España Contemporánea: Del Régimen Franquista a la Democracia Europea (1939-2018)

Apoyos Ideológicos y Sociales del Régimen Franquista

En la instauración y consolidación del régimen colaboraron diversos grupos ideológicos y distintos grupos sociales que compartían una serie de ideas comunes:

  • Una concepción autoritaria del ejercicio del poder.
  • Una desconfianza o rechazo al multipartidismo.
  • Defensa a ultranza de la unidad de España frente a nacionalismos disgregadores.
  • En lo social, la defensa de la propiedad privada y la intervención subsidiaria del Estado.
  • Un apoyo casi unánime a un Estado confesional católico.

Instituciones Clave

Los grupos ideológicos se reflejaron en tres instituciones básicas para el régimen:

El Ejército

Constituyó la columna vertebral del régimen. Dentro de este predominaban los fascistas y los monárquicos. Los monárquicos propugnaban una monarquía católica y autoritaria, con representación de los intereses sociales y regionales.

La Falange

Sus ideas fueron claves para la formación del régimen y el control de la sociedad. Su ideología provenía de la Italia fascista y de la Alemania nazi. Los fascistas defendían una dictadura autoritaria centralizada, controlada por un partido único. Constituyeron la burocracia estatal, con funciones de propaganda y de organización social y sindical (sindicalismo vertical). Tuvo gran importancia la simbología falangista (de corte fascista).

La Iglesia

Se identificó con el nuevo régimen, con el cual estableció una sólida alianza y tuvo todos los privilegios posibles para difundir su doctrina y su influencia en la sociedad. El Estado protegía a la Iglesia y esta legitimaba los ideales patrióticos de Franco.

Otros Apoyos Políticos

Otros apoyos políticos con los que contó el régimen franquista fueron los derechistas católicos, algunos de los cuales ocuparon ministerios desde 1939. A partir de 1945, con la nueva situación internacional, el franquismo se apoyó más en la derecha católica y apartó del poder todo símbolo que lo asociara al fascismo.

Apoyos Sociales

Por lo que respecta a los apoyos sociales, el régimen se basaba sobre todo en los empresarios, clases medias conservadoras, propietarios y terratenientes (que recuperaron su papel social y les fueron devueltas las tierras expropiadas) y pequeños y medianos agricultores, tradicionalmente conservadores.

Etapas de la Dictadura Franquista

La dictadura franquista se suele dividir en las dos siguientes etapas:

Posguerra y Construcción del Estado Franquista (1939 – 1959)

En sus primeros años, el franquismo se identificó con el fascismo totalitario. Tras el final de la II Guerra Mundial y hasta 1951, España sufrió el aislamiento internacional: quedó excluida de las ayudas del Plan Marshall para la reconstrucción de diversos países europeos y no se permitió su entrada en la ONU, que recomendó retirar los embajadores. El régimen impulsó cambios institucionales para atraerse el favor de la opinión pública internacional como aliado occidental en la Guerra Fría, por su anticomunismo y catolicismo, repudiando su pasado fascista.

En lo económico, España conoció esos años como “los años del hambre” y de las cartillas de racionamiento, debido a las consecuencias que la guerra y el aislamiento internacional tenían sobre el país. A principios de la década de los 50 comenzó una fase de lenta recuperación económica, coincidiendo con la ayuda económica de EE. UU. Se impulsó la apertura de la economía española al comercio internacional y se favoreció la importación de productos industriales, pero las importaciones aumentaron sobre las exportaciones y el déficit comercial obligó a un ajuste económico que afectaría también a la estructura de gobierno, con la instauración en varios ministerios de miembros del Opus Dei, los llamados Tecnócratas.

Del Desarrollismo al Final del Franquismo (1960 – 1975)

España experimentó un rápido y desequilibrado crecimiento económico, que transformó la sociedad. Esto se lograría con el Plan de Estabilización de 1959, que cambió las líneas maestras de la economía del régimen con las consiguientes consecuencias en lo político, en lo social, etc. La puesta en marcha de este plan y la coyuntura expansiva occidental favorecieron la expansión económica durante los sesenta. El tránsito de una economía agraria a otra industrial y de servicios cambió la sociedad.

Sin embargo, nada de ello se hizo sin esfuerzo. Todos los españoles tuvieron que apretarse el cinturón y millones de ellos tuvieron que emigrar para encontrar recursos.

A nivel político, la dictadura franquista sufrió un lento proceso de apertura a partir de 1960, aunque no se puede hablar realmente de la existencia de una auténtica libertad, sino más bien de un intento de legalizar el régimen. El crecimiento económico y los cambios sociales despertaron movimientos de oposición que rompieron o deterioraron los cimientos del régimen franquista (movimiento obrero, revueltas estudiantiles, Iglesia renovada…).

Entre 1973 y 1975 se produciría la crisis del franquismo y el colapso de las estructuras del régimen por la división interna, la presión de la oposición y la movilización popular.

Estructura del Estado Franquista

El objetivo prioritario de Franco era la creación de un Estado autoritario, nacionalista y católico, pero sin un cuerpo ideológico claro y homogéneo. Fue en todo momento una dictadura militar con Franco concentrando absolutamente todos los poderes: jefe de Estado, presidente del Gobierno, jefe del único “partido político” permitido (FET de las JONS) y “Generalísimo de todos los ejércitos”.

Apoyos Fundamentales

En la consolidación de dicho régimen, contó además con diversos apoyos como:

  • El propio ejército, que constituyó la columna vertebral del régimen.
  • Organizaciones fascistas como la FET de las JONS, cuyas ideas fueron claves para la formación del régimen y el control de la sociedad.
  • El importantísimo apoyo de la Iglesia, que legitimaba todas las acciones del dictador, y a cambio este la protegía y le concedía todos los privilegios posibles para difundir su doctrina y su influencia en la sociedad.

Estructura Política y Administrativa

A nivel de estructura política, el dictador nombraba a toda la estructura del Poder Ejecutivo (desde el presidente del Gobierno hasta los alcaldes); también a los presidentes del Poder Legislativo y nombraba a los altos cargos del Poder Judicial (Tribunal Supremo y Audiencias Provinciales).

Las Cortes apenas tenían una función meramente consultiva y se dedicaban a aprobar lo que les remitía el gobierno o el Jefe del Estado. Por último, la administración estaba muy centralizada, pues el régimen franquista acabó con las instituciones y autonomías creadas durante la Segunda República.

Marco Legal: Leyes Fundamentales

Por otro lado, la dictadura pretendió dotarse de una cierta legalidad jurídica, razón por la que se elaboraron unas Leyes Fundamentales del Reino como sucedáneos de una auténtica Constitución. Fueron ocho leyes: Fuero del Trabajo (1938), Ley Constitutiva de las Cortes (1942), Fuero de los Españoles (1945), Ley de Referéndum Nacional (1945), Ley de Sucesión en la Jefatura del Estado (1947), Ley de Principios del Movimiento Nacional (1958) y Ley Orgánica del Estado (1966). También fue creado un único sindicato para todos los trabajadores, el Sindicato Vertical, el único legalmente autorizado.

Estas leyes pusieron las bases del Estado corporativo. Existían unas elecciones por sufragio indirecto y restringido; se podía elegir algunos representantes en las Cortes por medio de las tres instituciones que el régimen consideraba “naturales”: la familia, el municipio y el sindicato único. Por el tercio familiar sólo votaban los hombres. Las mujeres sólo podían votar si eran viudas. Este sistema fue definido como “democracia orgánica“.

