Tendencias de la literatura española en el siglo XVIII
La literatura se convierte en un vehículo de transmisión de las ideas ilustradas. Se convierte en un instrumento de reforma bajo el lema de enseñar deleitando. La nueva realidad sociopolítica requería una literatura más racional, más educativa y con mayor contenido ideológico. El escritor trata de ejercer una labor formativa y de dar al lector formas de conducta, presta menos atención a la expresión de sus propios sentimientos. La mesura y la razón triunfan frente a la imaginación de épocas anteriores.
Corrientes principales:
- Posbarroquismo: A comienzos del siglo XVIII predomina una literatura heredada de la tradición barroca.
- Neoclasicismo: Es el estilo que mejor define la literatura ilustrada y supone una vuelta al mundo clásico griego y latino.
- Prerromanticismo: Sin abandonar el espíritu reformador, en las últimas décadas aparecen manifestaciones literarias que rechazan la normativa neoclásica y ensalzan los sentimientos sobre la razón.
En cuanto a los géneros literarios, se sigue cultivando la poesía. Se crea la prosa moderna, caracterizada por el lenguaje claro y sencillo, y el ensayo, dedicado a temas diversos, se convierte en el género por excelencia. También se crean el informe político y científico, el artículo periodístico, la reseña bibliográfica, el género epistolar, la sátira y los libros de viajes. El teatro se convierte en uno de los géneros más populares.
La poesía dieciochesca
El ambiente general del siglo no favorece una creación poética emotiva y original. El afán didáctico y la repetición de esquemas y expresiones determinaron unas formas poéticas sin fuerza expresiva.
Entre los géneros destacan:
- La anacreóntica y los idilios de carácter pastoril: Es una poesía de carácter artificioso, que canta con delicadeza y gracia los placeres del amor, del vino, la fiesta y la danza.
- La sátira, la epístola y las odas: Tratan de poemas cívicos, como la amistad, y las conquistas humanas, como puede ser la invención de la imprenta.
- La fábula: Responde a la preocupación didáctica del siglo. Son cuentos populares en verso, que ofrecen una moraleja final y cuyos protagonistas son animales. Los dos representantes más destacados son:
- Félix María de Samaniego: Autor de composiciones satíricas y paródicas, pero debe su fama a las fábulas. Entre las más destacadas se encuentran La cigarra y la hormiga.
- Tomás de Iriarte: Sus Fábulas literarias presentan una moraleja que no está al servicio de la ética laica de la época, sino de su propia estética. Entre las más conocidas destacan El burro flautista, La ardilla y el caballo.
Autores y tendencias poéticas
En la primera mitad del siglo la poesía presenta un estilo barroco que imita a Góngora y Quevedo. En esta tendencia, destacan autores como Álvarez de Toledo, Torres Villarroel o Gerardo Lobo.
En la segunda mitad se impone la poesía neoclásica. Los intelectuales de la época escriben poesía y se agrupan en las escuelas poéticas salamantina y madrileña.
Principales poetas neoclásicos y prerrománticos
- José Cadalso: Cultivó todos los géneros literarios, publicó sus poemas bajo el título de Ocios de mi juventud. Son interesantes sus sonetos sobre el poder del tiempo y la renuncia al amor.
- Gaspar Melchor de Jovellanos: Destacó por sus sátiras, que encierran un hondo afán de reforma social. Sobresale Sátira a Arnesto, en la que critica a la nobleza.
- Juan Meléndez Valdés: Es el poeta más destacado de la época. Son famosas sus anacreónticas en torno a la alegoría del amor. Entre sus títulos destacan A una fuente y Filis, ingrata Filis. Más tarde abordará temas filosóficos de carácter moral y social.
- Nicolás Fernández de Moratín: Escribió algunos poemas de gran valor plástico como Fiesta de toros de Madrid. Más reconocido fue su hijo Leandro Fernández de Moratín, que cultivó todos los géneros literarios y se convirtió en uno de los escritores más significativos. Destaca su obra A Claudio. Cultivó también la poesía lírica, como en Elegía a las musas.
Al final del siglo, los poetas inician una etapa más intimista y sentimental que anuncia el Romanticismo del siglo XIX. Son los escritores de la llamada escuela sevillana. Destacan Nicasio Álvarez de Cienfuegos, José Marchena y José María Blanco White.
La prosa dieciochesca: Ensayo y crítica
La prosa es una de las formas expresivas más cultivadas en la literatura del siglo XVIII.
Primera mitad del siglo
Aparecen vidas de santos, sermones, libros históricos o narraciones de carácter popular con un lenguaje barroco. El autor más destacado es Diego de Torres Villarroel. Entre sus obras destacan Visiones y visitas de Torres con don Francisco de Quevedo por la corte, en la que utiliza una sátira aguda y muchos juegos conceptistas.
Segunda mitad del siglo: Neoclasicismo
Hacia la mitad del siglo, se inicia el periodo plenamente neoclásico, en el que destacan el ensayo y la crítica.
