Descartes: Filosofía, Método y Legado en la Ciencia Moderna

René Descartes: Matemático y Filósofo

Descartes nació en una ciudad francesa y pertenecía a una familia de la nobleza. A los 8 años fue enviado a un colegio dirigido por los jesuitas, uno de los mejores centros donde recibió una educación clásica y científica orientada a la filosofía. Después de combatir en Bohemia y en Hungría, se trasladó a París, donde escribió su primera obra: Las reglas para la dirección del espíritu. Al cabo de unos años se trasladó a Holanda, donde vivió durante 20 años para escapar de la persecución ideológica. Allí comenzó la redacción de un tratado de física. Cuando la obra estaba casi terminada, se produjo la condena de Galileo, entonces renunció a la publicación del Tratado, ya que no se ajustaba a la doctrina de la física oficial aceptada por la iglesia. En 1637, cuando cumplió los 40 años, decidió publicar 3 ensayos científicos precedidos por el famoso Discurso del método, que expresaba su teoría de cómo alcanzar el conocimiento (su metafísica). La expresión más esmerada se encuentra en las Meditaciones metafísicas. Antes de ser publicada la obra, había comenzado a circular en forma de copias entre teólogos, filósofos y científicos para recoger objeciones. Al cabo de unos años fue publicada, aunque sus ideas, tan aparentemente escolásticas, eran peligrosas y conducían al ateísmo, por eso, Descartes habría sido perseguido. Su gran contribución matemática fue la invención de la geometría analítica. En el ámbito del pensamiento, creó una filosofía ligada a la ciencia, una filosofía cuyos errores se convirtieron en inspiración para los pensadores posteriores.

El Método Cartesiano

El problema que preocupó a Descartes fue el fundamento del conocimiento. Era consciente de los muchos errores que se habían cometido y defendido como verdades. Ahora bien, dado que la razón humana es una herramienta valiosa, ¿cuál había sido la razón de los errores filosóficos anteriores?, ¿por qué puede progresar la ciencia y no la filosofía? La ciencia tiene un método que le permite la seguridad en el conocimiento, pero a la filosofía le falta un método adecuado. Para superar esta carencia, Descartes propone el método utilizado por los geómetras. Así, introduce un método matemático en la filosofía, para dotar a la razón humana de un criterio de verdad definitivo. En el Discurso del método, Descartes se muestra convencido de que no es necesario contar con un gran número de reglas para dotarse de un buen método con la finalidad de dirigir adecuadamente la razón. Es preferible que sean pocas, si han sido bien elegidas y se cumplen rigurosamente.

Las Cuatro Reglas del Método Cartesiano

  • Evidencia: No aceptar nunca nada como verdadero sin conocerlo; es decir, evitar los prejuicios.
  • Análisis: Dividir cada una de las dificultades en tantas partes como fuera posible y necesario para resolverla mejor.
  • Síntesis: Conducir por orden mis pensamientos, comenzando por los más simples para ascender despacio hasta el conocimiento más complejo.
  • Enumeración: Hacer recuentos completos y revisiones para estar seguro de no omitir nada.

La Duda y la Primera Verdad

Ya hemos visto que, según Descartes, cuestiona todos los conocimientos y busca la verdad. Es su famosa duda universal y metódica, que se fundamenta en las razones siguientes:

  • La incertidumbre de los datos sensoriales: Guiados por los sentidos. Los sentidos nos han engañado muchas veces; por esta razón, Descartes duda de todos los datos que se originan en los sentidos, duda de su mano, de su cuerpo y de toda la realidad material del mundo.
  • Los errores de razonamiento: El ser humano los comete a menudo. Una buena parte del saber se fundamenta en la razón, en la época de Descartes este saber se volvió confuso; entonces es válido dudar de todos los razonamientos.
  • La dificultad para distinguir el sueño de la vigilia: Al despertar es cuando reconozco el sueño como sueño, no mientras sueño. Por eso, según Descartes, existe la posibilidad de que todos los pensamientos del estado de vigilia sean en realidad sueños que no reconozcamos como tales.

Así pues, nada escapa a la duda metódica de Descartes. Pero su duda no es escéptica, es un paso que se da con la esperanza de encontrar después una verdad. La duda cartesiana lleva más allá de la duda: se auto-supera. «Pienso, luego existo». Esta es la primera verdad incuestionable a la cual accede Descartes. Es una intuición que absolutamente nada permite dudar de ella, es evidente, clara y distinta.

El cogito, ergo sum cumple dos funciones bien determinadas:

  1. Justifica la existencia de un yo pensante diferenciado del cuerpo.
  2. Se convierte en un principio modélico.

Las Tres Sustancias

Aplicando su método, Descartes llegó a distinguir cuáles son las tres sustancias que componen la totalidad de lo que es real: el yo pensante, Dios y el mundo.