Conclusión

En conclusión, Franco, pese a carecer inicialmente de una ideología y organización definida, su acomodación a las situaciones internas y externas al país y con el apoyo de diferentes facciones (fascistas y luego catolicistas) le permitió alcanzar su objetivo inicial: acaparar todo el poder y perdurar en el tiempo.

La Condena de la ONU y el Aislamiento Internacional (1946)

Se trata de un texto político, de fuente primaria, de carácter público, emitido por la Asamblea General de las Naciones Unidas y destinado al gobierno español, en el que se condena el régimen político impuesto en España por Franco al acabar la Guerra Civil española. El documento está fechado en diciembre de 1946, un año después del fin de la II Guerra Mundial. La resolución se organiza en dos grandes ideas:

A. Carácter Fascista y Origen del Régimen

En el apartado A, establece el carácter fascista y no representativo del régimen de Franco, implantado con la ayuda de la Alemania nazi de Hitler y de la Italia fascista de Mussolini, potencias totalitarias que acababan de ser derrotadas al acabar la 2ª Guerra Mundial. Esto era evidente, tanto en el origen del régimen, cuya ideología inicialmente se apoyó en el partido de la Falange Española, de carácter fascista, como en los símbolos y estructura de gobierno, basado en el totalitarismo y el culto a un líder que acapara todos los poderes, además de otros elementos como la persecución y muerte de los disidentes, la ausencia de libertades y derechos humanos básicos, el control de la sociedad o el militarismo.

B. Ayuda al Eje y Consecuencias

En el apartado B añade que Franco prestó ayuda al eje Berlín-Roma. Y así fue. No sólo permitió el uso del territorio español, incluidas las Islas Canarias, sino que envió tropas de falangistas (División Azul) a apoyar al ejército alemán contra la URSS, aunque dejando claro que iba únicamente a luchar contra la Unión Soviética y contra el comunismo, manteniendo así una no beligerancia hacia los países aliados.

Reacción del Régimen y Fin del Aislamiento

La dictadura intentaría convencer de su legitimidad a la opinión internacional a través de la aprobación de ciertas medidas políticas con algunas leyes como el Fuero de los Españoles, la Ley de Referéndum Nacional, la Ley Constitutiva de las Cortes, el Fuero del Trabajo, la Ley de Sucesión en la Jefatura del Estado y la Ley de Principios del Movimiento Nacional, además de cambiar su carácter fascista por otro de corte nacional-catolicista y presentarse a EE. UU. y el mundo capitalista como un firme bastión contra el comunismo internacional y la URSS.

Tras la Resolución, la mayor parte de los miembros de las Naciones Unidas retiraron sus embajadores y establecieron un aislamiento diplomático al franquismo. Sólo 5 embajadores permanecieron en España (entre ellos los de Argentina, Portugal y el Vaticano), Francia cerró sus fronteras con España y se excluyó a nuestro país del Plan Marshall. Con estas medidas se pretendía que Franco abandonase el poder.

Sin embargo, el aislamiento fue incompleto, pues no se creó un bloqueo comercial contra el régimen franquista. Además, existían otros países que, aunque oficialmente declararan su condena al régimen fascista de Franco, no querían que se hundiera, como es el caso de Estados Unidos y Gran Bretaña. A nivel interno, el cierre de fronteras, junto a la reconstrucción de un país destrozado tras la guerra, provocó años de hambre, escasez, cartillas de racionamiento, estraperlo, represión política, miedo y corrupción galopante.

A partir de 1950, con el inicio de la Guerra Fría contra el comunismo que se había expandido por toda la Europa del Este, hizo que se mirara con nuevos ojos al régimen franquista, por su carácter anticomunista y el valor estratégico militar de la Península Ibérica. De esta manera, la ONU revocó en 1950 el bloqueo contra España y regresaron los embajadores, mientras que el fracaso de la política autárquica, a partir de los años 50, hace que el régimen decida adoptar ciertas medidas liberalizadoras parciales. En 1959, Franco otorga el gobierno a los tecnócratas del Opus Dei que implantan un Plan de Estabilización económica que va a abrir España a las inversiones extranjeras, dando paso así a una nueva etapa en la dictadura. Por otro lado, en el contexto de Guerra Fría, el presidente norteamericano Eisenhower viene a Madrid a abrazar a Franco como aliado contra el comunismo y es recibido en olor de multitudes en la capital española.

El Desarrollismo Económico (1960-1973)

La política autárquica establecida por el régimen de Franco resultó nefasta, pues favoreció el estancamiento y la crisis de subsistencia. En 1957, Franco realizó importantes cambios en el gobierno, aprobándose el Plan de Estabilización, que tenía como objetivo abandonar el modelo autárquico, reinsertando a España en el mercado internacional y modernizar, liberalizar, racionalizar y sanear la economía nacional. Esto se lograría a través de los Planes de Desarrollo, con una política de inversiones públicas y ayudas a las empresas privadas, sobre todo a aquellas que se establecieran en los llamados polos de desarrollo, situados en zonas atrasadas pero con posibilidades económicas. Se pretendía con ello un desarrollo más equilibrado y una mejor distribución de industrias y servicios.

Factores del Crecimiento

De esta forma, la economía española experimentó entre 1960 y 1973 un crecimiento acelerado y sin precedentes (el “desarrollismo” español). Entre los factores que explican este rápido desarrollo económico podemos destacar:

  • La favorable coyuntura económica internacional.
  • Las masivas inversiones de capital extranjero y la creciente actividad de grandes empresas multinacionales, atraídos por la mano de obra barata.
  • Los ingresos procedentes del turismo.
  • Las remesas de divisas que los emigrantes españoles enviaban a sus familiares en España.
  • Las enormes inversiones estatales en obras públicas, como por ejemplo en construcciones hidráulicas.

Aspectos Negativos del Modelo

No obstante, este modelo económico tenía sus aspectos negativos:

  • Desigual crecimiento de los sectores productivos, con escasas inversiones en la agricultura frente a las de la industria y el sector terciario.
  • Un éxodo rural masivo hacia las ciudades, que dio lugar a un crecimiento desordenado de las principales ciudades (aparición de las ciudades dormitorio).
  • La emigración de trabajadores hacia Europa (no había empleo para todos).
  • Un aumento de los desequilibrios regionales.
  • Un deficiente sistema de prestaciones sociales y servicios estatales.
  • El mantenimiento de un sistema fiscal regresivo e injusto.
  • La aparición de desastres ecológicos.

Impacto Social

El desarrollismo económico también tuvo su reflejo en la sociedad, que experimentó sustanciales cambios. Se produjo un boom demográfico, una modernización de la estructura social con predominio numérico de las clases medias urbanas, un incremento de las mujeres trabajadoras, una secularización de la sociedad y la aparición de la sociedad de consumo. Además, se produjo una homogeneización de los modos de comportamiento entre los grupos sociales y en los gustos y costumbres, con aspectos como la masificación de los espectáculos y cambios en las costumbres y mentalidades. Surgió una nueva mentalidad, inspirada en el modelo europeo, que aspiraba a una mayor libertad moral, cultural y política, y que empujaba cada vez con mayor fuerza hacia la democracia.

