Crisis Política y Social en España: Una Mirada Histórica
Estamos ante la imagen de una caricatura satírica del siglo XIX en la que se representa una subasta en la que un personaje levanta una corona y un cetro mientras varias personas pujan por ellos. La escena simboliza la crisis de la monarquía en España y la lucha de distintas facciones por el poder. En la mesa presidencial destacan tres figuras de gran relevancia. En el centro, un hombre con uniforme militar, el General Serrano, y una banda parece estar subastando la corona y el cetro, representando la inestabilidad del poder monárquico. Su gesto de elevar los símbolos de la realeza sugiere que la monarquía está en venta al mejor postor. A su derecha, un personaje con barba y uniforme, el General Topete, trata de detenerlo, lo que podría simbolizar los intentos de algunos sectores por restaurar el orden. A la izquierda, otro militar, el General Prim, con bigote y uniforme azul parece indiferente. En la parte inferior de la imagen, una multitud variopinta puja por la corona y el cetro, reflejando la diversidad de grupos que aspiraban a controlar el poder en la España del Sexenio Democrático (1868-1874). Se pueden ver diferentes estamentos sociales y políticos, como burgueses con sombrero de copa, soldados, mujeres con vestimenta elegante y personajes con trajes regionales, lo que simboliza la pugna entre diversas ideologías y clases sociales.
Esta imagen está claramente relacionada con la crisis política que siguió a la Revolución de 1868, que derrocó a Isabel II y dejó un vacío de poder. En este contexto, se intentó instaurar una monarquía constitucional con Amadeo de Saboya en 1870, pero su falta de apoyo lo llevó a abdicar en 1873, dando paso a la Primera República. La caricatura satiriza esta situación al mostrar la monarquía como un objeto de mercado, criticando la inestabilidad del país y la falta de legitimidad del poder. En conclusión, esta imagen es una sátira de la crisis política del Sexenio Democrático, destacando la lucha por el poder y la fragilidad de la monarquía. Los personajes representados refuerzan la idea de que el poder no estaba en manos de un gobernante legítimo, sino que era objeto de disputa entre diferentes sectores de la sociedad.
El Sistema Canovista y la Restauración Borbónica
6.1. El sistema canovista: la Constitución de 1876 y el turno de partidos. La oposición al sistema.
En 1874, el general Manuel Pavía dio un golpe de Estado contra el gobierno de la I República. Debido a la crisis económica y a la inestabilidad política (tercera guerra carlista (1872-1876) y guerra de Cuba), el nuevo régimen militar, presidido por Serrano, no se consolidó. De forma simultánea, Cánovas del Castillo conseguía el apoyo de las élites, la clase media y el ejército para la restauración de la monarquía borbónica en la figura de Alfonso XII, hijo de Isabel II. El 1 de diciembre de 1874, Alfonso firmaba el manifiesto de Sandhurst, escrito por Cánovas del Castillo, en el que se defendía el régimen que se pretendía restaurar. Ese régimen buscaba el restablecimiento de una monarquía liberal que incorporara derechos individuales básicos (libertad, propiedad e igualdad jurídica), así como una España centralizada y católica. En el Manifiesto de Sandhurst se proponía la restauración borbónica de forma pacífica, sin intervención militar. Sin embargo, el general Martínez Campos se pronunció militarmente el 24 de diciembre de 1874 y proclamó al príncipe Alfonso de Borbón rey de España. Ante esto, el gobierno de Serrano no opuso resistencia.
Características del Sistema Canovista
Las medidas llevadas a cabo por Cánovas del Castillo al inicio del reinado de Alfonso XII denotaron el carácter conservador del nuevo régimen (supresión de la libertad de expresión y aplicación del Concordato). Cánovas pretendía conseguir la estabilidad política. Para ello sus objetivos fueron:
- La pacificación de España: puso fin a la tercera guerra carlista (1876) y suprimió los fueros vasconavarros.
- El fin de la guerra colonial en Cuba con la derrota de los insurgentes cubanos.
- La integración política mediante la incorporación de liberales y demócratas.
- El alejamiento del ejército de la vida pública limitándose a sus funciones de defensa e integridad territorial.
- Una nueva Constitución (1876).
Además, Cánovas defendía un modelo de alternancia política pacífica entre grandes partidos (modelo inglés). Tras promulgar la Constitución de 1876, pacificada España e integrados los liberales en el nuevo régimen, Cánovas del Castillo ideó el turno de partidos como vía pacífica para acceder al poder y evitar así los pronunciamientos militares.
Los dos grandes partidos que debían alternarse en el gobierno eran:
- El Partido Conservador: de Cánovas del Castillo, que contaba con el apoyo de la clase alta (oligarquía agraria y alto clero).
- El Partido Liberal: de Sagasta, que contaba con el apoyo de la clase media.
