Evolución de la Narrativa Española Tras Franco: De la Experimentación al Éxito Comercial

La Evolución de la Narrativa Española Tras Franco

La muerte de Franco y la recién inaugurada democracia arrinconan la narrativa experimental y especializada que había producido logros innegables. Ahora se recupera lo que se consideraba subliteratura: relatos policíacos, novela negra, novela rosa, novela sentimental, erótica, de aventura…, y subgéneros como novela histórica, psicológica, lírica y de memorias. La producción de novelas es abundantísima, y la industria editorial se somete más que nunca a las leyes de mercado, que a través de campañas publicitarias alimentan el fenómeno de los “best-seller“.

Primeros Éxitos y Parodias de Género

La verdad sobre el caso Savolta de Eduardo Mendoza, publicada meses antes de la muerte de Franco, utiliza ya recursos de géneros mucho más atractivos para el lector: es pseudohistórica, policíaca, picaresca, casi rosa… Mendoza parodia la novela de ciencia ficción en Sin noticias de Gurb (1991), así como la novela de detectives con su rocambolesco y poco higiénico detective psicópata de nombre desconocido, divertido protagonista de: El misterio de la cripta embrujada (1979), El laberinto de las aceitunas (1982) y La aventura del tocador de señoras (2001).

El Rechazo a la Experimentación Excesiva

También Antonio Muñoz Molina, narrador y crítico literario, desechaba con estas palabras el exceso de experimentación de los años 70: “Al leer ciertas novelas oímos crujir pesadamente su mecanismo. Hasta hace unos años esto era un mérito: se presumía de la técnica, de modo que no se hacía soñar al lector: se le hacía dormir.” Sus novelas Beatus Ille (1986), y El jinete polaco (1991), – ambientadas en Mágina, espacio mítico-… aúnan vanguardia y tradición. Regresan a la narración, al personaje y rechazan el experimentalismo vacío y lúdico. En la primera, un investigador literario se convierte en investigador de un crimen, y en la segunda un traductor simultáneo nos llevará a recordar la historia reciente de España.

Detectives y Existencialismo

Inolvidable también el detective Pepe Carvalho, campechano y gourmet de tantas novelas de Manuel Vázquez Montalbán desde Yo maté a Kennedy (1972) hasta El premio (1996). Los detectives de Juan José Millás no son profesionales, sino existencialistas y bastante surrealistas. En Papel mojado Manolo G. Urbina se convierte en detective improvisado a la fuerza, en falso narrador, y sorprendentemente en el asesino del crimen que él investiga. En No mires debajo de la cama, tras un levantamiento de cadáver, encontramos al típico médico forense, a una juez bastante atractiva, a un podólogo inexistente y a una masajista lectora, protagonizando en calles madrileñas como López de Hoyos y en el concurrido y poco poético metro de nuestra ciudad, una historia psicodélica.

La Observación Escéptica de la Realidad

Soledad Puértolas es una narradora austera, que prefiere a los personajes secundarios y que no desperdicia palabras, pero tampoco desperdicia esos detalles tan desapercibidos como indispensables. Como Philipe Marlowe, el mítico detective de Raymond Chandler, sabe que la verdad puede estar agazapada en la Historia de un abrigo y sabe que Todos mienten. Escéptica, observa la realidad sin juzgarla, sin explicarla. Corazón tan blanco de Javier Marías comienza con un desagradable suicidio y continúa con la investigación del narrador, traductor-intérprete de profesión, que se convierte en un investigador lento y descuidado que paradójicamente no quiere saber la verdad. La novela versa sobre la conveniencia del secreto, sobre el miedo a la realidad. El protagonista teme enfrentarse al asesinato familiar que acabará descubriendo. (Su padre Ranz ha asesinado a su primera mujer para casarse con Teresa Aguilera. Ésta al descubrirlo se suicida.) Rosa Montero en Bella y oscura (1993) inventa a la niña Baba investigando el origen de la soledad de los seres humanos.

El Regreso a la España Rural

Prefieren la España rural: Julio Llamazares en La lluvia amarilla, combinando la técnica del monólogo interior con el análisis de un pueblo abandonado del Pirineo aragonés. Luis Mateo Díaz esperpentiza para acercarse a la condición humana: La fuente de la edad (1986), ambientada en los años 50 en un pueblo leonés está protagonizada por un grupo de amigos tan cultos y pedantes como toscos en sus relaciones.

El fértil paisaje de Babia es el escenario de la búsqueda y de la burla en relación a la mítica y falsa fuente de la edad. Veteranos como Carmen Martín Gaite trasladan a la Caperucita rural a la urbe en Caperucita en Manhattan y Delibes nos muestra su dolorida intimidad en Señora de rojo sobre fondo gris (1991), una elegía sobre su esposa. Novelas más sencillas en cuanto a la estructura, pero más complejas en cuanto a la reflexión sobre el sentido de la vida. Otros juegos: personajes corrientes que entran y salen de la literatura y a los que le suceden peripecias sicodélicas en ciudades que conocemos. Se rompe la cuarta pared como en el cine. La aventura se torna existencial, y la búsqueda más metafísica.

Autores Destacados y Contrastes Sociales

No podemos acabar el tema sin citar a grandes autores como Arturo Pérez Reverte, con El Capitán Alatriste, Bernardo Atxaga y su Obabakoak, o a Enrique Vila-Matas con Hijos sin hijos (1993). Mario Vargas Llosa aconseja leer una tras otra, Nada (1944) de Carmen Laforet y Las edades de Lulú (1989) de Almudena Grandes para comprender las diferencias entre la España de la posguerra a la sombra de la dictadura, y la España democrática, en plena borrachera de reciente libertad, que se convierte en libertinaje deshumanizando lo humano. La investigación libertaria de Lulú es exclusivamente sexual, y tras ella descubrirá vacío, violencia, autodestrucción y fracaso.