Fin del Desarrollismo

En resumen, la sociedad cambiaba a marchas forzadas, pero el régimen se quedaba anclado en el pasado. Su final era sólo cuestión de tiempo. A partir de 1973 se produjo una profunda crisis económica internacional (crisis del petróleo), que afectó gravemente a España con un aumento del paro y un aumento, por tanto, del malestar social, y un descenso de los ingresos, precipitando el final del régimen.

La Crisis Final del Franquismo (1973-1975)

En junio de 1973, Franco formó un nuevo gobierno presidido por el almirante Carrero Blanco como presidente del Gobierno. Sin embargo, seis meses después, un atentado de ETA provocó la muerte de Carrero Blanco. Desde entonces, el régimen franquista entró en una pendiente de crisis imparable.

Factores de la Crisis

A ello habría que unir toda una serie de elementos tanto económicos como sociales que se habían ido conformando en años anteriores:

  • El desarrollismo económico de los 60 había provocado profundos cambios en las mentalidades de los españoles, ampliando la oposición al régimen, con un aumento de la conflictividad laboral por un lado, por otro, por un distanciamiento de la Iglesia del régimen franquista y, en tercer lugar, por la aparición, de forma clandestina, de numerosos partidos que se oponían al régimen.
  • La crisis del petróleo de 1973 agravaría la situación socioeconómica del país, al producirse un aumento del paro y de la inflación y una caída de las inversiones. El gobierno llevó a cabo diversas acciones para intentar retrasar las consecuencias de esta recesión para que la sociedad no se diera cuenta de la gravedad de la situación económica.

Inestabilidad Política

A nivel político, la situación también era crítica. Tras la muerte de Carrero Blanco, su sucesor, Arias Navarro, anunció su intención de liberalizar en parte el régimen, con medidas como regular el derecho a la asociación política. Esto produjo un gran revuelo y la aparición de una división dentro del grupo político franquista entre los que eran partidarios de una tímida reforma (aperturistas) y los que se negaban a ella (el búnker). En verano de 1974, la hospitalización de Franco y la formación de la Junta Democrática (un conjunto de fuerzas de izquierda y algunas personalidades de la derecha que pretendía establecer un verdadero sistema democrático) aceleraron los acontecimientos. Todos estos elementos condujeron a una creciente inestabilidad política, a lo que se sumaría la creciente protesta ciudadana, reprimida de forma cada vez más desproporcionada. El régimen, que se sabía débil, quiso hacer una demostración de fuerza, recurriendo bien a la persecución judicial o a la condena a muerte de cinco miembros del FRAP y de ETA por terrorismo.

Crisis Exterior: El Sahara

A la inestabilidad política interior se sumaría el incremento de la tensión en la política exterior. El rey de Marruecos, aprovechando las circunstancias que atravesaba España, organizó la llamada “Marcha Verde”, con la intención de presionar a España para que le entregara el Sahara, cosa que consiguió tras el Acuerdo de Madrid (1975).

Muerte de Franco

Apenas una semana después, se produciría la muerte de Franco y con ella, se iniciaría una nueva etapa política en la Historia de España.

La Política Exterior del Franquismo: Del Aislamiento al Reconocimiento

Desde el final de la Segunda Guerra Mundial, la imagen que existía era la de una España aliada con las potencias del Eje. Con la resolución de la ONU (1946), que tachaba de fascista al régimen de Franco, comenzó una etapa de aislamiento internacional. Por esta resolución, se pidió a los países miembros de la organización que rompieran relaciones diplomáticas con España, a la que además no se le permitió ingresar en la ONU y otros organismos internacionales.

El Aislamiento y sus Límites

De esta forma, sólo 5 embajadores permanecieron en España (entre ellos los de Argentina, Portugal y el Vaticano) y se excluyó a nuestro país del Plan Marshall. Sin embargo, el aislamiento fue incompleto, pues no se creó un bloqueo comercial contra el régimen franquista. Además, existían otros países que, aunque oficialmente declararan su condena al régimen fascista de Franco, no querían que se hundiera, como es el caso de Estados Unidos y Gran Bretaña.

Hacia el Reconocimiento

El régimen franquista se había intentado alejar del modelo fascista y pretendió mostrar una imagen más homologable, para lo que intentó impulsar su modelo de “democracia orgánica”.

La coyuntura internacional se hizo más favorable a Franco a causa del inicio de la Guerra Fría y el enfrentamiento entre Rusia y Estados Unidos.

Por otra parte, el papel de la Iglesia católica y la Santa Sede fue decisivo en el fin del aislamiento del régimen. En 1953 se firmó un Concordato con el Vaticano con el que ambas partes obtuvieron ventajas, ya que la religión católica se convertía en la articuladora del Estado y, a la vez, suponía la consagración exterior del régimen.

Desde 1951 se negoció con los Estados Unidos un compromiso de colaboración militar. Se firmaron varios acuerdos bilaterales entre España y Estados Unidos, que autorizaban a este país a establecer determinadas bases militares en la Península a cambio de una ayuda económica bastante dudosa y en su mayor parte destinada a sufragar los propios gastos americanos en España.

En 1955, la admisión de España en la ONU supuso la culminación de la política exterior de Franco, orientada a que se reconociera su régimen en el mundo. A partir de entonces, España se pudo integrar en otras organizaciones internacionales.

Descolonización

Por otro lado, España se vio obligada a reconocer la independencia marroquí en 1956, tras varias huelgas y manifestaciones. No obstante, la descolonización no fue definitiva. España mantendría durante un tiempo el pequeño enclave de Sidi Ifni (entregado a Marruecos en 1967), la Guinea Ecuatorial (que se independizó en 1968) y el Sahara Occidental (del cual se retiraría el Ejército Español poco antes de la muerte de Franco en 1976).

Relaciones con Europa

Finalmente, destacar que pese a solicitar su entrada en la organización de la CEE (Comunidad Económica Europea), creada en 1957, ésta no la aceptó, aunque sí un Acuerdo Preferencial de Comercio en 1970. Esa no aceptación de España como miembro de la CEE será una de las razones fundamentales para que, una vez muerto Franco, se optase por la democracia.

La Economía Franquista: Autarquía y Desarrollismo

La Etapa Autárquica (1939-1959)

Al acabar la Guerra Civil, el régimen puso en marcha una política económica intervencionista y autárquica, es decir, pretendía ser autosuficiente y mantener escasa conexión con el exterior.

Se implantó así un sistema intervencionista que impedía la actuación libre de los agentes económicos. El Estado fijó los precios agrícolas y obligó a los campesinos a entregar los excedentes de sus cosechas al Servicio Nacional del Trigo. Se creó el Instituto Nacional de Industria (INI) en 1941 para controlar la débil industria española y se estableció un rígido control del comercio exterior. Con el aislamiento económico y diplomático, la autarquía se convirtió en una necesidad.

Sin embargo, este rígido intervencionismo del Estado, que favorecía los intereses de aquellos grupos sociales que más habían contribuido a la victoria del régimen (latifundistas, grandes empresarios y burguesía financiera), tuvo consecuencias nefastas:

  • Descenso de la renta per cápita: El ritmo de crecimiento español fue muy inferior al de otros países.
  • Retroceso de la producción industrial debido a la falta de materias primas, capitales, maquinaria y tecnología moderna que sólo podría conseguirse importada de fuera.
  • Una elevada inflación, ya que se emitió más moneda para financiar la deuda estatal.
  • Déficit comercial provocado por la nula competitividad exterior de los artículos industriales.
  • Descenso del nivel de vida, bajos salarios y hambre generalizada.
  • Generalización del mercado negro (Estraperlo).

