A finales del siglo XIX, España era una potencia de tercer orden en el contexto internacional. Al fracaso de la revolución industrial en el país, con el consiguiente subdesarrollo económico y conflictividad social, se unía un sistema político (la Restauración) muy poco democrático, con las consecuencias de una fuerte conflictividad política interna y un alto grado de corrupción.
Además, el país se encontraba aislado internacionalmente, no contando en ninguna de las alianzas entre las Sigue leyendo