Energía e Industria en España: Evolución, Políticas y Repercusiones

Sector Secundario: La Producción de Energía

Las fuentes de energía: definición y tipos

En España, las fuentes de energía se dividen en primarias (directamente de la naturaleza) y secundarias (derivadas de la conversión de las primarias). Desde los años 60, el consumo energético ha estado dominado por el petróleo, aunque la producción ha pasado del carbón y la energía nuclear a las renovables. El país sigue siendo dependiente de las importaciones energéticas, aunque desde 2005 la eficiencia energética y el uso de energías renovables han mejorado la situación.

Las fuentes no renovables incluyen carbón, petróleo, gas natural y energía nuclear. El carbón ha perdido importancia debido a su impacto ambiental y baja competitividad. El petróleo sigue siendo la principal fuente de consumo, aunque se espera su reducción por el auge de los biocombustibles y el coche eléctrico. El gas natural ha crecido por su menor contaminación, pero su demanda podría disminuir debido a restricciones europeas. La energía nuclear enfrenta un futuro incierto por sus riesgos y residuos radiactivos.

Las fuentes renovables incluyen hidráulica, eólica, solar, biomasa, geotérmica y marina. La hidráulica depende de la disponibilidad de agua, mientras que la eólica y solar han experimentado un gran crecimiento. La biomasa permite generar electricidad y biocombustibles, y la geotérmica tiene un uso limitado en España, principalmente en Canarias. La energía marina, aunque incipiente, ya cuenta con proyectos que aprovechan la fuerza de las olas y mareas.

El futuro energético de España se orienta hacia un mayor uso de las renovables, con el objetivo de reducir emisiones y dependencia externa. La energía final, derivada de la transformación de fuentes primarias, se utiliza en sectores como el transporte, la industria y los hogares, y su consumo depende de factores como la población, el equipamiento industrial y las medidas de eficiencia energética.

Evolución histórica de los distintos tipos de fuentes de energía

La evolución de las fuentes de energía ha estado marcada por avances tecnológicos, cambios económicos y necesidades sociales.

Hasta el siglo XIX, la energía provenía de fuentes renovables como la biomasa, la hidráulica y la eólica, aunque su eficiencia era baja. Con la Revolución Industrial, el carbón se convirtió en la principal fuente energética, impulsando la industria y el transporte, con importantes cuencas mineras en España (Asturias, León y Teruel).

A finales del siglo XIX, la electricidad comenzó a expandirse gracias a centrales hidroeléctricas y térmicas. Durante el siglo XX, el petróleo se volvió la fuente dominante. Sin embargo, España dependía de importaciones, lo que la hizo vulnerable a crisis como la de 1973.

En los años 60 y 70 se impulsó la energía nuclear, construyendo centrales como Zorita, Garoña y Almaraz. Sin embargo, el accidente de Chernóbil en 1986 frenó su desarrollo y llevó al cierre de varias plantas en décadas posteriores.

En los años 80 y 90, la crisis del petróleo motivó la diversificación energética, promoviendo el gas natural con gasoductos desde Argelia y fomentando las energías renovables. A partir del 2000, España se convirtió en referente en energía eólica y solar.

Actualmente, España está en plena transición energética, reduciendo el uso de carbón y nuclear y aumentando la producción renovable. La descarbonización y la lucha contra el cambio climático han impulsado el desarrollo del hidrógeno verde y nuevas tecnologías para mejorar la eficiencia energética.

Medidas políticas de España y Europa en relación a la producción y el uso de la energía

Las políticas energéticas en España y Europa han evolucionado para garantizar la seguridad energética, mejorar la eficiencia y reducir el impacto ambiental, alineándose con las directrices de la UE para cumplir con los compromisos climáticos.

Medidas en relación con la producción de energía

  • En Europa: Se prioriza la descarbonización y el aumento de energías renovables. El Pacto Verde Europeo y el paquete Fit for 55 establecen objetivos para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero. La Estrategia de Seguridad Energética fomenta la diversificación de fuentes y proveedores.

  • En España: Se ha comprometido a cerrar centrales de carbón y aumentar la producción renovable al 74% en generación eléctrica para 2030. El Plan Nacional Integrado de Energía y Clima (PNIEC) marca la hoja de ruta. Se impulsa la inversión en autoconsumo y grandes proyectos renovables, además de fomentar la investigación en nuevas tecnologías.