Los Austrias Menores: Política Interior y Exterior en el Siglo XVII
3.4 Los Austrias del Siglo XVII. Política Interior y Exterior
El gobierno durante el siglo XVII corresponde a los Austrias menores. Mientras que Carlos I y Felipe II gestionaron el Estado de forma directa y personal, involucrándose en los asuntos de estado, los monarcas de este siglo delegaron sus funciones en los validos, personas de confianza del rey, pertenecientes a la alta nobleza, que asumirán las funciones de gobierno.
Felipe III (1598-1621) tuvo como valido al duque de Lerma, quien se centró en poner en marcha la llamada Pax Hispánica, un conjunto de políticas destinadas a conseguir un periodo de paz en Europa ante la crisis económica de España (política pacifista). Para ello se firmó el Tratado de Londres con Inglaterra (1604) y la Tregua de los Doce Años con los Países Bajos (1609). A nivel de política interior destaca la expulsión de los moriscos (1609) tras una serie de revueltas.
Su sucesor Felipe IV (1621-1665) tuvo como valido al conde-duque de Olivares quien se propuso mantener la hegemonía de los Austrias en Europa y defender el catolicismo. Por ello, España participó en la Guerra de los Treinta Años (1618-1648) – España entra en la guerra en 1621- que terminaría con la Paz de Westfalia (1648), poniendo fin a la hegemonía europea de los Habsburgo y reconociendo la independencia de las Provincias Unidas. También continuó la lucha contra Francia, de la que España salió derrotada, teniendo que firmar la Paz de los Pirineos (1659).
En política interior, Olivares buscó establecer una serie de reformas internas para conseguir convertir a España en una gran potencia. Proyectó la Unión de Armas (1626) aportando todos los territorios recursos y efectivos para poder así costear la participación en la Guerra de los Treinta Años y aliviar el peso fiscal de Castilla. Ante las políticas del valido, se produjeron sublevaciones en Cataluña y Portugal, produciéndose la llamada crisis de 1640. Cataluña llegó a ponerse bajo la protección de Francia (independencia temporal), pero Felipe IV recuperó el territorio, prometiendo respetar sus fueros. Portugal se independiza debido a su descontento por las políticas de Olivares y a su escaso sentido de pertenencia a la monarquía (Juan IV de Braganza).
En 1665 le sucede Carlos II (1665-1700) pero hasta su mayoría de edad actuará como regente su madre, Mariana de Austria. Destacan entre sus validos Nithard (confesor de la propia regente), Valenzuela y Juan José de Austria. A su muerte en 1700, sin descendientes, estallará la Guerra de Sucesión que traerá el cambio de dinastía, estableciéndose en España los Borbones.
Los Austrias del Siglo XVI. Política Interior y Exterior
Durante el siglo XVI, la dinastía de los Habsburgo se estableció en España con el reinado de Carlos I (1516-1556). Heredó un vasto imperio gracias a sus ascendencias paterna (Austria, Países Bajos, Luxemburgo, Franco Condado) y materna (Castilla, Corona de Aragón y América). Gobernó mediante un sistema polisinodial basado en los Consejos. En 1519 fue nombrado emperador del Sacro Imperio Romano Germánico (Carlos V), lo que generó oposición en Castilla y provocó la revuelta de las Comunidades (1520-1521) y de las Germanías en Aragón, ambas sofocadas con apoyo de la nobleza.
En política exterior, Carlos I luchó contra Francia por la hegemonía en Europa y contra los protestantes en defensa de la unidad religiosa, logrando la victoria en Mühlberg (1547), aunque finalmente se estableció la Paz de Augsburgo (1555), que permitía la libertad religiosa. También combatió el avance otomano, derrotándolos en Viena (1529). En 1556 abdicó en su hijo Felipe II (1556-1598), quien centralizó el poder y consolidó el catolicismo, con Castilla como eje principal.
Felipe II heredó los conflictos europeos de su padre: la lucha contra Francia, la batalla de Lepanto contra los turcos (1571) y la guerra contra Inglaterra, que culminó con el fracaso de la Armada Invencible (1588). También enfrentó la rebelión de los Países Bajos (1566), que resultó en la división entre el norte protestante y el sur católico. En 1581 anexó Portugal, respetando sus instituciones, y expandió el imperio hasta Filipinas. En política interior, sofocó la rebelión de las Alpujarras (1568) y las alteraciones de Aragón (1591). Su reinado consolidó el dominio español, dando lugar a la expresión: “En mi imperio nunca se pone el sol”.
Isabel II: Reinado Efectivo, Grupos Políticos y Constituciones
En 1843, un pronunciamiento militar liderado por Narváez derrotó a Espartero, dando inicio al reinado efectivo de Isabel II.
