Exploración Musical y Crisis Colonial Española: Siglos XV-XIX

Exploración Musical: Del Renacimiento al Barroco

A continuación, se presenta un breve recorrido por algunas piezas musicales significativas de los siglos XV al XVII:

  1. Propiñan del Melyor (Anónimo):
    • Cronología: Siglo XV (finales de la Edad Media y principios del Renacimiento).
    • Géneros: Culto, profano, instrumental y puro.
    • Compás: 4/4.
    • Tonalidad: Modo de Re.
    • Textura: Homofónica a 3 voces.
    • Estructura: Una única sección temática A dividida en 3.
    • Forma: No específica.
    • Bonus: Se encuentra en el Cancionero de la Colombina.
  2. Canon Perpetuo (Bartolomé Ramos de Pareja):
    • Cronología: Siglos XV-XVI (música renacentista con carácter contrapuntístico).
    • Géneros: Culto, profano, instrumental y puro.
    • Compás: Ternario.
    • Tonalidad: Uso de Fa con alteración propia y Do con accidente.
    • Textura: Contrapuntística con uso de la técnica del canon.
    • Estructura: (A, A, A, A).
    • Forma: Canon circular a 3 voces.
    • Bonus: Canon con entradas en “comes” (técnica contrapuntística de imitación).
  3. La Mantovana (Gasparo Zanetti):
    • Cronología: Siglo XVII (adoptada en el Barroco, 1645).
    • Géneros: Instrumental, culto y profano.
    • Compás: 4/4.
    • Tonalidad: Re menor, con Si bemol como alteración propia.
    • Textura: Melodía acompañada.
    • Estructura: AABB.
    • Forma: Canción de danza.
    • Bonus: Adoptada en diversas recopilaciones y en nuevos lenguajes compositivos del Barroco.

Crisis Colonial Española y el Desastre de 1898

Las Guerras de Cuba, el Conflicto Bélico contra Estados Unidos y la Crisis de 1898

Tras la derrota de Ayacucho en 1824, el imperio español quedó reducido a unas pocas colonias, siendo Cuba la más valiosa por su riqueza en azúcar y tabaco. A pesar de su importancia, la isla ya no dependía económicamente de España, ya que su producción se comercializaba directamente en dólares y con barcos extranjeros. EE.UU., con crecientes inversiones en ingenios azucareros y un fuerte comercio con la isla, intentó comprarla varias veces. La sociedad cubana estaba dividida entre independentistas, autonomistas y empresarios españoles que defendían sus intereses, mientras que el problema de la esclavitud, con más de 350.000 esclavos en la isla, seguía siendo clave.

El primer gran conflicto fue la Guerra de los Diez Años (1868-1878), iniciada con el Grito de Yara de Carlos Manuel de Céspedes, quien proclamó una constitución liberal y la abolición gradual de la esclavitud. Sin embargo, la falta de apoyo de toda la oligarquía criolla debilitó el movimiento. España intentó sofocar la insurrección combinando represión y negociación. La Paz de Zanjón (1878) mantuvo la soberanía española a cambio de promesas de autonomía, representación política y la abolición parcial de la esclavitud. Sin embargo, la tensión persistió y en 1879 estalló la Guerra Chiquita, un intento de reavivar la lucha, pero esta vez la respuesta del ejército español fue rápida y contundente, logrando sofocar la revuelta en menos de un año.

Diecisiete años después, la situación en Cuba no había cambiado. El fracaso de los proyectos autonomistas y el crecimiento de los intereses estadounidenses impulsaron un nuevo levantamiento independentista. En 1895, el Grito de Baire marcó el inicio de la tercera y definitiva guerra. José Martí, Máximo Gómez y Antonio Maceo dirigieron la lucha con tácticas de guerrilla, atacando en las zonas rurales y evitando el enfrentamiento directo con el ejército español. Martí murió ese mismo año, seguido de Maceo en 1896, pero la guerra continuó con gran intensidad. España envió a Martínez Campos y luego a Weyler, quien aplicó una dura represión con campos de concentración, causando miles de muertes por hambre y enfermedades. En 1897, el asesinato de Cánovas llevó al poder a Sagasta, quien sustituyó a Weyler por el general Blanco y concedió autonomía a Cuba, pero esta medida llegó demasiado tarde. EE.UU., influenciado por la prensa de Hearst y Pulitzer, decidió intervenir en favor de los insurgentes.

El hundimiento del acorazado Maine en febrero de 1898 sirvió de pretexto para que EE.UU. declarara la guerra a España. A pesar del optimismo español, su armada era muy inferior. En junio, la flota española fue destruida en Santiago de Cuba y tropas estadounidenses ocuparon Cuba y Puerto Rico. En Filipinas, donde la insurrección independentista estaba liderada por José Rizal, EE.UU. también intervino, destruyendo la flota española en Cavite y ocupando el archipiélago.

El Tratado de París (1898) puso fin a la guerra. España perdió sus últimas colonias: Cuba quedó bajo control estadounidense, mientras que Filipinas, Guam y Puerto Rico fueron cedidos a EE.UU. a cambio de 20 millones de dólares. En 1899, España vendió a Alemania sus últimas posesiones en el Pacífico: Marianas, Carolinas y Palaos.

