Regencia y Reinado de Isabel II
5.1 Poco antes de morir en 1833, Fernando VII había anulado la Ley Sálica mediante la aprobación de la Pragmática Sanción, que permitiría a su hija Isabel gobernar. Sin embargo, al ser menor de edad, antes de que comience efectivamente su gobierno nos encontramos con dos regencias: la de su madre María Cristina (1833-40) y la del general Espartero (1840-43). El primer problema que debe abordar Mª Cristina es la primera guerra carlista (1833-40). Los partidarios del absolutismo, agrupados en torno a Carlos María de Isidro (hermano de Fernando VII) se enfrentan en este conflicto a los liberales, que defienden el derecho al trono de Isabel. Tras el Manifiesto de Abrantes, en el que Carlos María de Isidro reivindica su derecho a reinar, los carlistas se organizan en partidas, lideradas por Zumalacárregui, controlando principalmente áreas en el País Vasco, Navarra, Cataluña y el Maestrazgo. En una segunda fase de la guerra, los isabelinos logran la victoria de Luchana, en Bilbao y, después de una gran ofensiva, los carlistas se escinden entre los transaccionistas, liderados por Maroto, y los intransigentes, liderados por Cabrera. En 1839, el Convenio de Vergara, acordado por Maroto y Espartero, pone fin al conflicto, si bien los intransigentes continuarán la lucha hasta el año siguiente.
Al comienzo de su regencia, Mª Cristina introduce tímidos cambios políticos, como la aprobación del Estatuto Real, una carta otorgada que establece un sufragio muy minoritario (0,15 % de la población) y subordina las Cortes al monarca. Se trata, en lo esencial, de una vía intermedia entre el liberalismo y el absolutismo, que va a despertar un escaso entusiasmo. A su vez, se asienta la división entre liberales moderados (partidarios de reformas graduales) y liberales progresistas (partidarios de realizar cambios más profundos). La inestable situación social fuerza a la regente a nombrar un gobierno progresista, en el que destacan figuras como Calatrava o Mendizábal. Este gobierno promulga la Constitución de 1837, la cual es, en líneas generales, progresista (establece la soberanía compartida y una amplia declaración de derechos), pero realiza concesiones a los moderados.
Las reformas económicas del gobierno progresista avanzan hacia el desmantelamiento del Antiguo Régimen, por ejemplo, aboliendo los señoríos y los privilegios de la Mesta y eliminando las aduanas interiores. Todo ello se suma a la desamortización de bienes del clero, diseñada por Mendizábal en 1836. Su objetivo consiste en obtener recursos para financiar la guerra, disminuir el déficit público y forjar una nueva clase de propietarios defensores del régimen liberal. Los moderados vuelven al poder tras las elecciones de 1837. Frenan parcialmente la desamortización, limitan algunas libertades y centralizan el poder con la aprobación de la controvertida Ley de ayuntamientos (1840), en virtud de la cual el nombramiento de los alcaldes queda en manos del gobierno. En 1840, una serie de revueltas de signo progresista en Madrid y Barcelona obligan a la regente a renunciar y marchar al exilio.
El nuevo regente (1840-43) es el general Espartero, exitoso en la guerra carlista y muy apreciado por las clases populares. Unas nuevas elecciones dan lugar a una mayoría progresista. Se reactiva entonces la desamortización, se deroga la Ley de ayuntamientos y se restablecen libertades, ampliando asimismo el derecho de asociación. La aprobación del arancel librecambista, que permite a Inglaterra vender sus productos textiles en España, perjudicando a la industria nacional, da lugar a un levantamiento en Barcelona, que Espartero reprime bombardeando la ciudad. El personalismo de Espartero le hace ganar enemigos incluso entre las progresistas. En 1843, a la inestabilidad social se suma un pronunciamiento liderado por Narváez y Serrano, que atrae a las propias fuerzas del regente. Como consecuencia, Espartero se ve obligado a exiliarse. En tales circunstancias, la minoría de edad de Isabel II se adelanta a los 13 años, y así comienza su reinado.
Reinado de Isabel II: Construcción del Estado Liberal
5.2. En el reinado de Isabel II se construye el estado liberal español, proceso difícil por las constantes guerras y pronunciamientos al no garantizarse una alternancia de gobierno pacífica. Tras la regencia de Espartero en 1844, Isabel II accede al trono, su reinado fue una sucesión de gobiernos moderados salvo el bienio progresista; 1854-56, y el gobierno largo de O’Donnell entre 1858-63. En la década moderada 1844-1854 los moderados crean la Guardia Civil en 1844, un cuerpo militar y profesional dedicado a la vigilancia de zonas rurales, para acabar con la Milicia Nacional progresista, una policía de partido. Se promulgó la Constitución de 1845, la soberanía era compartida entre Isabel II y las Cortes. La reina podía ahora nombrar ministros y promulgar leyes. En 1846 hay una segunda guerra carlista al casarse Isabel Il con un candidato que no era el pretendiente carlista. Para congraciarse con la iglesia, tras la desamortización de las tierras de la iglesia, Narváez firma el Concordato de 1851 con el que los moderados aseguraban el sostenimiento económico del clero y garantizaban su importancia social al otorgarle el control de la enseñanza. Se reformó la fiscalidad del Antiguo Régimen con la ley Mon y Santillán. Un pronunciamiento en Vicálvaro da lugar al bienio progresista 1854-56, Espartero y O’Donnell inician la desamortización de Madoz, en este caso de los bienes comunales municipales, que son incautados y subastados. La ley de Ferrocarriles de 1855 daba sólidas garantías y exenciones fiscales a capitales e inversores. Pero al importarse el material ferroviario, no sirvió para desarrollar la industria siderúrgica española. Se promulga la Ley de Instrucción pública en 1855, o Ley Moyano, que obligaba a la creación de escuelas públicas en cada ayuntamiento y a la escolarización obligatoria de niñas y niños.