Década Moderada (1844-1854)
Bajo el liderazgo de Narváez, se implantó la Constitución de 1845, con soberanía compartida, sistema bicameral y confesionalidad del Estado. Se centralizó el poder con reformas fiscales, jurídicas y la creación de la Guardia Civil (1844). En 1851 se firmó el Concordato con la Santa Sede, reforzando la alianza con la Iglesia. La oposición a estas medidas y el fracaso del matrimonio de Isabel II con Carlos VI provocaron la Segunda Guerra Carlista (1846-1849), que terminó con la victoria isabelina. En 1854, O’Donnell lideró la “Vicalvarada”, que fracasó, pero el Manifiesto de Manzanares movilizó al pueblo, obligando a Isabel II a llamar a Espartero para gobernar, iniciando el Bienio Progresista.
Bienio Progresista (1854-1856)
Se intensificó la desamortización con la Ley Madoz (1855) y se aprobó la Ley de Ferrocarriles. Se redactó una nueva constitución (1856), que no entró en vigor.
Alternancia en el Gobierno (1856-1868)
O’Donnell restauró el régimen moderado, alternándose en el poder con Narváez y la Unión Liberal. Sin embargo, la crisis política, económica y social se agravó. En 1866, Prim y los demócratas firmaron el Pacto de Ostende para destronar a Isabel II. En 1868, la Revolución Gloriosa, iniciada con un pronunciamiento en Cádiz, puso fin al reinado de Isabel II.
Repoblación y Organización Social en los Reinos Cristianos Medievales
2.4 Modelos de repoblación. Organización estamental en los reinos cristianos medievales.
La expansión de los reinos cristianos en la Península durante la Reconquista estuvo acompañada de un proceso de repoblación, que varió según la época:
- Presura (siglos IX-X): Ocupación de tierras sin dueño en el valle del Duero. Nobles y clérigos crearon señoríos alrededor de castillos y monasterios. Algunos campesinos obtuvieron tierras como hombres libres.
- Modelo concejil (siglos XI-XII): Se concedieron fueros a núcleos urbanos en la submeseta sur hasta el río Tajo para atraer pobladores.
- Órdenes Militares (siglo XIII): Creación de encomiendas dirigidas por caballeros de órdenes como Santiago, Alcántara y Calatrava. Se establecieron grandes latifundios ganaderos en la submeseta sur y el valle del Ebro.
- Repartimiento (segunda mitad del siglo XIII): Distribución de tierras y bienes entre los conquistadores. Los donadíos (lotes) se asignaban según el rango social.
La sociedad era feudal y estamental, dividida en grupos cerrados por nacimiento:
- Nobleza y clero (privilegiados): No pagaban impuestos y recibían tributos de los campesinos.
- Estado llano: Mayoritariamente campesinos sometidos a un señor feudal.
- Burguesía (siglo XI en adelante): Comerciantes y artesanos en ciudades, sin dependencia feudal, que obtenían fueros y formaban concejos para autogobernarse.
Orígenes y Expansión de los Reinos Cristianos en la Península Ibérica
Los primeros reinos cristianos surgieron en las áreas cantábricas y pirenaicas (siglos VIII-X), siendo el primero de ellos el reino de Asturias (Covadonga, 722) que se convertirá en el reino de León con el traslado de su capital. El condado de Castilla, dependiente de León, se independizará en el siglo X de la mano del conde Fernán González, pasando más tarde a ser parte del territorio de Sancho III de Navarra (época de mayor esplendor y prosperidad). A la muerte de Sancho (1035) se repartirán los territorios entre sus hijos: Ramiro adquirirá Aragón y Fernando Castilla (que unirá a León). Los reinos cristianos llegarán hasta la línea del Duero (siglo X) y posteriormente en una segunda etapa (durante las primeras taifas), Castilla ocupará el valle del Tajo, destacando la conquista de Toledo por Alfonso VI (1085). El avance cristiano será frenado por los almorávides hasta que estos entren en crisis en el siglo XII, situación aprovechada por los reinos de Castilla y León para avanzar por la submeseta sur. Por su parte, Aragón y los condados catalanes ocuparán el valle del Ebro (Zaragoza, 1118). Con la llegada de los almohades, el avance cristiano se detendrá (derrota de Alarcos, 1195). Paralelamente, Castilla y Aragón firman el Tratado de Cazorla (1179) para delimitar sus áreas de expansión. Finalmente, [en el siglo XIII] una coalición de los reinos cristianos derrotan a los almohades en la batalla de las Navas de Tolosa (1212) – principio del fin del dominio musulmán-. Castilla y León ocuparán el valle del Guadalquivir y Murcia, y Aragón Levante y Baleares. Solo pervivirá Granada (reino paria) hasta 1492. En estos reinos, la monarquía se apoyaba en la curia regia (órgano consultivo) y su poder estuvo limitado por la nobleza, la Iglesia, las ciudades (fueros) y las Cortes (asamblea de representación estamental) a partir del siglo XIII.