Medidas en relación con el uso de la energía

  • En Europa: Se promueve la eficiencia energética en edificios y transporte con la Directiva de Eficiencia Energética, buscando una reducción del consumo del 39,5% para 2030. Se fomenta la electrificación del transporte y el desarrollo de redes inteligentes.

  • En España: Se apuesta por la rehabilitación de edificios, la digitalización de la red y el impulso de los vehículos eléctricos. También se desarrollan programas para combatir la pobreza energética y mitigar el impacto social del cierre de industrias energéticas.

España y Europa trabajan hacia una transición energética justa, minimizando el impacto social y ambiental, mientras buscan reducir la dependencia de combustibles fósiles y mejorar la sostenibilidad.


Sector Secundario: La Industria en España

Evolución histórica de la industria en España

La industrialización en España fue tardía y lenta en comparación con otros países europeos. No comenzó a consolidarse hasta 1855 debido a la escasez de materias primas, falta de inversión y mercado interno reducido. Además, el atraso tecnológico y el proteccionismo limitaron su crecimiento.

Entre 1900 y 1936, la industria creció con la sustitución del carbón importado por carbón nacional y la repatriación de capital tras la pérdida de las colonias en 1898. La Segunda Revolución Industrial introdujo hidrocarburos y electricidad, impulsando la modernización. Sin embargo, la Guerra Civil (1936-1939) interrumpió este desarrollo, y la autarquía franquista (1939-1959) agravó la crisis industrial por la falta de recursos y capital.

El desarrollismo económico (1960-1975) trajo un gran crecimiento gracias a la liberalización económica. La inversión industrial aumentó con la llegada de multinacionales, el auge del turismo y las remesas de emigrantes. Se implementaron planes de desarrollo estatal y se incorporaron nuevas tecnologías.

Factores favorables fueron la demanda de productos industriales, mejoras técnicas, bajo coste energético y apoyo estatal. En cuanto a sectores, el siglo XIX estuvo dominado por el textil y la siderurgia, mientras que en el siglo XX se diversifica con la petroquímica, electricidad y automoción.

A pesar del crecimiento en empleo y economía, la industria española mantuvo un atraso tecnológico y una alta dependencia externa en materias primas, tecnología y capital. La concentración industrial se dio en el litoral cantábrico, el Mediterráneo y Madrid, mientras que otras regiones quedaron rezagadas.

España pasó del proteccionismo a una intervención estatal fuerte, con el Instituto Nacional de Industria (INI) y los Planes de Desarrollo en los años 60. Sin embargo, la crisis de 1973 evidenció la vulnerabilidad de la industria española. Sus causas fueron la carestía energética, la Tercera Revolución Industrial, la globalización y deficiencias estructurales. Las consecuencias fueron caída del beneficio, endeudamiento, aumento del paro, malestar social y descenso de la producción industrial.

La actividad industrial en España en la actualidad

La industria española ha atravesado diversas fases desde 1990, con periodos de expansión (1990-2007) y crisis (2008-2013). A partir de 2014, la economía comenzó a recuperarse, pero la dependencia del comercio exterior la hace vulnerable a fluctuaciones globales. España enfrenta desafíos en la adaptación a la globalización y la Cuarta Revolución Industrial, impulsada por tecnologías como la inteligencia artificial, el Internet de las Cosas y la robótica colaborativa. La política sectorial promueve la reindustrialización mediante ayudas a la inversión, como el programa REINDUS, que busca regenerar el tejido industrial en regiones afectadas por la deslocalización. Las Zonas de Urgente Reindustrialización (ZUR) y las Zonas Industrializadas en Declive (ZID) han sido clave en el crecimiento de la inversión y diversificación industrial. Entre 1991 y 2007, la economía española experimentó un boom inmobiliario, pero la crisis mundial entre 2008-2013 afectó la financiación empresarial y redujo la producción. La recuperación a partir de 2014 estuvo impulsada por el aumento de las exportaciones. La pandemia de COVID-19 en 2020 provocó un estancamiento económico global. Las innovaciones de la industria 4.0, como la automatización, la impresión 3D y la inteligencia artificial, han transformado la producción. Los observatorios industriales sectoriales analizan la competitividad y sugieren medidas para mejorarla, especialmente en sectores maduros como la metalurgia, la textil y la construcción naval, que requieren modernización tecnológica. Los sectores dinámicos, como el transporte, la química y la alimentación, y los sectores de alta tecnología, como los productos farmacéuticos y la robótica, requieren mayor inversión en I+D. A pesar de los esfuerzos por promover la reindustrialización, el sector industrial pierde empleos debido a la deslocalización y la terciarización económica. La política empresarial impulsa el emprendimiento, el empleo autónomo y la creación de empresas. Además, hay un cambio en la estructura laboral, con una mayor demanda de trabajadores cualificados. Las pymes, apoyadas por redes de Business Angels y clústeres industriales, juegan un papel crucial en la competitividad. Las grandes empresas reciben apoyo para fomentar fusiones y alianzas, mientras que la inversión en I+D es insuficiente.