Del gobierno largo de O’Donnell 1858-63 destaca la política de prestigio, que involucró a España en una serie de acciones bélicas; en Marruecos con la victoria de Prim en Castillejos; en México, en Perú y Conchinchina. Actuando como si todavía fuera una gran potencia colonial. La gran crisis del moderantismo sobrevino por la matanza de estudiantes universitarios en la Noche de San Daniel, por el incipiente obrerismo sin cauces políticos, la crisis de subsistencias y financiera de 1866; por el frecuente cierre de las Cortes y el gobierno por decreto, la corrupción sistémica de las camarillas de gobierno de la reina. Los moderados controlaban los resultados de las elecciones, que se recomponían a su favor en el Ministerio de Gobernación. Esta situación dio lugar a la política del retraimiento de los progresistas, que acabaron por no presentarse a las elecciones. Y finalmente al Pacto de Ostende para expulsar a Isabel II.
Los principales partidos que construyeron el estado liberal español; moderados, progresistas, y unionistas, no eran partidos de masas sino clubs de notables. Su implantación social era limitada, en parte por eso se confiaba el liderazgo a los Espadones, militares de prestigio, pero que al disponer de fuerza militar tendían al pronunciamiento, es decir a intervenir en política contra el gobierno usando la tropa que mandaban. Esto junto con las frecuentes guerras explica la preponderancia militar en la política española de este periodo. Espartero y Prim fueron los líderes del partido progresista, Narváez del moderado. O Donnell el de la Unión Liberal, un partido liberal de centro. Una escisión del partido progresista; el partido Demócrata abogó por el sufragio universal masculino desde su nacimiento en 1849. Los moderados fueron el partido favorito de Isabel II, proponían la soberanía compartida rey-cortes, tenían el apoyo de la alta burguesía y los terratenientes, y eran proteccionistas. Los progresistas solo accedieron al gobierno mediante pronunciamientos. Proponían la soberanía nacional y el librecambismo. Les apoyaban la pequeña burguesía y las clases medias. Abogaban por la Milicia Nacional como policia, por amplios derechos individuales y el sufragio censitario, pero más amplio que el de los moderados. La Constitución progresista del 37 fue cambiada por la moderada del 45, con soberanía compartida rey y Cortes, la cual otorgaba a la reina más prerrogativas. Era bicameral, con Senado de próceres nombrado por la reina.
La Restauración Borbónica
6.1 En 1870 Antonio Cánovas del Castillo, consiguió la abdicación de Alfonso XII. Para dotar el proyecto restaurador se creó el Partido Alfonsino. Su objetivo era instaurar un régimen liberal. En 1874, Alfonso XII, público el Manifiesto de Sandhurst, redactado por Cánovas que defendía la monarquía constitucional. Los conservadores recibieron bien el golpe de Estado. El nuevo sistema político canovista se asentaba sobre cuatro pilares:
- La Constitución de 1876, era moderada, abierta y flexible
- La Corona como árbitro que garantizaba el entendimiento y la alternancia.
- Los partidos dinásticos: el conservador y el liberal que eran los garantes de la estabilidad política.
- El ejército, era independiente pero alejado de la política.
La Constitución de 1876, defendía los valores tradicionales e incorporación de algunos principios democráticos del Sexenio Revolucionario. La Constitución establecía la cosoberanía entre las Cortes y la Corona, el rey era titular del poder ejecutivo, controlaba la política exterior… Las Cortes contaban con dos cámaras:
- El Congreso de los Diputados (elegido por los ciudadanos).
- Senado (miembros elegidos por el rey).
En 1890 se proclamó el sufragio universal masculino y la tolerancia religiosa, y se restableció el presupuesto de culto y clero. El sistema político de la Restauración estaba dividido entre los partidos conservador y liberal, ambos defendiendo la monarquía, la Constitución y la centralización del Estado. Los conservadores eran más inmovilistas y defendían la Iglesia, mientras que los liberales favorecían el reformismo y la laicidad. El Partido Conservador, dirigido por Antonio Cánovas, agrupaba a antiguos moderados y unionistas, con bases en la aristocracia, alta burguesía y la Iglesia. Su ideología defendía el sufragio censitario y el inmovilismo social. El Partido Liberal estaba dirigido por Práxedes M. Sagasta, sus dirigentes eran antiguos progresistas, demócratas y republicanos moderados. Tenían un sufragio universal masculino, reformismo social… Para gobernar hicieron un acuerdo tácito de no promulgar leyes que fuercen al otro partido a abolirlas, cuando vuelva al poder.