La crisis del modelo autárquico provocó ciertas reformas. En 1952, se aplicó una liberalización parcial de precios, del comercio y de la circulación de mercancías, y se puso fin al racionamiento de alimentos, lo que favoreció una cierta expansión económica. El consiguiente cambio en la política internacional hizo que desde 1951 llegara ayuda económica norteamericana, la cual permitió la importación de bienes de equipo imprescindibles para el desarrollo industrial. Pero esto provocaría una fuerte inflación que propició un fuerte malestar social.

El Plan de Estabilización y el Desarrollismo (1959-1973)

Todo ello llevaría a una completa reforma de las estructuras económicas. En 1959, el Plan de Estabilización cambió las líneas maestras de la economía del régimen: puso fin a la autarquía y dio paso a la liberalización económica, que actuó como motor de desarrollo hasta la crisis de 1973. Este Plan buscaba liberalizar la economía mediante la supresión de trabas burocráticas, la reducción de salarios y del dinero en circulación, la devaluación de la peseta, el recorte del gasto público y la apertura de la economía española a inversiones y al comercio internacional. Las consecuencias se apreciaron en poco tiempo y, a partir de 1961, tras reducirse el déficit del Estado y recibir abundantes inversiones del exterior, se inició un acelerado crecimiento económico, basado en el aumento del sector industrial y de servicios.

Los capitales para este espectacular crecimiento económico llegaron a España de cuatro procedencias:

  1. Créditos e inversiones extranjeros.
  2. Divisas que enviaban los emigrantes españoles desde Alemania, Francia, etc. (cerca de un millón de personas salieron de España porque aquí no había trabajo para todos).
  3. Dinero que dejaban en España los turistas europeos que empezaban a venir buscando sol y playas.
  4. Aumento espectacular de importaciones y exportaciones en estos años 60.

A partir de 1963 se intentó regular el crecimiento con los Planes de Desarrollo, con una serie de objetivos a cumplir. Se crearon los polos de desarrollo, que intentaban generar empleo en zonas deprimidas, pero no funcionaron. Fueron años de fuerte crecimiento, pero fue un desarrollo desigual y desequilibrado. En octubre de 1973, con la tercera guerra árabe-israelí, las consecuencias del alza brusca de los precios del petróleo comenzaron a afectar a España, deteniendo su expansión económica.

La Sociedad Española bajo el Franquismo

La Sociedad de Posguerra (Años 40 y 50)

La Guerra Civil y la dictadura impusieron una sociedad conservadora, tradicional y católica. Durante el período de autarquía, España continuó siendo un país eminentemente agrario, en el que la mayoría de su población residía en los pueblos y con grandes niveles de pobreza. La sociedad se hallaba polarizada en dos grandes grupos: una reducida y rica oligarquía agraria, industrial y financiera por un lado, y la gran mayoría de la población rural y urbana con un bajísimo nivel de renta por otro.

Al margen de esta clasificación, en la España de los cuarenta y cincuenta existía una línea claramente divisoria: la que separaba al bando de los vencedores del de los vencidos.

Se creó una mentalidad ultraconservadora resumida en tres principios fundamentales:

  • Una moral escrupulosa y estricta de inspiración católica.
  • Una obediencia ciega y absoluta a cualquier superior en jerarquía.
  • Una división estricta de funciones según el sexo: el hombre para el trabajo y la guerra, la mujer para el hogar y el cuidado de la familia, y dependiente totalmente del hombre.

Transformaciones Sociales del Desarrollismo (Años 60 y 70)

Sin embargo, en las siguientes décadas se transformó mucho la estructura de nuestro país. El Plan de Estabilización y los Planes de Desarrollo, con el tránsito de una economía agraria a otra industrial y de servicios, cambiaron la estructura social. Ello se reflejó en aspectos como:

  1. Un masivo éxodo rural, que provocó serios problemas, tanto humanos (salarios bajos, adaptación a las nuevas condiciones de trabajo) como urbanísticos (las ciudades carecían de las infraestructuras necesarias para la nueva población).
  2. La modernización de la estructura social: De ser un país con una sociedad básicamente rural, con una escasa minoría de ricos, una reducida clase media y una gran mayoría de clase baja, se evolucionó hacia una sociedad con predominio numérico de las clases medias urbanas. Se modificó el concepto de clase con la formación de una influyente burguesía urbana y la extensión de las clases medias, y aumentó el número de funcionarios y de profesiones liberales. El movimiento obrero se hizo más reivindicativo frente a las empresas y al sistema político.
  3. Incorporación de la mujer al trabajo: Logrando una mayor formación e incorporación al mercado laboral.
  4. La secularización de la sociedad: Que se hace más abierta y tolerante, gracias en gran medida a los medios de comunicación (prensa, radio y televisión), que facilitaron una mejor información y una cultura más amplia.
  5. Aumento del nivel de vida: Con el desarrollo de hábitos consumistas: el objetivo de las familias era ahora tener un piso, un automóvil, un televisor… y que los hijos estudiaran.
  6. Una homogeneización de los modos de comportamiento entre los grupos sociales y en los gustos y costumbres.
  7. La masificación de los espectáculos.

El resultado de todo ello fue el surgimiento, en especial entre la juventud urbana, de una nueva mentalidad, inspirada en el modelo europeo, que aspiraba a una mayor libertad moral, cultural y política, y que empujaba cada vez con mayor fuerza hacia la democracia.

La Oposición al Franquismo

Desde la instauración del régimen franquista aparecieron movimientos de oposición tanto dentro como fuera de España. En los primeros años tuvieron poca relevancia, pero a partir de la década de los 60 irían aumentando su influencia, sobre todo dentro del país. Podemos destacar los siguientes:

  1. Los Maquis: Nada más terminar la guerra, excombatientes republicanos, principalmente anarquistas y comunistas, iniciaron actividades de guerrilla. Las actividades, conocidas como maquis, se desarrollaron en zonas rurales y montañosas. La actividad armada conoció su mayor intensidad entre 1945 y 1947, pero hacia 1952 ya dejaron de ser una amenaza para el régimen.
  2. El Gobierno republicano en el exilio: Establecido en México en 1945 y presidido por José Giral. Sin embargo, las desavenencias dentro del republicanismo provocaron un giro político y algunos de los partidos defendieron la vuelta de la monarquía en la persona de Juan de Borbón con el establecimiento de una democracia constitucional en el futuro.
  3. La Universidad: Varios partidos políticos en el exilio, entre ellos el PCE (el partido más activo), decidieron pasar a la acción a través de los ambientes universitarios y sindicales (CCOO). La universidad fue, desde la década de 1950, un símbolo de oposición al régimen, el cual empleó métodos represivos para controlarla.
  4. La Iglesia: Comenzó a despegarse del régimen a raíz de la creación de organizaciones católicas afines al movimiento obrero. El Concilio Vaticano II (1962 – 1965) contribuyó a una profunda renovación de la Iglesia española y su abandono del nacionalcatolicismo. Además, un grupo clerical conocido como los “curas rojos” apoyaron a los grupos ilegales y antifranquistas.
  5. Los movimientos obreros: Desde los años 60 hasta la muerte de Franco adquirieron un protagonismo creciente. Aparecieron organizaciones sindicales ilegales al margen del Sindicato Vertical (Comisiones Obreras – CCOO y USO).
  6. Los grupos armados: Aparecieron algunos grupos de oposición que adoptaron la vía armada como forma de oponerse al franquismo, en la creencia de que era la única útil (ETA, que nace como una escisión de las juventudes del PNV a inicios de los 60; FRAP y GRAPO, que nacen a finales de los 60 como escisión de grupos comunistas).
  7. Los partidos políticos y los nacionalismos: La crisis del régimen facilitó la coordinación de la oposición política formada por partidos de izquierda (PCE, PSOE y los pertenecientes a los nacionalismos periféricos). En 1962, por primera vez se reuniría la oposición interior y exterior a Franco en Múnich (el llamado “Contubernio de Múnich”).

