1. La Experiencia de Ser Persona
«Alguien» y no «algo»: ¿Qué significa ser persona?
Para intentar responder con mayor rigor a esta pregunta, vamos a describir, en primer lugar, algunas de las características de la experiencia de encuentro con lo personal. Preguntarnos “¿quién soy yo?” significa interrogarse sobre la propia condición única frente al resto de lo real, y también frente a los demás seres humanos. Por eso, por una parte, notamos que en nosotros se cumple el modo de ser propio de toda una especie, de que formamos parte de los humanos. Pero, al mismo tiempo, cada uno se experimenta como alguien único, irrepetible, que no puede ser sustituido por otro. Por eso, los individuos humanos no se identifican por completo con su especie o clase, ni se subordinan totalmente a ella.
La persona: un intento de definición
La pregunta por el qué
Normalmente, llamamos naturaleza al conjunto, orden y disposición de todos los seres que existen, sujetos a unas leyes propias. Pero en un sentido filosófico, denominamos naturaleza a lo que hace que algo sea una realidad determinada y no otra. Sin embargo, mientras que los demás seres actúan según su modo de ser y no pueden hacer otra cosa (el caballo y la pantera, por ejemplo, son animales, pero se diferencian en el hecho de que los caballos tienen una forma de ser y de actuar particular, distinta de la de los felinos), el obrar humano aparece como problemático. El ser humano pertenece al mundo material, por tanto, está sujeto a sus leyes fijas, pero, al mismo tiempo, se inserta en el mundo de la libertad. Esta aparente contradicción ha conducido a diversas interpretaciones del concepto de naturaleza humana e, incluso, a la negación de esta.
El descubrimiento del quién
Las dimensiones de la persona suponen un todo integrado, una unidad bio-psico-espiritual.
Cada dimensión supone a las demás y no puede entenderse sin ellas.
La autoconciencia
En este sentido, el ser humano cuenta con la capacidad de distanciarse de sí mismo y, así, ser consciente de sí —yo soy yo—, de conocerse a sí mismo.
Esta autoconciencia nos permite, además, superar la propia subjetividad. El ser humano tiene la capacidad de relativizarse o cuestionarse a sí mismo, de comportarse con altruismo o generosidad, pensando en el otro antes que en sí mismo. El ser humano sabe que es aquí y ahora de una manera determinada: pertenece a la especie Homo sapiens; además, ha nacido en tal época y clase social, etc. Pero también sabe que es un yo, alguien que no había existido con anterioridad y que, en consecuencia, aporta algo nuevo.
Pero el hecho de ser una persona no exige la conciencia actual de serlo. Esta dependerá, por ejemplo, de la edad que se tenga (el embrión y el recién nacido no saben todavía de sí mismos como un yo), o del estado de salud o enfermedad (una persona con la enfermedad de Alzheimer, por ejemplo, no ejercita un yo psicológico). Por eso los seres humanos son personas, aunque no siempre lo sepan.
Corporalidad
Todo ser humano forma parte del universo físico y no es posible entenderlo fuera de él. El hombre, en realidad, es «alguien corporal». Nuestra corporalidad es algo que nos permite realizar y manifestar el yo que somos: bailando, escalando una montaña, pintando, hablando, abrazando, etc. El cuerpo no es una cárcel —como pensaba Platón—, pues nos permite relacionarnos e interactuar con el mundo y con los demás…, es decir, ser nosotros mismos.
Auto-trascendencia
La persona es capaz de trascenderse a sí misma, de proyectarse. Por eso puede distanciarse de sí misma, no en el sentido de dejar de ser quien es, sino de establecer un diálogo interior. Esto diferencia la subjetividad humana de la subjetividad animal. La persona tiene intimidad.
En esta capacidad de trascenderse, se funda la dimensión religiosa de los seres humanos, dimensión que está presente en todas las culturas y etapas de la historia.
Apertura a los demás
La apertura a los demás es otra parte esencial de todo ser humano. Esto es así tanto en su dimensión biológica (el recién nacido es inviable sin el cuidado de otros) como en la psíquica. La persona reclama que otras personas la conozcan y la acepten. De ahí que sintamos la necesidad de comunicar y compartir lo que tenemos dentro.
Sociabilidad
Es consecuencia de lo anterior la instalación social, cultural e histórica de la persona. El ser humano no es un yo que esté fuera del espacio y del tiempo, pues quien ejerce la libertad es la persona concreta: todo hombre nace en un lugar, en una época y en un ambiente social.
Por lo tanto, no es verdaderamente humana la búsqueda del bien de uno mismo, sino la búsqueda del bien común propio de la sociedad civil. Las libertades de los diferentes ciudadanos de una comunidad son necesarias para un adecuado desenvolvimiento personal y social.