- El Ensayo: Divulgó reflexiones sobre asuntos muy diversos. Tiene una estructura libre y un lenguaje moderno, claro y directo. El primer gran ensayista es el monje benedictino Fray Benito Jerónimo Feijoo, que luchó por la modernización de la mentalidad española. La experiencia, la observación y la crítica eran para él las bases del progreso humano. Sus obras más relevantes son Teatro crítico universal, en las que pretende desterrar errores comunes y supersticiones, y Cartas eruditas y curiosas, donde expone problemas filosóficos, científicos y literarios basados en la razón.
- Gaspar Melchor de Jovellanos: Uno de los ilustrados más relevantes, quien escribió numerosas obras ensayísticas dedicadas a elevar la educación cultural del país, a mejorar los espectáculos o a contribuir al renacimiento de los valores intelectuales de la patria. Entre sus títulos más destacados están Memoria para el arreglo de la policía de espectáculos e Informe sobre el expediente de la Ley Agraria.
- La Crítica y la Sátira Social: La crítica fue muy utilizada en la época para satirizar vicios o costumbres. Uno de los máximos representantes de la sátira social fue José Cadalso, quien escribió obras importantes como Cartas marruecas. Mediante el género epistolar, y a través del punto de vista de tres personajes (Gazel, Ben-Beley y Nuño Núñez), Cadalso revisa los temas más preocupantes de la sociedad española del momento. Cadalso será pues un antecedente de Mariano José de Larra en el siglo XIX.
- El Periodismo: Otro vehículo transmisor de la cultura y las ideas ilustradas fue el artículo periodístico. La prensa nacida en el siglo XVIII se convierte en un medio imprescindible para la sociedad. Publicaciones como La Gaceta de Madrid contenían artículos que respondían a la necesidad divulgativa, crítica y satírica de la época.
La Prosa de Ficción
La prosa de ficción tuvo menos acogida en el siglo XVIII, ya que solo se podía cultivar si tenía un fin didáctico. Destaca Historia del famoso predicador fray Gerundio de Campazas, alias Zotes, relato novelado del Padre Isla que supuso una crítica mordaz contra la oratoria sagrada propia de un barroco decadente.
El teatro en el siglo XVIII: Neoclasicismo y Prerromanticismo
El teatro sigue siendo el género literario de mayor importancia social. Por eso, desde el escenario, se difundieron las ideas reformistas y pedagógicas.
En las primeras décadas del siglo perviven las comedias barrocas, que son comedias de magia, cargadas de trucos, apariciones y seres sobrenaturales.
Los ilustrados se rebelaron contra la influencia de la comedia del Siglo de Oro, que se seguía representando e imitando, sobre todo a Calderón de la Barca. Es famosa la polémica sobre el teatro entre reformadores y tradicionalistas. Los primeros pretendían restablecer los preceptos clásicos y dotar a las obras de una intención didáctica.
Teatro neoclásico
El teatro neoclásico propiamente dicho nace en la mitad del siglo. Vinculado a las ideas ilustradas, está dirigido a las clases medias y tiene una finalidad didáctica. Sus principales características son:
- Separación total de géneros (tragedia y comedia) para evitar la confusión.
- Sometimiento a la regla clásica de las tres unidades (acción, tiempo y lugar): una sola acción se desarrolla en un máximo de 24 horas y en un único espacio.
- Finalidad didáctica: Se emplean temas útiles para la sociedad con un planteamiento de enseñanza práctica (“enseñar deleitando”).
- Planteamiento verosímil: Acorde o parecido a la realidad, rechazando lo fantástico o exagerado del Barroco.
- Estructuración de la obra en tres actos (planteamiento, nudo y desenlace).
Los géneros más representados son la comedia y la tragedia.
- La Comedia: Es el género teatral típicamente ilustrado. Nicolás Fernández de Moratín, con obras como La petimetra, e Iriarte tuvieron gran relevancia en la comedia neoclásica. Destacó especialmente Leandro Fernández de Moratín. Este escribió poesía, prosa y teatro, y fue uno de los grandes intelectuales de su tiempo. Defendió el neoclasicismo y el lenguaje cuidado y sencillo. Su obra más famosa, El sí de las niñas, se desarrolla en una posada de Alcalá de Henares entre las siete de la tarde y las cinco de la mañana del siguiente día. El pensamiento ilustrado se hace patente en el triunfo de la virtud, la razón y la obediencia paterna razonable frente a la autoridad impuesta. Obras importantes suyas son también La mojigata y El viejo y la niña.
- La Tragedia: La tragedia neoclásica toma como modelo a la griega o francesa. Aborda temas de la Antigüedad clásica o de la historia nacional, intentando crear una tradición basada en héroes nacionales que puedan convertirse en ejemplos para la comunidad. Por lo general, se trata de obras que respetan las unidades clásicas y que están escritas en verso endecasílabo y tres actos. Un ejemplo de ello es Hormesinda de Nicolás Fernández de Moratín. Sin embargo, el más reconocido tragediógrafo fue Vicente García de la Huerta y su obra Raquel, en la que cuenta los trágicos amores de una judía en la corte del rey Alfonso VIII en la ciudad de Toledo.