Las consecuencias fueron profundas. La guerra dejó más de 120.000 muertos y el fin del conflicto supuso un alivio para la población española, especialmente para las clases humildes, que habían sufrido el reclutamiento forzoso. España perdió su condición de potencia colonial y su prestigio internacional se debilitó. El ejército quedó desprestigiado y la Restauración se vio afectada. Ideológicamente, surgió un debate sobre la decadencia del país, impulsado por los regeneracionistas como Joaquín Costa y reflejado en la Generación del 98 (Unamuno, Pío Baroja, Azorín).

En el ámbito económico, la pérdida de los mercados coloniales fue un golpe, pero la industria española logró recuperarse rápidamente. La repatriación de capitales permitió un gran desarrollo de la banca y fortaleció la economía en sectores clave como la siderurgia y la construcción. Aunque el Desastre del 98 representó el fin del imperio español de ultramar, también marcó el inicio de una nueva etapa en la modernización económica de España.

El Sistema Canovista: La Constitución de 1876 y el Turno de Partidos. La Oposición al Sistema

La Restauración (1875-1923) supuso el regreso de los Borbones tras el Sexenio Democrático. Alfonso XII fue proclamado rey el 29 de diciembre de 1874 tras el pronunciamiento de Sagunto, dirigido por el general Martínez Campos. Aunque Cánovas del Castillo intentó que la vuelta a la monarquía se produjera por deseo popular, en la práctica fue un golpe militar el que restauró la monarquía borbónica. En enero de 1875, Alfonso XII llegó a España, iniciando un periodo de estabilidad basado en el sistema canovista, diseñado para evitar los problemas políticos del siglo XIX mediante una monarquía parlamentaria y la alternancia pacífica en el poder de dos partidos.

El sistema se reguló con la Constitución de 1876, la más duradera hasta el momento, vigente hasta 1923. Inspirada en la Constitución de 1845, incorporaba elementos de la de 1869. Su flexibilidad permitía gobernar sin necesidad de cambiarla. Se establecía una monarquía parlamentaria con soberanía compartida entre el Rey y las Cortes, con un Senado cuyos miembros eran designados por el monarca y un Congreso elegido por sufragio, que fue censitario primero y universal masculino desde 1890. Aunque reconocía derechos individuales, su regulación dependía de leyes ordinarias, lo que permitía limitarlos o anularlos. España se declaraba un Estado confesionalmente católico, aunque permitía el culto privado de otras religiones.

El sistema político se basaba en la alternancia pactada entre el Partido Conservador (Cánovas) y el Partido Liberal (Sagasta), conocida como turno pacífico. El fraude electoral garantizaba el cambio de gobierno: el rey disolvía las Cortes y se amañaban elecciones mediante el encasillado, manipulando resultados a través de los caciques locales. El sistema aseguraba el poder de la nobleza y la burguesía, mientras que republicanos, socialistas y nacionalistas quedaban relegados.

Durante el reinado de Alfonso XII (1875-1885), el sistema canovista se consolidó. Se eliminó el protagonismo militar y se puso fin a la Tercera Guerra Carlista y a la insurrección cubana con la Paz de Zanjón (1878), que prometía autonomía para la isla y la abolición parcial de la esclavitud. La economía creció con el desarrollo industrial en Cataluña y el País Vasco, impulsado por una política proteccionista.

Tras la muerte de Alfonso XII en 1885, su esposa María Cristina asumió la regencia (1885-1902). Para mantener la estabilidad, Cánovas y Sagasta firmaron el Pacto del Pardo (1885), asegurando el turno de partidos. Sagasta impulsó reformas progresistas, destacando la ley de Sufragio Universal Masculino (1890). Sin embargo, en 1895 estalló una nueva insurrección en Cuba, que llevó a la intervención de Estados Unidos y la derrota de España en 1898, perdiendo Cuba, Puerto Rico y Filipinas. Este Desastre del 98 hundió al país en un clima de pesimismo. Además, en 1897 Cánovas fue asesinado por un anarquista, debilitando el sistema.

Durante la regencia creció la oposición. Los republicanos se fragmentaron en catalanistas, regeneracionistas y revolucionarios. El movimiento obrero se fortaleció con la legalización de partidos y sindicatos tras la Ley de Asociación de 1887. Destacaba el PSOE (1879), fundado por Pablo Iglesias, que evolucionó hacia posiciones reformistas y creó la UGT (1888), luchando por salario mínimo, jornada de 8 horas y prohibición del trabajo infantil. Los anarquistas, divididos entre anarcosindicalistas y grupos de acción directa, rechazaban la vía política y practicaban atentados contra figuras del poder.

También surgieron los nacionalismos catalán y vasco. En Cataluña, Valentí Almirall y Prat de la Riba impulsaron la Unió Catalanista (1892) y las Bases de Manresa, que proponían una Cataluña con Parlamento propio y el catalán como única lengua oficial. Más adelante, el movimiento se dividió en La Lliga (conservadora) y Esquerra Republicana (republicana y revolucionaria). En el País Vasco, Sabino Arana fundó el PNV (1894), basado en el catolicismo radical y la reivindicación foral, defendiendo la independencia vasca y la pureza racial frente a la llegada de inmigrantes.

En 1902, Alfonso XIII asumió el trono al cumplir 16 años, poniendo fin a la regencia de su madre.