En definitiva, sin poder derrumbar al régimen franquista, los movimientos de oposición consiguieron crear una amplia red social de contestación a la dictadura que afloraría tras la muerte de Franco y que fue clave para la transición a la democracia.

El Disentimiento y las Vías Post-Franquismo

Nota: El texto original menciona el número 142 pero parece referirse a un análisis de un texto específico de Pere Ysàs sobre el disentimiento, que no está incluido. Se reformula para abordar el concepto general y las vías post-franquismo.

Nos encontramos ante un texto de naturaleza historiográfica, dado que narra sucesos pasados años antes; en concreto, el texto original está datado en 2004 y narra hechos sucedidos durante la etapa final del franquismo entre 1960 y 1975, siendo su autor Pere Ysàs.

La palabra disentimiento significa falta de acuerdo, y en el contexto del final del franquismo hace relación al aumento de la oposición al régimen. El desarrollismo económico de los 60 condujo a la aparición de una nueva mentalidad y sociedad, inspirada en el modelo europeo, que aspiraba a una mayor libertad moral, cultural y política, y que empujaba cada vez con mayor fuerza hacia la democracia. Además, a partir de 1973, se produjo una profunda crisis económica internacional (crisis del petróleo) que afectó gravemente a España con un aumento del paro y, por tanto, del malestar social, y un descenso de los ingresos, precipitando el final del régimen.

Opciones Políticas tras la Muerte de Franco

Tras la muerte de Franco se abrieron varias vías de desarrollo político:

  • Continuistas: Partidarios de continuar con el régimen de Franco pero sin Franco, representados por la extrema derecha y defendidos por los principales dirigentes políticos del régimen (altos mandos militares, oligarquía y falangistas), también llamados el búnker.
  • Reformistas: Partidarios de la reforma del régimen para homologarlo a las democracias occidentales. La transición se fue realizando desde instituciones franquistas y por personas del franquismo. A este grupo de los aperturistas también pertenecían el propio príncipe, Juan Carlos I, y sus hombres de confianza: Torcuato Fernández-Miranda y Adolfo Suárez. Asimismo, entre las fuerzas de la oposición, esta idea era apoyada por los integrantes de la llamada Plataforma de Convergencia Democrática.
  • Rupturistas: Encarnados por las fuerzas de oposición, agrupados en la Platajunta (fusión de la Junta Democrática y la Plataforma de Convergencia Democrática) y que iban desde el PSOE, PCE y fuerzas nacionalistas, hasta personalidades independientes. Su propósito era romper con el régimen para implantar una democracia de tipo occidental progresista.

El Inicio de la Transición

A la muerte de Franco, el rey Don Juan Carlos ya dejó entrever que iba a seguir la vía aperturista, aunque inicialmente dejó como presidente a Arias Navarro. Sin embargo, pronto se vio que este presidente se hallaba presionado por el “búnker” y se inclinaba de nuevo hacia el inmovilismo político. Por lo que, tras los violentos sucesos de Vitoria, el rey invitó a Arias Navarro a que dejara el cargo, siendo nombrado como nuevo presidente de Gobierno Adolfo Suárez, con el cual se iniciaría la auténtica transición hacia la democracia en España.

El Papel del Rey Juan Carlos I en la Transición

Tras la muerte de Franco, Juan Carlos I fue proclamado rey en un contexto político de gran incertidumbre. Se iniciaba un complejo proceso de transición que llevaría de la dictadura a un sistema democrático.

Juan Carlos I heredó de Franco todos los poderes y podía haber optado por continuar con la dictadura personal. No obstante, ya en su discurso de proclamación, el nuevo rey dejó entrever su voluntad democrática.

El rey decidió mantener en el cargo al que había sido presidente del último gobierno de Franco, Arias Navarro, quien formó un nuevo gabinete. Sin embargo, pronto se vio que este presidente se inclinaba de nuevo hacia el inmovilismo político.

El empeoramiento del clima social, motivado en parte por la dura represión de Arias Navarro, hizo que el rey le “invitara” a dimitir.

Impulso a la Reforma

El rey se desprendió de buena parte de sus prerrogativas, aunque continuó con dos altas magistraturas: la Jefatura de Estado y la de las Fuerzas Armadas. No sin dificultades, dado el clima de desconfianza en que se observaban las gestiones del monarca, optó por otros aperturistas, como él, para que condujeran a España hacia la democracia: Torcuato Fernández-Miranda y Adolfo Suárez. Estos lograron implantar progresivamente la democracia en España: primero derogando el régimen anterior, luego con unas elecciones libres y, finalmente, con la elaboración y aprobación en referéndum de la Constitución de 1978.

Así se dio la Transición, que consistió en el paso de un sistema autoritario a un sistema democrático sin rupturas violentas, sino aprovechando las vías legales para su reforma dispuestas en las mismas leyes que se derogaban.

El Gobierno de Adolfo Suárez y la Ley para la Reforma Política

El nombramiento de Adolfo Suárez como nuevo presidente, tras la dimisión forzada de Arias Navarro, sorprendió a muchos, ya que era un político que procedía de las filas franquistas (había sido miembro de la Falange) y decepcionó a la oposición, pues pensaba que seguiría la línea continuista de Arias Navarro.

Primeras Medidas Reformistas

Sin embargo, el gobierno de Suárez dio muestras claras y decididas de su afán reformista. El nuevo gobierno concedió una amnistía para 400 presos políticos, reconoció los derechos y libertades fundamentales, la legitimidad de los partidos políticos y de las autonomías históricas, y anunció la convocatoria de elecciones generales antes de un año.

La Ley para la Reforma Política

La Ley para la Reforma Política fue el elemento clave que permitió al Gobierno de Suárez despejar el camino hacia la democracia. Esta ley necesitaba ser aprobada por las Cortes franquistas y por un referéndum; por tanto, era necesario que las Cortes franquistas votaran una ley que acabaría con su existencia. Sin embargo, la aprobaron por mayoría. Posteriormente fue sometida a referéndum popular el 15 de diciembre de 1976, obteniendo una amplia aprobación ciudadana a pesar del boicot de parte de la oposición, que rechazaba la ley por considerarla insuficiente y pidió la abstención, mientras que los conservadores franquistas solicitaron el voto en contra.

Legalización de Partidos y Consenso

Esta nueva ley obligaba al Gobierno a convocar elecciones generales. Sin embargo, antes de ello era necesario legalizar los partidos políticos. Para ello se modificó la Ley de Asociaciones Políticas. No obstante, la legalización del Partido Comunista de España (PCE) quedó aplazada con el pretexto de que pretendían implantar un sistema totalitario subordinado a la URSS y, sobre todo, por la oposición del Ejército.