El turno de partidos se decidía previamente, y luego se llevaban a cabo fraudes electorales masivos con el apoyo del gobierno y caciques. Esto incluía coacción, falsificación de censos, voto de muertos y manipulación de actas. Los caciques eran individuos que controlaban los ayuntamientos, proveían de puestos de trabajo, manipulaban los sorteos… El turno dinástico funcionó hasta 1898, cuando la crisis erosiona el monopolio partidista, y sobrevivió hasta 1923. En una primera base, gobiernan los conservadores, sentando las bases del sistema, en 1881, entran los liberales. Durante el “Parlamento largo”, estos incorporaron nuevos derechos y prácticas democráticas.
Los opositores al sistema eran los carlistas, eran de identidad católica, la jerarquía eclesiástica apoyó a la Unión Católica. Los republicanos, entran en el juego político de la Restauración, y tuvieron pronunciamientos sin éxitos. También estaban los socialistas y regionalistas. Eran marginados del sistema, no pudieron formar gobierno ni articular una minoría fuerte. Aparece el movimiento obrero (socialistas y anarquistas), Pablo Iglesias funda el PSOE en 1879, con principios marxistas y en 1888 se funda la UGT (huelgas y manifestaciones). Los anarquistas conforman la FTRE (Federación de trabajadores de las Regiones Españolas), consideraban a la Iglesia símbolos del capitalismo opresor.
Crisis de la Restauración: El Desastre del 98
6.2. A finales del siglo XIX, España contaba con las colonias de Cuba y Puerto Rico, y con las de Filipinas y algunas islas en el Pacífico. La posesión principal era en Cuba. Su economía se basaba en la planificación de azúcar de caña, café y tabaco para la exportación, ya que era una importante fuente de ingresos para el Estado. El comercio cubano se veía limitado por los aranceles que España les imponía y le dificultaban exportar o importar a otros países, de esta manera Cuba compraba los productos españoles. En la Paz de Zanjón (1878), que dio lugar a la promesa paulatina autonomía cubana, la abolición de la esclavitud y presencia de diputados cubanos en las Cortes españolas. En la isla el sector más intransigente (opuesto a las reformas) formó el Partido Liberal Cubano (autonomistas, no independistas). En 1892, José Martí fundó el Partido Revolucionario Cubano (independentistas). La Guerra de Cuba se inició tras la insurrección de los independentistas cubanos y se desarrolló en tres fases:
- Febrero 1895- Enero 1896: Comienza con el Grito de Baire y la muerte de José Martí. Los revolucionarios consiguieron extender la guerra a occidente, donde mandaron un ejército a cuba y el general Martínez Campos, no puede detener el avance.
- Hubo un revuelo por el general Weyler, que usó métodos drásticos y crueles, e intentó concentrar a los campesinos en aldeas, aislándolos de las tropas revolucionarias.
- Muerte de Cánovas (1897) y el intento desesperado de conciliación: concesión de autonomía, sufragio universal masculino e igualdad de derechos entre insulares y peninsulares y la autonomía arancelaria.
La presencia española era más débil (órdenes religiosas y explotación de recursos naturales como el tabaco). El independentismo fue impulsado fue impulsado por José Rizal, que creó la Liga Filipina (1892), que su persecución dio lugar a la radicalización del conflicto con el movimiento Katipunan. En 1898, William Mckinely, bajo pretexto del hundimiento de Main (operación de falsa bandera), declaró la guerra a España en Cavite (Filipinas) y Santiago (Cuba). En 1898 se firmó el Tratado de París, donde España salió de Cuba, Puerto Rico y Filipinas. En 1899 se vendieron las Islas Marianas, Palau y Carolinas a Alemania. El desastre del 98 es la primera gran crisis que afronta la Restauración. España continuó con su decadencia histórica, frente a la pujanza de otras potencias. Hubo consecuencias económicas negativas pero no tantas como se esperaban, debido a la repatriación de bienes. El sistema institucional sobrevivió a la derrota, pero se produce una profunda crisis espiritual e ideológica. Esto dio lugar a un grupo intelectual, conocido como la Generación del 98 (Unamuno, Azorín, Valle-Inclán…), que reflexionan sobre el atraso español. En 1876 se había fundado la Institución libre de enseñanza. Se introdujo el Krausismo, que era la filosofía que pone su acento en la importancia y reforma de la educación. Estas ideas influyeron en el regeneracionismo. Juan Costa era el principal intelectual regeneracionista, propone el fin del caciquismo y del fraude electoral, a la modernización del campo, reforma de la Educación, pero la integración de las nuevas ideas en la política es escasa.