El Yo Pensante

La duda metódica y universal nos ha llevado a una realidad incuestionable: la existencia de un yo pensante, de una sustancia que piensa, una res cogitans, un alma. Descartes concluye que puedo dudar de la existencia de mi cuerpo y del mundo que me rodea, porque tengo información a través de los sentidos y los sentidos no son fiables, pero no puedo dudar de la existencia de mis pensamientos. Así pues, el gran reto que debe superar Descartes es encontrar la manera de conocer si las ideas sobre el mundo no son sueños ni ilusiones; es decir, conocer si hay cosas objetivas y cómo son estas cosas.

Ya hemos visto que él piensa diferentes ideas y clasifica así:

  • Adventicias o adquiridas: Son las ideas que provienen de la experiencia sensible, de mi percepción del mundo, estas fácilmente pueden resultar erróneas, ya que tenemos ideas diferentes sobre un mismo objeto.
  • Facticias o artificiales: Son las ideas que inventamos nosotros mismos.
  • Innatas o naturales: Son las ideas que no proceden de la percepción de los objetos exteriores, emergen de la propia facultad de pensar. Son ideas que nuestra mente capta y ha de aceptar sin poder modificar nada.

Dios, Sustancia Perfecta e Infinita

Descartes considera que el yo pensante no es perfecto, pero, a pesar de eso, el yo pensante posee la idea de perfección. Si tenemos conciencia de nuestra naturaleza imperfecta es porque sabemos en qué consiste y nos comparamos con ella. Así, la idea de perfección innata en nosotros es la idea de un ser perfecto: es la idea de Dios. Según Descartes, tiene que haber sido una realidad divina la que la ha hecho surgir en nuestras mentes. La demostración de la existencia de Dios es una pieza fundamental en la metafísica cartesiana. Descartes da un paso más: Dios se convierte en garantía del conocimiento: En Dios existen las grandes verdades, establecidas por Él; todas las verdades matemáticas que descubrimos están en Dios. En sus argumentos a favor de la existencia de Dios, Descartes incorpora el antiguo argumento ontológico de san Anselmo, ya que para Descartes las ideas tienen una realidad indiscutible, la esencia de Dios es inseparable de su gran propiedad, la existencia. A este ser perfecto no le puede faltar una perfección como es la existencia.

El Mundo, Sustancia Extensa

Mi yo tiene plena conciencia de la diferencia entre la idea que posee del yo pensante y la idea que tiene del cuerpo. Del yo pensante ahora ya no puedo dudar; pero del cuerpo todavía sí. Ahora bien, si yo tengo una idea clara y distinta de mi cuerpo extenso y existe un Dios perfecto, que me ha creado racional, no puede permitir que me engañe cuando hago uso adecuado de mi razón. Así, la bondad de Dios me garantiza que la tendencia natural humana a creer en la existencia de las cosas extensas no es engañosa. Por lo tanto, además de la sustancia pensante, existe otro tipo de sustancia finita y creada: la de los cuerpos. La materia constituye la tercera sustancia de la metafísica cartesiana. El yo pensante y la materia pertenecen a órdenes diferentes, el pensamiento no tiene nada que ver con la realidad material. Descartes llega a la conclusión de que la sustancia extensa y el mundo material, existe. Considera que Dios es garantía de conocimiento de nuestras verdades, lo cual no significa que todo lo que puedan captar nuestros sentidos haya de recibir dicha consideración. Lo que sí podemos afirmar con seguridad es que, cuando logramos explicar el funcionamiento del mundo físico a través de las matemáticas, tenemos la garantía de que nuestra concepción se ajusta a los hechos.

Libertad y Mecanicismo

¿Por qué Descartes reactiva el dualismo antropológico? La razón principal es la defensa de la libertad humana. El cuerpo (cosa extensa), está gobernado por leyes mecánicas que lo determinan, así como el reloj. Así, el comportamiento de todos los cuerpos, de toda la naturaleza, es expresable mediante leyes mecánicas y deterministas. Si el yo pensante no fuera una sustancia completamente separada y desligada del cuerpo, no habría lugar para la libertad, el comportamiento humano sería como el de una máquina. El alma es una sustancia que de ninguna manera se puede someter a las leyes mecánicas y deterministas que rigen el cuerpo. El mecanicismo según el cual el alma es libre y el cuerpo se encuentra determinado por leyes mecánicas tuvo implicaciones positivas y negativas. Por un lado, estimuló la búsqueda biológica, fisiológica y médica que esta favoreció el avance de la medicina. Por otro lado, si toda la materia y toda la naturaleza son consideradas como una máquina, entonces la naturaleza queda a disposición y al servicio del ser humano. El hombre puede hacer lo que quiera tanto con la materia como con los animales, el mecanicismo de Descartes impulsó una actitud poco respetuosa hacia la naturaleza.