El temor a un golpe de Estado involucionista, el recuerdo cercano de la Guerra Civil, una clase política más generosa y la ilusión colectiva por tener una democracia plena favorecieron que aquellos años fueran propicios a los acuerdos, a los pactos y a los encuentros, con sus logros y deficiencias. Así, la oposición accedió a renunciar a ciertos aspectos (República como forma de Estado, persecución judicial de los represores del franquismo, reducción de sueldos…). Los comunistas también suavizaron su mensaje para poder ser legalizados, cosa que lograrían en abril de 1977 (el llamado “Sábado Santo Rojo”), dos meses antes de las elecciones. Como protesta, el ministro de Marina dimitió, y aunque hubo descontento entre los altos mandos militares, el rey y Gutiérrez Mellado lograron que se serenaran los ánimos.

Elecciones de 1977

Gracias a este consenso entre oposición y gobierno, se lograron celebrar las elecciones de junio de 1977, donde triunfaron las opciones más moderadas (UCD y PSOE) y fracasaron las más radicales (nostálgicos del franquismo –AP– y comunistas). En vista de los resultados electorales, el rey encomendó a Adolfo Suárez, como líder de la UCD, que formara el primer gobierno democrático.

Los Pactos de la Moncloa (1977)

En octubre de 1977, los partidos políticos con representación parlamentaria, así como representantes de sindicatos y patronal, se reunieron en el Palacio de la Moncloa para llegar a una serie de acuerdos que reflotaran la economía española y que serían conocidos como los Pactos de la Moncloa.

Contexto Económico y Social

Desde 1973, pero especialmente a partir de 1975, la economía española estaba casi bloqueada por el alza de los precios del petróleo, produciéndose un recrudecimiento de los enfrentamientos sociales. La inflación y el paro no dejaban de aumentar y el déficit de la balanza de pagos amenazaba con llevar a la quiebra a la economía española.

Medidas Acordadas

Fue por ello necesario tomar una serie de medidas, tanto de tipo económico como político, reflejadas a través de los Pactos de la Moncloa. Se pretendía crear un Plan de Estabilización para reducir la inflación, acometer la reforma fiscal y de la Hacienda, así como de la Seguridad Social y de la empresa pública. Una de las medidas más impopulares fue la contención salarial (los sueldos subirían conforme a la inflación prevista más un incremento), así como la devaluación de la peseta.

Asimismo, se adoptaron medidas de carácter laboral (reconocimiento del derecho a la libre asociación sindical, se limita el despido libre al 5% en una empresa, al tiempo que se ofrecieron subvenciones a las empresas del 50% de las cotizaciones a la Seguridad Social por los jóvenes y parados contratados); y se crearon nuevas políticas en materia de Educación, urbanismo, suelo y vivienda, agricultura, pesca, comercialización y energía.

También se creó el IRPF (Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas) para construir un estado del bienestar similar al de los estados más avanzados de Europa Occidental y se obtuvieron ciertas libertades políticas como la libertad de prensa, el acceso a la información secreta y la despenalización del adulterio, etc.

Resultados

Los resultados de estos Pactos sólo se cumplirían en parte. Se disminuyó la inflación, aumentaron las reservas de divisas y las empresas empezaron a obtener beneficios, pero algunas de las reformas no se produjeron y el paro siguió creciendo.

El Proceso Preautonómico: Cataluña y País Vasco

Durante los últimos años de la dictadura y los primeros de la Transición, en muchos lugares de España se manifestó un sentimiento anticentralista que obligó al Gobierno a imponerse la reforma administrativa y territorial del país.

Recogiendo el sentir de los nacionalismos catalán y vasco, y mientras se elaboraba la Constitución, gobierno y oposición iniciaron el proceso preautonómico.

Cataluña

Tras el éxito de la Diada en Cataluña el 11 de septiembre de 1977, Suárez pactó con el líder nacionalista Tarradellas su vuelta del exilio y el restablecimiento provisional de la Generalitat por decreto ley. Tarradellas se convertía en el primer presidente de la nueva Generalitat, al tiempo que se trabajaba en un proyecto de estatuto de autonomía.

País Vasco

En el País Vasco, la situación era más complicada por tres cuestiones:

  1. El fuerte peso de un partido claramente nacionalista como es el PNV, con un gran calado social.
  2. La presencia de ETA, que, de un modo u otro, complicaba las negociaciones políticas con el País Vasco por su violencia.
  3. El interés del PNV por integrar a Navarra dentro del País Vasco como la “cuarta provincia” y la negativa de los dirigentes navarros, que preferían una autonomía propia vinculada a sus derechos forales.

Pese a estos obstáculos, se aprobaría en enero de 1978 el Consejo General Vasco y se elaboraría el proyecto de estatuto.

Aprobación de Estatutos

Con la Constitución, ambos estatutos fueron aprobados por las Cortes y refrendados en octubre de 1979 en sus respectivos territorios. En marzo de 1980, Cataluña y País Vasco celebraron sus primeras elecciones autonómicas, y a partir de entonces disfrutaron de autonomía en numerosas competencias, como el resto de las comunidades que se fueron incorporando a este proceso.

La Constitución Española de 1978

La Constitución de 1978 culminó la transición española a la democracia, al menos en el plano jurídico, y fue fruto de un largo y trabajado acuerdo (18 meses de trabajo) entre los distintos grupos políticos.

Proceso de Elaboración

Una vez constituidas las nuevas Cortes, los representantes elegidos decidieron elaborar una nueva Constitución, para lo cual se creó una Comisión formada por representantes de los diferentes grupos parlamentarios que eligieron a 7 miembros (la llamada Ponencia Constitucional) para que elaborase un anteproyecto. Estaba formada por expertos constitucionalistas de los principales partidos con representación parlamentaria: UCD, PSOE, AP (hoy, PP), PCE y Minoría Catalana (CiU). La exclusión del PNV de esta comisión tendría consecuencias, ya que este partido no votaría la Constitución, calificándola como una imposición española y así justificaría sus aspiraciones a la independencia del País Vasco.

Los principales puntos de desacuerdo a la hora de su elaboración estuvieron en los temas de educación, de carácter socioeconómico y, fundamentalmente, en la articulación de un Estado descentralizado, representado por las Comunidades Autónomas (CC. AA.). Este último punto resultaría el más conflictivo a lo largo de la elaboración de la Constitución, optando finalmente por una redacción muy ambigua (que a largo plazo generaría conflictos, tal como demuestran los actuales problemas del Estado Español con Cataluña).

Aprobación y Referéndum

El texto definitivo fue sometido a votación y aprobado por mayoría en el Congreso y el Senado en octubre de 1978. Posteriormente fue sometido a referéndum en diciembre de 1978; aunque en este caso la abstención fue muy alta, los votos emitidos fueron favorables al nuevo texto.

