El grito de Munch: Exploración de la angustia existencial

Contexto Histórico y Artístico

La obra El Grito, de Edvard Munch, es considerada precursora del expresionismo, un término utilizado desde aproximadamente 1910, aunque refleja una realidad anterior. Este movimiento surge a principios del siglo XX y se desarrolla en diversos grupos. Después de 1975, se han desarrollado corrientes expresionistas en Alemania, Estados Unidos e Italia.

Realizada sobre tabla con la técnica del tempera-pastel, la obra refleja la vida del artista. Hijo de un piadoso médico de enfermos pobres, Munch vio morir de tuberculosis a su madre y a su hermana mayor. Su pintura rechaza los temas neutros del impresionismo y se dedica a la expresión de estados de ánimo intensamente subjetivos, morbosos y turbadores. Su finalidad es explorar el mundo interior de la conciencia humana. Como dijo el propio Munch: “No podemos pintar eternamente mujeres que cosen y hombres que leen: yo quiero representar seres que respiran, sienten, sufren y aman”.

Munch pintó El Grito en 1893 en París, cuna del pensamiento contemporáneo y escenario de una fuerte disputa sobre la reorganización social. Movimientos sociales reivindicaban un cambio de las estructuras socioeconómicas. París vivía envuelta en un clima de constante protesta social, una época de boicots, sabotajes y huelgas generales contra la clase burguesa. El Grito fue pintado en este ambiente social.

Una estancia en París permitió a Munch entrar en contacto con las obras de Van Gogh, Gauguin y Lautrec, quienes influenciaron su pintura de manera determinante. Sus obras también guardan un marcado paralelismo con las pinturas negras de Goya por el uso de colores oscuros y atmósferas tétricas. En el campo conceptual, las teorías filosóficas de Nietzsche dejaron huella en su producción artística.

La influencia de El Grito y la obra de Munch en general fue muy fuerte, hasta el punto de convertirse en la portada del manifiesto del grupo “Die Brücke”. Munch quiso reflejar en sus obras los rincones más ocultos del alma humana. El Grito es un reflejo del mundo interior del artista que entronca con la soledad del ser humano en la civilización moderna.

Análisis de la Obra

Los elementos plásticos de la obra se supeditan a su marcada expresividad. La personalidad depresiva e inestable del pintor le hace plasmar el grito más expresivo de la historia del arte contemporáneo. Todo el cuadro es un grito de angustia que expresa el estado de ánimo del pintor. Este reflejo de la angustia lo obtiene a través de la línea, del color y de la pincelada.

Hay una fuerte contraposición entre las rectas de la baranda y las ondulaciones del resto de la obra. En cuanto al empleo de los colores, existe una contraposición entre las gamas cálidas y frías que contrastan entre sí. Tanto unas como otras son antinaturalistas. El color se independiza del objeto: lo importante no es representar la realidad sino transmitir el estado de ánimo.

En cuanto a la pincelada, predomina la mancha sobre el dibujo, valiéndose solamente de la línea para contornear determinadas partes de la figura. La pincelada es suelta, nerviosa y curva. También la luz es antinaturalista, sin un foco determinado. No emplea el claroscuro.

En cuanto a la profundidad, gracias a las diagonales y las líneas onduladas se tiene una fuerte sensación de espacio que nos lleva desde el primer plano hasta el fondo sin puntos intermedios, comunicando así figura con fondo. El paisaje, el mar, el cielo y la tierra se construyen a base de ondulaciones que parecen prolongar el grito que se escapa de la figura central, proporcionando movimiento a la obra. La asimetría del cuadro contribuye a transmitir inquietud y desequilibrio.

Composición y Simbolismo

En primer plano, un individuo se lleva las manos a la cabeza y abre la boca para gritar con toda su energía y expresar así su angustia. El personaje principal permanece quieto mientras las otras dos figuras humanas pasean indiferentes en el otro extremo del puente. Más allá del puente, todo parece solidarizarse con el protagonista. La baranda separa los dos ambientes. Al fondo se puede apreciar un fiordo y dos siluetas de barcos.

El simbolismo es patente en el rostro agitado del protagonista, que es casi una calavera que se aprieta el cráneo con las manos para que no estalle. La figura abocetada ocupa la posición central del cuadro y se forma a base de una línea que se retuerce sobre sí misma. Su angustia se ve reforzada por la propia posición de sus manos. El autor estira la figura hasta deformarla. Desgarra el cuerpo y el paisaje hasta convertirlo en un grito de desesperación y dolor. Su mirada se dirige hacia el espectador, entrando en comunicación directa con él. De esta manera, el espectador participa de la desesperación y soledad del personaje.

El Expresionismo en Munch

Todos estos rasgos incluyen a Munch en la línea expresionista. Con este término se denomina una pintura en la que prima la expresión subjetiva sobre la representación de la objetividad. Se plantean las angustias vitales del hombre; tiene, en consecuencia, una carga dramática, pesimista y crítica. Según esto, es una actitud ante la pintura, marcada por un espíritu de rebeldía y oposición a todo lo establecido. El significado de expresionismo supone una clara contraposición frente al término impresionismo. El expresionismo implica un movimiento de dentro a fuera en la relación del artista con lo que le rodea. Todo esto ayuda a explicar la extensión en el tiempo del expresionismo, de modo que hay varios movimientos y personalidades aisladas que formaron parte de distintos grupos.