza de España contra el país luso mediante la firma con Godoy del Tratado de Fontainebleau, en el cual se establecen dos cosas:
- La participación conjunta de soldados españoles y franceses en la conquista de Portugal.
- Una vez ocupado, Portugal se dividiría en dos partes: la norte, que quedaría como protectorado francés; y la sur, que sería un reino independiente que sería entregado a Godoy.
Tras esto, en 1808, el tratado comienza a cumplirse y las tropas francesas comienzan a entrar en España para dirigirse hacia Portugal, pero Napoleón no cumple bien el acuerdo, ya que pasan más soldados de los establecidos y en las ciudades por las que pasan se van quedando guarniciones importantes. Ante estos hechos, Godoy se muestra intranquilo, ya que más que una alianza parece una invasión, por lo que decide trasladar al rey y a la reina a Aranjuez para que desde allí pudieran escapar a Cádiz y más tarde a América. Al llegar los reyes a Aranjuez, los contrarios a Godoy les están esperando y el 17 de marzo de 1808 se produce el motín popular de Aranjuez, en el que el pueblo asalta el palacio donde están los reyes y obligan a Carlos IV a cesar a Godoy y a abdicar en el príncipe de Asturias, su hijo Fernando, líder de los amotinados, que reinará con el nombre de Fernando VII. Carlos IV regresa a Madrid, donde ya estaban las tropas francesas, y allí, con el apoyo de estas, dice que en realidad le han obligado a abdicar y que el rey sigue siendo él, lo que genera que en España haya dos reyes al mismo tiempo.
Napoleón quería que España fuera un reino vasallo de Francia y, para lograrlo, se aprovecha de que es el personaje más fuerte de la época e interviene en el conflicto entre Carlos IV y Fernando VII como árbitro. El emperador pide a padre e hijo que acudan a Bayona y una vez allí, les engaña para que ambos abdiquen en su persona con el pretexto de que después él elegirá a uno como legítimo rey de España. Tras esta jugada, el emperador nombra rey de España a su hermano, José Bonaparte, conocido popularmente como Pepe Botella, y para no tener ningún problema con el regreso de los reyes a España, decide encerrarlos en unos palacios franceses.
Para asegurar el orden público y la buena marcha de sus planes, el emperador ordena a sus tropas que se sitúen en las principales ciudades españolas. Napoleón creía que con la nueva situación la población española iba a estar contenta, pero esto no es así y se origina la Guerra de la Independencia.