Características Principales

Podemos destacar las siguientes características de la Constitución:

  1. Define a España como un “Estado Social y Democrático de Derecho”.
  2. Establece que la soberanía nacional reside en el pueblo y enumera de forma minuciosa los derechos individuales de los españoles, destacando la mayoría de edad a los 18 años, el derecho a la vida (abolición de la pena de muerte), libertad ideológica, religiosa y de culto, libertad de expresión, derechos de reunión, asociación, manifestación, sindicación y huelga.
  3. Se limita drásticamente las facultades de la Corona, y garantizaba a las Cortes el ejercicio del poder. El rey sólo actuaría como árbitro y moderador; el poder ejecutivo recaería en el gobierno, cuyo presidente sería nombrado por el rey; el poder legislativo en las Cortes; y el poder judicial sería independiente del ejecutivo y el legislativo.
  4. Se reconocen una serie de principios que deben regir la política económica y social del Estado, destacando los siguientes: mantenimiento del pleno empleo, asistencia y prestaciones sociales, protección de la salud pública, protección del medio ambiente, conservación del patrimonio artístico y cultural, y apoyo económico a la tercera edad.
  5. La organización territorial del Estado en Autonomías. El Estado es unitario, con competencias exclusivas en numerosas materias fundamentales (Defensa, Fuerzas Armadas, Justicia, etc.), pero se reconocen las diferentes comunidades históricas de España, a las que se les concede un amplio margen de autonomía, con importantes competencias e incluso la posibilidad de elaborar leyes propias en ámbitos que no son materia del Estado.

Gobiernos de la Democracia (1979-2018): Resumen

Unión de Centro Democrático (UCD)

Las diferencias internas de la UCD dificultaron la labor del gobierno de Suárez. La segunda crisis del petróleo en 1979 repercutió en el aumento del paro, empeorando la situación económica y generando descontento social. Suárez dimitió y fue sustituido por Leopoldo Calvo Sotelo. Durante la investidura de Calvo Sotelo, un grupo de guardias civiles encabezados por Tejero intentó asaltar el Congreso de los Diputados (Golpe de Estado del 23-F), pero fracasó.

Partido Socialista Obrero Español (PSOE)

Las políticas de Felipe González fueron moderadas y, en un principio, se dirigían a consolidar la democracia y afrontar la crisis económica. Se realizó una reconversión industrial, una reforma fiscal y la universalización de la asistencia sanitaria. Destacan entre los acontecimientos la entrada de España en la UE (entonces CEE) en 1986, el referéndum sobre la permanencia en la OTAN (1986), la Exposición Universal de Sevilla y las Olimpiadas de Barcelona, ambas en 1992.

Partido Popular (PP)

La primera victoria del PP de José María Aznar fue reducida, así que tuvo que pactar con nacionalistas. Se aplicó una política privatizadora de las empresas públicas rentables y, como inmediata consecuencia, se logró cumplir los criterios económicos para formar parte del euro. En el 2000 volvió a ganar, pero con mayoría absoluta. En este periodo protagonizó políticas más derechistas. Algunos aspectos importantes son: la privatización de numerosas empresas públicas, la flexibilización del mercado de trabajo, el enfrentamiento con los nacionalistas (especialmente con los vascos) y el apoyo a los Estados Unidos en la guerra de Irak en 2003. Esta última postura hizo bajar el apoyo popular del PP. El 11 de marzo de 2004 se produjeron los atentados terroristas en Madrid obra del integrismo islámico, y tres días más tarde se producía un vuelco electoral que daba la victoria al PSOE de Zapatero.

PSOE con Zapatero

Además de la victoria de 2004, José Luis Rodríguez Zapatero fue reelegido en 2008. Los años de su gobierno se caracterizaron por: la retirada de las tropas de la guerra de Irak, el enfrentamiento con la Iglesia en cuanto a asuntos como el matrimonio homosexual, el aborto o la reforma educativa, el anuncio por parte de ETA de un alto el fuego definitivo y un alto crecimiento económico hasta 2007, basado en la construcción. A partir de 2008, la economía empeoró y el país entró en una profunda crisis económica.

PP con Mariano Rajoy

La crisis hizo que el PP volviera al poder en 2011 con Mariano Rajoy y mayoría absoluta. La crisis continuó y los datos más preocupantes fueron el paro, la deuda pública y privada, así como los problemas de liquidez de los bancos. Las políticas tomadas al respecto se centraron en la reducción de gastos públicos (austeridad). En 2016, tras varias intentonas, Rajoy volvió a salir elegido con mayoría simple, lo que, unido a la aparición de nuevos partidos (Podemos, Ciudadanos…), dificultó el panorama político español. Finalmente, este periodo terminó con una moción de censura contra Mariano Rajoy el 2 de junio de 2018, que invistió a Pedro Sánchez (PSOE) como presidente del Gobierno.

España en Europa y el Mundo (Post-Transición)

La transición a la democracia permitió que España se integrara en las instituciones europeas. Sin embargo, hubo un conflicto respecto a la defensa. La UCD planteó la integración en la OTAN, pero el PSOE se opuso. Aun así, esto no impidió que España formase parte de la Alianza en 1982. El PSOE accedió al gobierno impulsando la candidatura al ingreso en Europa (CEE), mientras intentaba resolver los problemas causados por la unión a la OTAN. Esto finalizó con la firma del tratado de integración de España en la CEE en 1985 (efectiva en 1986) y un referéndum en 1986 que confirmó la permanencia en la OTAN. Los efectos de dicha integración fueron el interés primordial en los asuntos europeos.

Integración Europea

La sociedad acogió con entusiasmo la integración en Europa, valorando positivamente las ventajas derivadas de ella. En cuanto a la economía, la llegada de fondos estructurales contribuyó a financiar el desarrollo español. La opinión española se mostró favorable ante la nueva denominación de la Unión Europea (UE) y la adaptación a la moneda única, el euro (2002). La designación de Javier Solana como Alto Representante de la PESC contribuyó a que los españoles asumieran como propios los asuntos europeos. Iniciado 2008, con la crisis, se incrementó el número de euroescépticos.

Política Exterior

Por otro lado, la pertenencia a la OTAN y a Europa produjo un giro histórico en la acción exterior española durante estos años, resolviendo así su papel en el mundo. A partir de 1986, Felipe González impulsó la política exterior, especialmente con Iberoamérica. En los años 90, España participó en misiones militares para el restablecimiento de la paz. Durante los gobiernos de José María Aznar se incrementó el interés por adherirse a los criterios políticos estadounidenses: tanto en la invasión de Afganistán y la “guerra contra el terrorismo” como en la segunda guerra de Irak en 2003. Otra línea de trabajo fueron los lazos con países americanos de habla hispana. También tuvo gran importancia las relaciones con países del sur del Mediterráneo y los subsaharianos por razones demográficas y de inmigración. Finalmente, en estos dos últimos casos, es de gran importancia la política de cooperación internacional.

Evolución Política Detallada (1979-2000s)

Etapa Unión de Centro Democrático (UCD) (1979-1982)

Tras la aprobación de la Constitución, Suárez disolvió las Cortes y convocó nuevas elecciones generales en marzo de 1979, en las que salió victoriosa la UCD. El PSOE mantenía sus resultados, el PCE mejoraba y AP retrocedía. Como novedad, se puede nombrar el aumento del voto nacionalista a nuevas formaciones.

Las primeras elecciones municipales democráticas se celebraron también en 1979. La mayor abstención fue un indicio de un creciente desencanto. Estas supusieron una nueva victoria de la UCD en número de votos, sin embargo, los resultados cambiaron por el pacto entre PSOE y PCE, que se hicieron con muchas alcaldías de capitales de provincia.

Otro aspecto determinante fue la ofensiva terrorista, relacionada con la política vasca (ETA). El resultado fue una creciente inquietud entre militares que creció hasta finales de 1980 y se agravó con la crisis interna de la UCD.

