El Estatuto de Autonomía durante la Segunda República (1931-1936)
El nacimiento del régimen republicano brindó la oportunidad de cambiar el marco político de España, si bien no era lo mismo conseguir un Estatuto de Autonomía que defender el régimen foral. Los fueros se entendían como derechos históricos, reconocidos por el poder central, específicos de los territorios históricos. El Estatuto de Autonomía, por el contrario, representa el autogobierno que el Estado concede a una comunidad autónoma, uniformizando el territorio vasco bajo un gobierno común.
La proclamación de la Segunda República representó una gran oportunidad para la consecución de la autonomía vasca, pero pronto surgieron dificultades debido a la ausencia del PNV en el Pacto de San Sebastián y su falta de sintonía con socialistas y republicanos. El movimiento por la autonomía fue liderado por José Antonio Aguirre, alcalde nacionalista de Getxo, y se inició convocando una asamblea de alcaldes vascos y navarros en Estella (14 de junio de 1931).
El Estatuto de Estella
Esta asamblea, con el apoyo de los carlistas, aprobó un proyecto de estatuto, conocido como el Estatuto de Estella, redactado por la Sociedad de Estudios Vascos. Nacionalistas y carlistas deseaban un Estatuto confesional para que el País Vasco y Navarra quedasen a salvo de la legislación republicana que afectaba a la Iglesia Católica. Por ello, el proyecto se reservaba el derecho a negociar un concordato con el Vaticano al margen de la República española. Por esta y otras razones, el proyecto de Estella fue declarado anticonstitucional.
El Estatuto de las Gestoras
En diciembre de 1931, se encargó la elaboración de un nuevo estatuto a las comisiones gestoras de las disueltas diputaciones, de composición izquierdista. Este nuevo proyecto era laico y constitucional, contando con el apoyo de nacionalistas y socialistas, pero con el rechazo del carlismo navarro. El Estatuto de las Gestoras fue aprobado por una asamblea de alcaldes reunida en Pamplona en junio de 1932, pero Navarra se autoexcluyó del mismo.
Sin embargo, la aprobación definitiva requería la convocatoria de un referéndum en los tres territorios vascos, que tuvo lugar en noviembre de 1933. En Vizcaya y Guipúzcoa se obtuvo la mayoría necesaria, pero en Álava el voto afirmativo fue inferior al 50% exigido, por lo que el proyecto quedó en suspenso. Además, el cambio de gobierno (Bienio Radical-Cedista) no favoreció su recuperación, ya que la derecha española era claramente antiautonomista.
El Tercer Proyecto y Aprobación Final
En las elecciones de 1936, el Frente Popular incluyó en su programa electoral un nuevo Estatuto de Autonomía. Tras su victoria electoral, este tercer proyecto se activó en las Cortes, siendo negociado entre el socialista Indalecio Prieto y el propio José Antonio Aguirre. Aunque en julio estalló la Guerra Civil, el texto fue aprobado por las Cortes el 1 de octubre de 1936. Estuvo vigente durante aproximadamente nueve meses, únicamente en Vizcaya, ya que el resto de los territorios vascos estaban en poder del ejército sublevado.
La Guerra Civil en el País Vasco (1936-1937)
La sublevación militar contra la República en julio de 1936 no tuvo el éxito total esperado y provocó la división del territorio español en dos bandos enfrentados: la zona republicana, que controlaba áreas industriales y grandes ciudades, y la zona rebelde, con mayor implantación en el ámbito rural. De esta manera, Álava quedó en la zona rebelde junto con Navarra y Castilla y León, mientras que las provincias de Guipúzcoa y Vizcaya permanecieron leales a la República, al igual que Asturias y Santander.
Siguiendo la tradición juntera de la Guerra de la Independencia, se formaron Juntas de Defensa en ambos territorios costeros. En Guipúzcoa, formaron parte de la Junta nacionalistas, fuerzas del Frente Popular y anarquistas. Enseguida surgieron enfrentamientos entre el PNV y la CNT, ideológicamente contrarios.
La Campaña de Guipúzcoa
La campaña de Guipúzcoa fue iniciada por los rebeldes, dirigidos por el coronel Beorlegui, quienes conquistaron Irún en septiembre de 1936 para cortar las comunicaciones con Francia de toda la zona republicana del norte, hasta Asturias. En San Sebastián cundió el pánico. Aunque los anarquistas eran partidarios de defender la capital a toda costa, los nacionalistas consiguieron evacuarla ante la imposibilidad material de su defensa. Así, tras la ocupación por los rebeldes, el resto de la provincia cayó en sus manos a lo largo del mes de septiembre, y el frente quedó estabilizado en el valle del Deba.
El Gobierno Vasco y la Resistencia en Vizcaya
La Junta de Defensa de Bizkaia cedió enseguida el poder al Gobierno Vasco, que, en virtud del Estatuto de Autonomía recién aprobado por las Cortes, se constituyó bajo la presidencia de José Antonio Aguirre como primer lehendakari. Este gobierno tuvo carácter mixto, ya que las consejerías se repartieron entre nacionalistas (PNV, ANV) y republicanos de izquierdas (PSOE, PCE, Unión Republicana). El aislamiento de Vizcaya del resto de la zona republicana y la situación de guerra permitieron su independencia de facto.