La internacionalización de la industria española sigue siendo limitada debido a la pequeña escala de las empresas. La localización de la industria ha cambiado, siendo la proximidad a la mano de obra y la tecnología más relevante que las materias primas. La deslocalización hacia periféricos y la concentración en espacios centrales genera desequilibrios en ocupación, tecnología y calidad del empleo. La política para corregir estos desequilibrios promueve la industrialización endógena y la cooperación entre empresas y administraciones regionales.

Repercusiones en el medio ambiente

La industria en España tiene un gran impacto ambiental debido a sus procesos productivos y el consumo de recursos. Uno de los principales problemas es la contaminación del aire por gases como el SO₂ y los NOₓ, provenientes de industrias químicas y energéticas, lo que contribuye al cambio climático y la lluvia ácida. La contaminación hídrica es otro desafío, ya que muchas fábricas vierten residuos en ríos y mares, afectando los ecosistemas acuáticos. Además, el alto consumo de agua en sectores como el siderúrgico y energético agrava la escasez en zonas con estrés hídrico. El suelo también sufre contaminación por vertidos tóxicos, dificultando la agricultura y el desarrollo urbano. La expansión industrial provoca pérdida de biodiversidad al fragmentar hábitats naturales.

Para mitigar estos impactos, España fomenta la reindustrialización sostenible con programas como REINDUS, que modernizan las industrias y mejoran su eficiencia. La digitalización y la industria 4.0 buscan reducir la contaminación y aumentar la competitividad.

Además, se protege el patrimonio industrial como testimonio de la actividad previa a la Tercera Revolución Industrial. Desde el 2000, un plan nacional impulsa la conservación y reutilización de edificios industriales para el desarrollo local.


1. Ganadería:

  • Noroeste (Galicia, Asturias, Cantabria, Castilla y León): Predomina la ganadería bovina para la producción de leche y carne, con un modelo extensivo en zonas montañosas.
  • Centro (Castilla-La Mancha, Extremadura, Madrid): Se centra en la cría de ovejas y cabras para la producción de carne y queso, destacando el cordero manchego y el jamón ibérico.
  • Noreste (Cataluña, Aragón, La Rioja, Navarra): Destacan las granjas de porcino e industria cárnica, así como la ganadería bovina en los Pirineos.
  • Sur (Andalucía, Murcia, Comunidad Valenciana): Predomina la ganadería ovina y caprina en zonas áridas y la avicultura en zonas más productivas.
  • Islas Baleares y Canarias: Ganadería caprina y ovina adaptada a su clima seco, con producción de quesos artesanales.

2. Pesca:

  • Atlántico (Galicia, Cantabria, Asturias, País Vasco): Las comunidades con mayor actividad pesquera, centradas en capturas de especies como merluza, pulpo y atún. Galicia destaca por su potente industria conservera.
  • Mediterráneo (Cataluña, Comunidad Valenciana, Murcia, Andalucía, Baleares): Pesca de bajura con especies como la gamba, el boquerón y la sardina.
  • Canarias: Pesca artesanal de especies como la vieja o el atún, con un papel relevante en la pesca de altura.

3. Industria:

  • Cataluña y País Vasco: Son las regiones industriales más importantes, con sectores como la automoción, la siderurgia y la industria química.
  • Madrid: Centro financiero e industrial con fuerte presencia de tecnología, telecomunicaciones y producción audiovisual.
  • Comunidad Valenciana y Murcia: Industria agroalimentaria y del mueble, además de un sector cerámico destacado en Castellón.
  • Galicia, Asturias y Cantabria: Industria naval, metalurgia y energía (térmica e hidroeléctrica).
  • Castilla y León, Aragón y La Rioja: Industria agroalimentaria y automoción.
  • Andalucía y Extremadura: Industria agrícola y agroalimentaria, con un crecimiento del sector aeronáutico en Sevilla y Cádiz.