El partido de Suárez experimentaba desavenencias en su seno que lo debilitaron progresivamente: diferencias ideológicas entre familias, personalismo de dirigentes, malos resultados en elecciones autonómicas. La crisis estalló en enero de 1981, Adolfo Suárez dimitió y lo sustituyó Leopoldo Calvo Sotelo. Antes de su investidura, el 23 de febrero de 1981, algunos militares intentaron un golpe de Estado (23-F) que fracasó, lo que consiguió una prórroga de estabilidad no muy larga para el gobierno.

Socialismo de Felipe González (PSOE) (1982-1996)

En las elecciones de octubre de 1982, el PSOE ganó con una amplia mayoría absoluta (48% de los votos), lo que le permitió gobernar cómodamente hasta 1996, revalidando su victoria progresivamente (aunque perdiendo la mayoría absoluta en 1993). En cambio, la UCD se hundió y desapareció como partido. El PSOE aplicó políticas económicas liberales, como por ejemplo la reconversión industrial, e incluso tuvo que afrontar huelgas generales convocadas por los sindicatos.

Fueron años de estabilidad política, éxito económico (especialmente tras la entrada en la CEE), mejoras sociales (universalización de sanidad y educación) y prestigio internacional (UE, OTAN, Expo 92, Olimpiadas 92).

Gobiernos de José María Aznar (PP) (1996-2004)

Los gobiernos de Aznar impulsaron el crecimiento económico. Su éxito se plasmó en la consecución de la entrada de España en la Unión Monetaria y la implantación del euro al cumplir los criterios de convergencia: disminución del gasto y del déficit público, bajada de la inflación y también del desempleo.

Esto coincidió con una etapa de prosperidad económica internacional. Fue el principal motivo por el que en 2000 el Partido Popular revalidó su mandato con una victoria por mayoría absoluta. Sin embargo, el hecho de que Aznar anunciara que no volvería a presentarse a las elecciones trajo consigo nuevos problemas en su segunda legislatura.

  • En el interior, la política de aislamiento de ETA emprendida por el gobierno (Pacto Antiterrorista) chocó con la oposición de nacionalistas vascos.
  • Otros planes de gobierno como el Plan Hidrológico Nacional o la reforma laboral tuvieron una fuerte contestación social, al igual que la gestión de la marea negra a causa del vertido de petróleo del Prestige.
  • En el exterior, la alineación del gobierno con los Estados Unidos y Reino Unido en la guerra de Irak (2003) a costa de un distanciamiento de la opinión pública, y la oposición aprovechó para realizar una dura campaña contra la acción gubernamental.

Alternancia entre Socialistas y Populares (2004 en adelante)

Tras los atentados del 11-M de 2004 y las elecciones generales tres días después, José Luis Rodríguez Zapatero (PSOE) llegó al gobierno. Sin mayoría absoluta, constituyó el gobierno con el apoyo de otros partidos (excepto el PP). El PP, ahora presidido por Mariano Rajoy, se mantuvo en la oposición. Zapatero y Rajoy se alternarían en el gobierno en las siguientes elecciones.

Esta etapa estuvo caracterizada por una grave crisis económica que se había iniciado en 2008 (originada un año antes a nivel global). En España se manifestó como el estallido de la burbuja inmobiliaria, que terminó por afectar a todos los sectores económicos y tuvo como consecuencia una drástica subida del número de desempleados. Cabe destacar que la crisis de deuda soberana desatada en Grecia hizo tambalear los pilares de la Unión Europea.

España en la Unión Europea: Proceso y Contribuciones

Nota: El texto original menciona el número 153 pero parece ser un texto específico sobre la integración europea, que se reformula y resume aquí.

Adhesión y Primeros Pasos

Las aspiraciones de España por lograr su incorporación a las Comunidades Europeas cobraron impulso con la llegada de la democracia. El Gobierno del presidente Adolfo Suárez solicitó oficialmente la adhesión a la CEE (hoy Unión Europea) el 26 de julio de 1977. Esta aspiración se vio satisfecha ocho años después, el 12 de junio de 1985, con la firma del Tratado de Adhesión en Madrid y la integración efectiva en la Comunidad Económica el 1 de enero de 1986. Desde entonces, la senda de España ha venido jalonada de importantes avances que han redundado en el bienestar de la sociedad española.

Tres años y medio después de su adhesión, en junio de 1989, España incorporó su divisa nacional (peseta) al Mecanismo de Cambios del Sistema Monetario Europeo. Asimismo, España reforzó su apuesta integracionista suscribiendo en junio de 1991 el Acuerdo de Schengen que supuso la eliminación progresiva de los controles en las fronteras entre Estados miembros.

Profundización: Maastricht y el Euro

La firma del Tratado de Maastricht (1992) dotó a la Unión Europea de su denominación actual y del diseño de la hoja de ruta hacia una moneda común. Ese mismo año, durante la Cumbre de Edimburgo, los Estados miembros instauraron el llamado Fondo de Cohesión para proyectos de medio ambiente, infraestructuras de transporte y energía en países con un nivel de renta por debajo del 90% de la media de la UE. Como consecuencia de ello, España obtuvo, junto al resto de los fondos estructurales recibidos, un inestimable apoyo para la revitalización y el desarrollo regional.

En diciembre de 1995, coincidiendo con el final de la segunda Presidencia española de turno de la UE, se acordó en Madrid la denominación de “euro” para la moneda común europea, cuya implantación física se produjo exitosamente a partir de enero de 2002. Este hecho hizo a España partícipe, como miembro fundador, de la nueva divisa europea.

Contribuciones y Papel Activo

España ha desarrollado un papel activo en la construcción del proyecto europeo, implicándose en la negociación de los tratados de Ámsterdam (1997), Niza (2001), el fallido Tratado Constitucional (2004) y Lisboa (2009). Del mismo modo, ha venido contribuyendo al desarrollo de políticas con aportaciones sostenidas en ámbitos tan diversos como ciudadanía, política de cohesión, diversidad cultural y lingüística, cooperación judicial o lucha contra el terrorismo, así como llevando su impronta a las relaciones exteriores, especialmente en lo referente a la política orientada hacia Latinoamérica y la ribera sur del Mediterráneo.

España ha desempeñado la Presidencia de turno semestral del Consejo en cuatro ocasiones: 1989, 1995, 2002 y 2010. El compromiso de España con el proceso de construcción europea ha sido siempre muy intenso.

La implicación de nuestro país se ha evidenciado igualmente en la notable labor gestora de los numerosos españoles que han ocupado altos cargos en las instituciones europeas. El Parlamento Europeo ha sido presidido por españoles en tres ocasiones: Enrique Barón, José María Gil-Robles y Josep Borrell. Por su parte, Javier Solana desempeñó durante una década el cargo de Alto Representante de la Política Exterior y de Seguridad Común (PESC). Asimismo, la Comisión Europea ha contado con la presencia destacada de españoles como comisarios europeos: Marcelino Oreja, Pedro Solbes, Loyola de Palacio, Abel Matutes, Manuel Marín, Joaquín Almunia y Miguel Arias Cañete.

La Unión Europea es el marco natural de desarrollo político y económico de nuestro país, y es por ello que España asume sus responsabilidades impulsando una Unión más eficaz, más democrática y más próxima a los ciudadanos.